Los empresarios, bajo la lupa de Mauricio Macri: chicanas, enojos y su nuevo preferido

POLÍTICA Por
El Presidente cree que algunos se niegan a competir. En cambio, elogia al creador de Mercado Libre
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No hace tanto, un rumor recorría y tal vez emanaba del propio Gabinete: la versión alertaba que Francisco Cabrera iba a ser el próximo funcionario en dejar su cargo. El ministro de Producción decidió cortar camino.

-Mauricio, están diciendo que me voy, consultó a Macri.

Al Presidente no le gusta responder ese tipo de cuestiones, a veces incluso se altera. Quienes tuvieron la posibilidad de trabajar con él en la experiencia previa en la Ciudad, como Cabrera -que además es su amigo-, lo saben. Pero se ve que la versión circulaba fuerte en la Casa Rosada y el ministro no toleró la duda.

-Eso te pasa por leer los diarios, Pancho, le respondió el primer mandatario.

Varios meses después, súbitamente, el ministro se convirtió (aunque más no sea por un puñado de días) en la estrella del Gabinete. Delante de sus principales funcionarios, Macri lo felicitó por haber llamado “llorones” a los empresarios. Al Presidente le agrada, de tanto en tanto, que alguien se salga del libreto y diga lo que él mismo piensa y no puede decir.

Hay más ejemplos. Podría dar fe Laura Alonso, la actual titular de la Oficina Anticorrupción, que en sus tiempos de diputada mantenía duras batallas dialécticas con sus pares de La Cámpora. El día que Andrés Larroque la llamó “atorranta”, Alonso replicó: “Parate cobarde, parate cagón, decímelo de vuelta”. Macri era jefe de Gobierno y la llamó para felicitarla, cuando en su mismo bloque más de uno la cuestionaba. Ahora hizo lo mismo con Cabrera. Apenas terminó su entrevista con Marcelo Bonelli por radio Mitre, le mandó un mensaje a su celular.

A ese primer contacto siguieron otros. Claro, no tan festivos. Los integrantes de la Unión Industrial Argentina pusieron el grito en el cielo. No tardaron en salir a castigarlo en público, pero las críticas son aun más duras en privado. “Salvo Macri, este Gobierno no entiende cómo funciona la industria”, dice por estas horas un importante directivo de la UIA. No es que estén en las antípodas de su política económica, pero advierten que una cosa es el largo plazo y otra el “mientras tanto”, al decir de un importante empresario del sector alimenticio. El empresario asegura que en los dos años de administración macrista perdieron 68 mil empleos.

Al único que parecen respetar del todo como interlocutor es a Martín Etchegoyen, el actual secretario de Industria, a quien conocen de cuando compartía con ellos la UIA. Pero ocurre que, cuando estalló la batalla en los medios, Etchegoyen estaba de vacaciones. En el Gobierno acostumbran decir que no es cuestión de quién habla con quién. “Las diferencias no pasan por los interlocutores. Lo que sucede es que a esta gente le conocemos todos los trucos. Especialmente Mauricio. A él no pueden engañarlo porque convivió con ellos toda su vida”, se decía el viernes en Olivos en una conversación entre dos ministros.

El malestar de Macri con uno de los sectores más efervescentes de lo que él llama el círculo rojo no es nuevo. Pero ciertamente ha ido en aumento. El Presidente les reclama varias cosas, aunque sus asesores dicen tener claro cuál es el corazón de su disgusto: no ve que los hombres de negocios estén dispuestos a abrirse a la libre competencia.

“Ni interna ni externa”, aseguran. Macri procura que los empresarios no sólo se sienten a la mesa para discutir la rentabilidad ni que dependan de los contratos con el Estado para hacer buenos negocios. En la Casa Rosada piensan que esa línea que bajan genera pánico en muchos.

Bajo ese clima de cierta desconfianza, este lunes se sentarán en una misma mesa el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el propio Cabrera. Por la UIA irán su presidente, Miguel Acevedo; Luis Betnaza, de Techint, y el abogado laboralista Daniel Funes de Rioja (ver página 3). Al revés de lo que se dijo, no fue una reunión convocada por el Gobierno. “La pidieron ellos y por supuesto nosotros aceptamos”, aseguran en el Ministerio de la Producción.

Mitad en serio y mitad en broma, Acevedo avisó el fin de semana: “Yo voy a ir con un paquete de pañuelitos carilina”. Aquello de “llorones” parece una frase destinada a no pasar rápidamente al olvido por más que este lunes las fotos seguramente los muestre sonrientes.

Macri les encargó a sus ministros que “vayan a escuchar”. Llegado el caso, los funcionarios tendrán que desplegar su agenda y eso, dicen, pasa por discutir los costos laborales, la logística, la defensa de la competencia, la agenda tributaria y la necesidad de desburocratizar trámites.

“A veces nos preguntan qué tienen que hacer. El Estado no está para decírselos. De ahí que apelamos a la figura de Moreno”, sostienen en el Gobierno. Ponen como ejemplo la obra pública. En la licitación de construcción de alguna ruta hubo más de 50 propuestas. “Hacia ahí vamos, a que cualquier se pueda presentar”, aseguran.

Mitad en serio y mitad en broma, Acevedo avisó el fin de semana: “Yo voy a ir con un paquete de pañuelitos carilina”. Aquello de “llorones” parece una frase destinada a no pasar rápidamente al olvido por más que este lunes las fotos seguramente los muestre sonrientes.

Macri les encargó a sus ministros que “vayan a escuchar”. Llegado el caso, los funcionarios tendrán que desplegar su agenda y eso, dicen, pasa por discutir los costos laborales, la logística, la defensa de la competencia, la agenda tributaria y la necesidad de desburocratizar trámites.

“A veces nos preguntan qué tienen que hacer. El Estado no está para decírselos. De ahí que apelamos a la figura de Moreno”, sostienen en el Gobierno. Ponen como ejemplo la obra pública. En la licitación de construcción de alguna ruta hubo más de 50 propuestas. “Hacia ahí vamos, a que cualquier se pueda presentar”, aseguran.

Fuente: Clarín

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