LA ÁCIDA, SARCÁSTICA Y DOLOROSA SABIDURÍA DE LA "RANA RENÉ"

Una mirada crítica sobre las deformaciones linguísticas de ciertos colectivos políticos y sociales argentinos y su lamentable contribución a una idiosincrasia nacional que mucho nos perjudica
2hTjWRbY

No hace mucho tiempo recibí en mi casilla de correo electrónico un archivo PDF con “memes” de la mundialmente famosa Rana René. Para quienes no sepan o no recuerden de quién se trata, éste es un personaje ficticio creado por el titiritero y productor de televisión Jim Henson en 1955. Fue el personaje central y presentador del conocido “Show de los Muppets” y también contó con apariciones en “Plaza Sésamo”.


Henson dotó a su creación de un carácter muy bien definido, dueño de un humor ácido, sarcástico y, hasta en ciertos momentos, demasiado realista y cruel, que hicieron las delicias de grandes y chicos durante los años en que se transmitieron los diferentes ciclos en los que apareció, y que hoy sigue produciendo, desde el ingenio popular, miles de frases que, en sí mismas, son toda una definición de la actualidad que se pretende describir con unas pocas palabras.


Sirva lo anterior como pequeña introducción al tema que hoy deseo tratar. Decía al comienzo que recibí unos “memes” del personaje en cuestión, y uno de ellos me llamó la atención más que los demás, haciéndome reflexionar sobre los por qué de tantas cosas insólitas, increíbles o, directamente, estúpidas que suceden en nuestro país. La Rana René decía en él: “A veces pienso...qué pena lo que está pasando en Argentina. Luego recuerdo que está llena de argentinos y se me pasa”.


Y es que, de no ser por ciertas particularidades que nos caracterizan a los habitantes de este país, particularidades que son tomadas como generalización, ya que sería imposible encuadrar en unos cuantos trazos a más de cuarenta millones de personalidades, sería casi imposible entender determinados procesos, situaciones, actitudes y padecimientos que nos afectan como sociedad y, a la vez, son motivo de estudios a niveles científicos de los más reconocidos miembros de la comunidad internacional, en una titánica tarea por descubrir las razones de una realidad nacional que se empeña en ir a contramano de los tiempos.


Un ejemplo claro de lo que acabo de describir lo constituye el uso abusivo que, hoy por hoy, ciertos colectivos que abogan por la igualdad total, irrestricta y absoluta de género, le está dando a la sustitución de las letras “a” y “o”, por la letra “x”, en la manera de tipografiar ciertos artículos gramaticales: por ejemplo, en vez de escribir “las” o “ los”, simplemente escriben “lxs”. Esto, que parece insignificante, al lado de los enormes problemas que nos aquejan, día a día, como sociedad, no lo es tanto si se piensa en la enorme falacia que en sí mismo conlleva la generalización de esta nueva costumbre, sobre todo en situaciones en las que existen notorias contradicciones entre lo que se pretende expresar y lo que de verdad se transmite.


Como para que lo antedicho no quede en una nebulosa de conceptos, me voy a remitir a un panfleto que encontré ayer tirado en la calle, en el que se aboga por reunir un millón de firmas contra la nueva Ley Previsional, panfleto que, según reza en él, pertenece al Movimiento Obrero Santafecino (MOF). En dicha papeleta se pueden leer los siguientes ítems:

Por lxs actuales y futurxs jubiladxs

Por nuestrxs Héroes de Malvinas

Por todxs lxs niñxs beneficiarixs de AUH


En principio, más allá de reconocer que no estamos frente a una agrupación de origen feminista, ni siquiera de una que se dedica a la prédica de la igualdad de géneros, podemos encontrar un grueso error en lo que respecta al tema Malvinas, ya que, a menos que alguien me pueda aportar algún dato concreto y comprobable, en esa contienda bélica sólo participaron personas que, en el sentido biológico de la palabra, pertenecían al género masculino, por lo que reemplazar la “o” por una “x” en la palabra “nuestros” lleva, inevitablemente, a una confusión o distorsión histórica.


Asimismo, el mencionado panfleto, en su reverso enumera una serie de puntos como justificativo para sostener su oposición a la ley en cuestión. Específicamente, uno de ellos, hace referencia a que con la nueva normativa se eliminará la diferencia entre hombres y mujeres. Dice textualmente: “La opción para jubilarse a los 70 años alcanza a hombres y mujeres. Ambos podrán ser intimadxs a jubilarse sólo a partir de los 70 años”. ¿En que quedamos entonces? ¿si con la sustitución de las vocales “a y o” por la letra “x” se pretende llegar a una igualación de géneros o, en la mejor de las interpretaciones, a una falta de diferenciación lingüística de los mismos, por qué se objeta que esta norma legisle, de manera indistinta e igualitaria, a hombre y mujeres?


Como es fácilmente apreciable, el “supuesto” o “pretendido” progresismo superador utilizado por ésta y otras tantas agrupaciones políticas, sociales y sindicales que pululan a lo largo y a lo ancho de nuestro país, se contradicen a sí mismas, llevando más confusión a una sociedad que, desde hace mucho tiempo, no tiene bastante claro cuáles son sus prioridades, y, por ello, no sabe diferenciar lo “urgente” de lo “necesario”.


Y llegando a este punto, vale aclarar que los argentinos somos campeones en reclamar a las autoridades el tratamiento de temas que, si bien configuran una agenda necesaria, en la mayoría de los casos no pueden ser considerados como urgentes, perdiendo con esto un tiempo muy valioso, ya que en política las agujas del reloj jamás retroceden o, si lo hacen, siempre es en perjuicio de todo el conjunto de la sociedad, y jamás en beneficio, ni siquiera, de una parte de ella.


Así las cosas, se pueden tomar infinidad de temas, aspectos y casos testigos que hacen que resultemos, a los ojos del mundo entero y, por qué no, a nuestro propia mirada, como seres inentendibles, que siempre estamos en la misma actitud de quien todo el tiempo se “lame la herida”, pero que nada hace para sanarla, produciendo pena en los demás, pena que se expresa en el constante lamento por pertenecer a una sociedad que siempre encuentra excusas para que se la ubique en el lugar de víctima, o como bien lo sintetiza Marcos Aguinis con la frase que le da título a una de sus renombradas obras: “El atroz encanto de ser argentino”.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

Te puede interesar