A PROPOSITO DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Reflexiones en torno a una fecha de inmenso significado en la vida de todos los habitantes del mundo
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Hoy, pensando qué quiero escribir para hacer alusión al Día Internacional de la Mujer, sin caer en lugares comunes, aunque adelanto que no voy a poder eludir aspectos que considero, al igual que muchos, fundamentales y trascendentes para reflexionar sobre lo que hoy está conmemorando el mundo entero, me vino a la memoria un recuerdo de mi más tierna infancia: habíamos ido con mi madre y mi hermano que me sigue en edad a visitar a mis abuelos. El viaje lo realizamos en colectivo, pero para regresar a la casa dónde vivíamos, como ya era bastante tarde, mi madre decidió que sería más seguro hacerlo en un taxi. Aunque me estoy remontando a más de 50 años atrás, la inseguridad ya era un tema a sopesar, y la poca iluminación de algunos barios cordobeses era un motivo de temor para una mujer con dos hijos pequeños. Pero, lo de la inseguridad es sólo para ubicar al lector en tiempo y lugar. Volviendo al tema del taxi, recuerdo perfectamente que nos ubicamos sobre la vereda, esperando que pasara uno que estuviera libre. De repente se vio un taxi con la “banderita” iluminada. Mi madre procedió a hacerle la correspondiente seña para que se detuviera, pero cuando el vehículo se acercó comprobó que lo manejaba una mujer e, instintivamente creo yo, realizó otra seña para que siguiera de largo, por que, en aquella época, casi no se veían mujeres al volante, y mucho menos mujeres que se dedicaran a un trabajo típicamente masculino, como era en aquél entonces ser chofer de taxi. El hecho es que el susodicho vehículo de alquiler continuó su marcha y nosotros esperando que volviera a aparecer otro que, a criterio de mi madre, sea “confiable” para llevarnos, sanos y salvos, a nuestro hogar. No recuerdo cuánto tiempo debimos seguir aguardando, pero puedo recordar a mi madre, nuevamente, con la típica seña de manos para que otro taxi que circulaba se detuviera a recogernos. Esta vez, quien lo conducía era un chofer de sexo masculino. El auto se detuvo y los tres nos introdujimos en el asiento de atrás. Mi madre le dio al chofer la indicación de la dirección a dónde nos dirigíamos, y el taxi arrancó. No habremos transitado más de dos cuadras cuando, de repente, el conductor encendió un cigarrillo. Como mi madre estaba embarazada de mi hermano más pequeño, con una ya muy notoria panza, le solicitó al chofer que apagara el cigarrillo puesto que el olor a tabaco, en el estado en que se encontraba, le producía nauseas. Como dije, este relato tiene más de medio siglo, y hace 50 años no existía ningún tipo de norma legal que prohibiera fumar dentro de lugares públicos y, mucho menos, en el interior de algún tipo de transporte de pasajeros. Volviendo al relato, lo cierto es que, ante semejante pedido, sin mediar ningún tipo de palabra, el chofer disminuyó la marcha del vehículo hasta que éste se detuvo y, con palabras muy poco cordiales, nos invitó a que nos bajáramos del mismo, ya que consideró que ninguna mujer le iba a decir lo que “tenía o no que hacer”.


El recuerdo continúa con la espera de otro taxi, y la llegada, finalmente, a nuestra casa, de manera tranquila, más allá de los contratiempos que habíamos tenido que padecer y la anécdota que fue relatada en familia durante bastante tiempo, como suele suceder con estas cosas. Pero, lo interesante que se me presenta hoy en día, sobre ese episodio, no es justamente que aquél corto viaje, que no debería haber configurado ningún tipo de inconveniente, se hubiera transformado en una situación merecedora de comentarios familiares de sobremesa. No, lo que hoy me hace reflexionar, es el hecho de que siendo mi madre una mujer, no confió en otra persona de su mismo género para hacer el trayecto desde la casa de mis abuelos hasta nuestra casa, pero sí nos depositó a mi hermano y a mi en un auto, con un hombre al volante, que resultó ser una persona insensible y de un muy mal carácter, que no tuvo reparos para hacernos bajar del vehículo por que una mujer embarazada le había solicitado que apagara su cigarrillo.


Es decir, que mi madre, en ese momento, cuando decidió que una mujer al volante no era “confiable”, se comportó con la conducta del más acabado de los machistas. Claro ésta, que a modo de justificación, por que se trata de “mi viejita”, y todos sabemos que “la vieja” es sagrada, diré que, en aquella época, las mayoría de las mujeres se auto segregaban, que no ocupaban, dentro de la sociedad, el lugar que ocupan actualmente, y que eran pocas las que se dedicaban a realizar tareas reservadas a los hombres, como manejar un vehículo. Y a las que se atrevían a hacerlo, muchas veces las mandaban a “lavar los platos”, porque ese sí era una tarea propia de una mujer y no de un hombre.


Los tiempos han cambiado, y como decía el viejo eslogan de la publicidad de los cigarrillos Virginia Slims “haz recorrido un largo camino muchacha”, la mujer a ido conquistando, no sin enormes sacrificios, cada vez más espacios, asumiendo ella misma, primero, que no existen más que diferencias biológicas entre los sexos, por lo que, a nivel de derechos, y tal como reza nuestra Constitución Nacional y la de la mayoría de las naciones del planeta, todos somos iguales ante la ley y aptos para cualquier tipo de actividad, a menos que se demuestre, puntualmente en cada caso, lo contrario.


Mucho se ha relatado sobre los movimientos feministas de finales del siglo XIX y la primera mitad del XX, que, entre otras conquistas, posibilitó a las mujeres acceder a derechos como el voto y a ser elegibles para cargos públicos y a otros de tipo laboral. La lucha por llegar a ocupar los lugares que antes eran reservados a los “hombres” fue larga, dura y llena de obstáculos. Hoy día, en pleno siglo XXI, todavía subsisten, dentro de las sociedades más modernas, conatos de un machismos exacerbado, incluso sostenidos también por mujeres, por lo que nadie puede “dormirse en los laureles” ya obtenidos, sino que, muy por el contrario, todos debemos tomar conciencia de lo mucho que nos falta por recorrer para vivir en una sociedad absolutamente igualitaria, al menos en lo que a cuestiones de género se trata.


Tampoco me olvido, ni quiero dejarlo pasar hoy, el tema de la violencia de género, que está más candente hoy que nunca, quizá por que en la actualidad, con la irrupción de los medios masivos de comunicación, las situaciones que antes se producían no tenían la publicidad que hoy tienen. Pero, por ese mismo motivo, por la enorme trascendencia que cobra cada hecho de violencia hacía la mujer, por la cobertura que se le da, por que hoy no podemos escudarnos en que las mujeres no son noticia y lo que les pasa no traspone el ámbito de las cuatro paredes de su hogar, y por que, en definitiva, la violencia hacia la mujer está cobrándose cada vez un número mayor de víctimas, muchas de ellas fatales, que nada tienen que ver con los movimientos emancipatorios o feministas, sino que son producto de una un flagelo que castiga a disimiles estratos sociales por igual, con lo que no hay familia que pueda sentirse segura y libre de sufrir las consecuencias de esta “peste” que no conoce de antídotos, salvo el de la difusión y, principalmente, el de una buena educación, abierta, directa, sin “medias tintas” y enfocada a concientizar a toda la población, es que en el día que se conmemora internacionalmente a la mujer, debemos remarcar, de manera clara, nuestro más enérgico repudio a la violencia de género y nuestro apoyo incondicional para, entre todos, hacer que cada día por vivir sea una jornada “libre” de víctimas por el solo hecho de haber nacido biológicamente como féminas.


Dicho esto, y para finalizar, voy a decir, con respecto a la anécdota que relaté en la primera parte de esta nota, que mi madre, apenas pudo, logró comprarse un auto, aprendió a manejar y no tuvo que elegir entre hombre o mujer para ser transportada de un sitio a otro, sino que lo hizo ella, cuándo, cómo y de la manera en qué quiso. Obvio, muchos fueron los hombres que la mandaron a “lavar los platos”, pero ella siempre lo tomó con buena disposición, y solamente atinaba a “sacarles la lengua” a modo de burla.


Feliz día para todas las mujeres del mundo!!!!

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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