El programa económico de Macri tiene que funcionar, no enamorar

OPINIÓN Por
Se supone que el 2018 no es un año electoral. Pero esa afirmación es una verdad a medias
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Si al Gobierno hoy le fuera extremadamente bien en todos los frentes, lo que se discutiría en ámbitos políticos es quiénes serían los acompañantes de Mauricio Macri, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, en sus previsibles intentos de reelección. Pero el contexto no es ese. Hay una percepción ya instalada de que la economía tiene problemas, y sobre esa sensación la dirigencia se está empezando a subir a las críticas que ruedan en las calles. Que el peronismo busque en este deterioro alguna oportunidad de recuperar poder no es de extrañar. Pero que lo haga el mendocino Alfredo Cornejo, presidente de la UCR, es todo un mensaje para la Casa Rosada.

El crecimiento del PBI, como noticia, no sirve para mejorar los índices de popularidad. A 26 meses de iniciada la gestión, Néstor Kirchner tenía porcentajes similares, con la economía creciendo a tasas chinas. Que el consumo masivo este en alza o el dólar estable tampoco son sinónimos de apoyo político. Si eso fuera así, Daniel Scioli no hubiera tenido problema en ser prolongar el supuesto bienestar del kirchnerismo.

La economía de Macri no enamora, repiten políticos y analistas. Es cierto, porque su programa no estaba diseñado para ese fin. También es cierto que la construcción y el campo, dos de los pilares del ciclo actual, no contagian felicidad automáticamente. Macri transparentó los problemas y desafió a la argentinos a ajustarse para volverse más competitivos. Hay muchos que no creen en ese camino, pero el Gobierno tiene a su favor que buena parte de los críticos compartieron su diagnóstico y las recetas discutidas hace dos años tenían un menú de alternativas similar. El país lleva diez años (con excepción de 2009) con inflación superior a 20%, así que nadie tiene la mano libre para tirar piedras.

Si la gestión fuese un auto, cuando hay barro en el camino la mejor opción es bajar y empujar. Quedarse en el auto para que la música tape el el malhumor de los que van a pie no funciona.

Fuente: Cronista

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