Muchas veces Rafaela queda en Polonia, de tanto darle flores tal vez el chancho mejore

EDITORIAL Por
El flagelo de la xenofobia está presente en Rafaela, y muchas veces nuestra distancia con Polonia se hace ínfima. Sucesos internacionales y nacionales deben ser discutidos en la ciudad para replicar lo bueno y evitar lo incorrecto
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"¿Qué tiene que ver Rafaela con Polonia?, a mi me interesa solo lo que pasa en Rafaela", rebuznabaron algunas mentes estrechas a lo largo de este fin de semana. La parábola de "Rafaela isla" queda chica cuando algunos burdos filósofos de facebook pretenden convertir a la ciudad en un raviol adentro de un termo. 

Pero a la impunidad del anonimato en redes sociales estamos acostumbrados, lo más sorprendente resultó ser la bajeza de pseudo políticos baratos, que terminaron convirtiendo un hecho destacable, que elevó por un momento el nivel de discusión, en una de las peores campañas sucias. 

En breve repaso de lo acontecido cabe recordar que, una ONG afín al gobierno de Polonia, negador del colaboracionismo polaco durante el holocausto, denunció a un periodista argentino (si, dije argentino, no transnistrio), Federico Pavlovsky, por relatar lo acontecido en la masacre de Jedwabne. De ahí a que le pase a un periodista rafaelino hay 536 km, un paso. 

No solo con este hecho Rafaela quedó a corta distancia de Polonia por hecho ajeno, sino que muchas veces Rafaela queda en Polonia misma, in situ, por culpa propia. Basta percatarse de las abundantes y tristes muestras de discriminación, xenofobia, misoginia, etc, etc, etc, que se suceden a diario en la perla del oeste, cuestión que se exacerba en sus redes sociales.

¿Quién no escuchó en una famosa panadería de la ciudad a la cajera diciendo cada mañana "estos bolivianos de mierda siempre vienen con plata grande y les tengo que dar todo el cambio. ¡Hacen todos lo mismo, eh!"?. ¿Qué tendrá que ver que sean bolivianos?, ¿vos nunca fuiste a comprar una barrita de cereal con uno de 100?

O a los comerciantes NYC hablando pestes de los supermercados chinos. "Desconectan las heladeras", "venden todo vencido", "venden carne de perro". ¿La conoces a esa del comerciante NYC que cagó al chino con una jugarreta de lo más despreciable?, seguro que sí, la sabe medio Rafaela. Y todavía hay salames que te dicen, "esta bien, es chino, que se vuelva a su país".

La cosa no es privativa de los extranjeros. Resulta gracioso ver a monotributistas de guante blanco exigiendo a los lavacoches facturar. Por favor muchachos, sean ecuánimes. 

Probablemente pocos se hayan percatado de la ocasión en que Rafaela se convirtió en la capital de Polonia. "Afortunadamente" fui testigo. En las elecciones presidenciales de 2015, actuando como fiscal general de UCR ingresé a un centro de votación para reponer boletas, cuando pude "apreciar" que omnipresente, ante mis ojos, en una de las aulas se erigía una cartulina que rezaba "LOS JUDÍOS MATARON A JESÚS".

Sucesos de esta calaña no me han sido esquivos, los primeros dolieron más, los últimos me causaron gracia. En ese momento me dio por reír y pensar "¿cómo justo a estos profesores se les puede pasar por alto Nostra Aetate?, después se la tiran de cristianos". No voy a dar nombres de escuelas, la costumbre me llevó a darle poca relevancia en su momento y carezco de pruebas, al que le quepa el saco que se lo ponga.

Tenemos mucho que aprender como sociedad de esta resolución, apoyada por todos los Concejales, que deberían salir a respaldar a su compañero y evitar que Rafaela vuelva a quedar en Polonia.

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