CRECIMIENTO INVISIBLE, CAÍDA EVIDENTE

EDITORIAL Por
Tener enfrente, en forma simultánea, a camioneros y grandes industriales no augura tiempos calmos. Los supermercadistas vienen perdiendo desde la asunción de Cambiemos. Si no se revierte la situación comenzarán los despidos. Los capitostes de la UIA se reúnen con Peña y Cabrera, enojados por el destrato y la avalancha importadora
MACRI UIA CAMIONEROS

Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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En columnas anteriores nos referimos a un efecto que atenuaba la realidad: el endeudamiento de las familias. Del mismo modo que el inédito lanzamiento de bonos externos puede dar un barniz de normalidad a la vida del ciudadano que no alcanza a informarse sobre las cuentas públicas, los créditos tomados por los particulares pueden hacer pensar que -con sus altibajos- la existencia cotidiana es más o menos lo mismo que antes.

Obviamente, no hay magia. Es simplemente patear el problema para adelante, con un futuro que mostrará su peor rostro. Los argentinos van viendo reducidos sus ingresos y a su magro salario habrá que restarle las cuotas indexadas de sus créditos.

Los supermercadistas, con toda probabilidad, habrán votado por Macri, a pesar de que haber obtenido jugosas utilidades durante todos los años del kirchnerismo. Pero desde la asunción de Cambiemos las ventas no dejan de descender. Y mucho.

Pablo Wende, en un artículo publicado en Infobae, cita las principales razones de la pérdida de rentabilidad de esas empresas, antaño prósperas, como puede apreciarse por la apertura de nuevas tiendas después de la crisis del 2001:

Caída del consumo, desplazamiento de compras hacia tiendas de proximidad o negocios mayoristas, incremento de las ventas online y desvío obligado de recursos para pagar las cuotas de los créditos.

El consumo cae porque el sueldo ya no alcanza: sea por la exagerada suba en el precio de los servicios, los medicamentos, los peajes o las naftas, que son los ítems que más impactan, o por los aumentos constantes de los alimentos y artículos de uso cotidiano, las visitas a los supermercados se hacen más espaciadas. Se vive al día y las compras se derivan hacia los negocios del barrio. Es más caro comprar en ellos, pero no se gasta en transporte y también se evitan las compras superfluas a las que las grandes superficies inducen. Las compras on line constituyen un factor menor, ya que la mayoría de las megatiendas ofrecen esa modalidad.

La pérdida de rentabilidad de los supermercados muestra un panorama que no se compadece con el optimismo de los funcionarios en cuanto a la marcha de la economía, pero además pone en riesgo miles de puestos de trabajo. Si los empresarios del rubro se cansan de esperar la luz al final del túnel, comenzarán a reestructurar sus negocios y eso implicaría miles de despidos.

Ellos consideran que los salarios de sus trabajadores son muy altos, a pesar del recorte que implica el ajuste pactado en la paritaria. Pero los conductores de la economía no terminan de entender que si no hay ventas no hay nada, y que si hay ventas se pueden pagar buenos salarios.

En su huida hacia adelante, el gobierno, a través de su ministro de producción, lanzó munición gruesa contra los industriales. Francisco Cabrera los acusó de llorones que no invierten y no son competitivos. Y para seguir echando leña al fuego, el mismo presidente avaló explícitamente a su funcionario.

Donde peor cayeron esas expresiones fue en Arcor. Jairo Straccia, de Perfil, pone en boca de fuentes cercanas a Luis Pagani, titular de la empresa una contundente expresión: protección. “¿Nos dicen a nosotros que seamos competitivos, que le vendemos a 127 países?”.

La piedra de la discordia tiene que ver con la apertura indiscriminada a la importación de tomate en lata. En 2017 llegaron del exterior 26 millones de latas de tomate italianas.

Al momento de escribirse esta nota, los miembros de la Unión Industrial Argentina se reunían con el Jefe de Gabinete Marcos Peña y el ministro Cabrera. Habrá bastante para comentar luego del cónclave.

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