¿HUYENDO HACIA ADELANTE?

EDITORIAL Por
Las malas noticias en el orden de la economía -y no solamente allí- tienen en jaque al gobierno. Créditos en la picota. Los empresarios ¿un nuevo enemigo? Consumo en baja
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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El dólar sigue aumentando, aparentemente sin alarmar demasiado a las autoridades. Por una parte esto descomprime la situación del sector agrario exportador, que ahora está recibiendo mejor tipo de cambio, además del aumento de precios internacional de la soja, derivada de la disminución de las cosechas. Claro, simultáneamente la actividad está castigada por la misma situación climática que provoca esa alza.

De todos modos, al cierre de las operaciones del miércoles, el Banco Central salió a vender divisas para contener una disparada en exceso. US$ 20 millones se destinaron a morigerar la suba, y la cotización de la moneda estadounidense alcanzó a 20,69 pesos, elevándose en 9 centavos. Estas divisas se suman -en la semana- a los 30 millones de dólares lanzados al mercado con el fin señalado.

Ya está ampliamente comprobado que la economía argentina está dolarizada, y a la par de la marcha del dólar los harán los precios internos. Y en ese aspecto el gobierno se encuentra en un serio brete: ya nadie cree en la meta del 15% para el año en curso. La cláusula gatillo -

donde la hubiera- se disparará más temprano que lo previsto y habrá mucho malestar en los trabajadores de los gremios que pactaron por debajo de esa cifra y aquellos que firmaron obviando los reajustes.

Alguna vez alertamos en esta columna acerca de los problemas que ya están aquejando, y prometen agravarse, a los tomadores de préstamos hipotecarios indexados. Es una situación que preocupa al gobierno y a la sociedad, porque una explosión de morosidad en los pagos de las cuotas es grave, como ya se sabe por la experiencia reciente de los Estados Unidos y muchas otras en el mundo.

Fondo compensador

Esta peligro llevó al oficialismo a dar una suerte de luz verde a la presentación del proyecto del diputado Marco Lavagna, quien propone una forma de atenuar la repercusión de indexaciones que resulten en la imposibilidad de hacer frente a las mensualidades de esos créditos.

Por un lado, el sistema que propone Lavagna tiende a establecer un fondo compensador, para atenuar la carga de la cuota cuando esta se eleva por la inflación y el reajuste salarial todavía está lejos. Al darse la situación inversa, esto es cuando el salario aumentó y es más fácil afrontar la cuota indexada -el diputado asume que eso ocurriría- los bancos aportarían al fondo.

En otras palabras, se trata de una forma de aplanar la curva, trasladando fondos de las épocas buenas a las malas. Se asume que el costo que este sistema implica para los bancos será aceptado por éstos, a cambio del beneficio de disminuir la morosidad. Una especie de garantía de cobro.

Sin embargo, Lavagna -atajándose por una posible falencia de ese fondo- propone destinar el 10% de las ganancias del Banco Central a ayudar a sostenerlo.

Para el BCRA la situación no cambiaría, ya que no se trata de una nueva imposición sino que sería un simple cambio de destino, dado que actualmente el porcentaje señalado se transfiere a las arcas públicas.

Clamor por “no darle a quien no merece”

Frente a la posibilidad de este aporte, ya se levantan voces de protesta entre los enemigos del subsidio. Es que con la modificación referida, el dinero iría a parar a mano de los deudores comprometidos, algo que en la concepción liberal significa que nuevamente que toda la sociedad tendrá que aportar. “El que no se endeudó se embromó” calificó un periodista de un medio radial que se caracteriza por su orientación liberal. La tradicional concepción de que aquél que se mide en los gastos y se afana en aumentar sus ingresos, de modo de gozar de una economía personal sólida, tiene que pagar los platos rotos de aquél que gastó de más y se preocupó y se ocupó de menos.

El tema viene a echar leña a la hoguera que está iniciando el sector ultraliberal, cuyos economistas más destacados ya hablan prácticamente de la inevitabilidad de un nuevo corralito, atendiendo al fracaso del gobierno en contener tanto la inflación como el déficit fiscal, así como poner un freno al endeudamiento, cuyos intereses se acumulan.

“Cuando se acaban los enemigos vigentes, se buscan otros nuevos” explica Felipe Solá en relación a las críticas dirigidas a los empresarios por el ministro Cabrera, elogiadas por el titular del ejecutivo.

El presidente, además de alabar a su funcionario, se quejó de que los industriales se visten con los mejores trajes importados mientras aquí protestan por la apertura comercial a los productos del exterior y alertan sobre la desocupación que ella produce.

En tanto, las noticias del ámbito económico no alientan para nada el optimismo. El uso de la capacidad instalada fue de 61,6% en enero, muy baja y considerablemente inferior a los últimos meses del 2015.

La exportación del agro, por la sequía, restará algo así como 4.500 millones de dólares a la balanza comercial, que ya tuvo un rojo 8.471 millones en 2017.

La venta en hipermercados cayó 6% en febrero; para el Fondo Monetario Internacional, las proyecciones del gobierno en cuanto a las cuentas del fisco no se cumplirán: el déficit primario no variará demasiado en los próximos años respecto de las previsiones de los funcionarios del área económica, pero el peso de la deuda externa se hará sentir con fuerza a partir de 2020.

Hay más, pero basta de malas noticias. El segundo semestre se acerca ¿aparecerán los brotes verdes? ¿se verá la luz al final del túnel? Hay que esperar esas respuestas, aunque la impaciencia aumenta.

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