Macri actuará con cautela frente a la guerra mundial del acero y el aluminio que anunció Trump

POLÍTICA Por
El anuncio de la imposición de aranceles que hizo Washington puso en alerta a las empresas argentinas que exportan gran parte de su producción a los EEUU
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El presidente estadounidense Donald Trump hizo una publicación en una red social que sonó a disparo a sangre fría. "Cuando un país está perdiendo miles de millones de dólares en comercio virtualmente con cada país con el que tiene negocios, las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar", advirtió.

"Nosotros debemos proteger a nuestro país y a nuestros trabajadores. Nuestra industria del acero está en mala forma. SI VOS NO TENES ACERO, VOS NO TENES PAÍS", advirtió Trump en mayúscula a los 48.5 millones de seguidores que leen y se sorprenden con sus definiciones sobre Estados Unidos y la agenda global.

Pero al presidente americano no le alcanzó con batir sus tambores en Twitter: a continuación anunció que impondría aranceles del 25% a la importación de acero y del 10% a la importación de aluminio, alegando "potenciales amenazas a la seguridad nacional".
Esa decisión pone en peligro a empresas argentinas y tiñe de rojo estridente al actual déficit comercial del país. Mauricio Macri ya asumió esta posibilidad, pero aguardará la reacción institucional de la Unión Europea y de China antes de avanzar una estrategia común con los estados socios del Mercosur.

El presidente argentino se maneja con extrema cautela cuando se topa con un conflicto de intereses comerciales con Estados Unidos. Sucedió con las exportaciones de biodiesel: Trump respondió al lobby de sus contribuyentes de la campaña electoral de 2016 y puso tremendas barreras aduaneras al biodiésel que se produce en el país.

La Cancillería argentina cumplió con los protocolos de defensa diplomática, pero ante la posibilidad de presionar a Washington con una presentación ante la OMC, esa hipótesis quedó prácticamente desechada ante una obvia evaluación de costos y beneficios: para el Gobierno es más importante mantener el sistema de preferencias negociado con Trump –400 productos—, que enfrentar al presidente de Estados Unidos por una cuota de exportación que beneficia a un solo sector de la economía nacional.

Esa estrategia oficial, apuntalada sobre un pragmatismo geopolítico, será difícil de sostener si finalmente Trump fija los aranceles del 25% para el acero y del 10% para el aluminio. La balanza comercial sufrirá mucho con esa decisión de la Casa Blanca y las empresas locales deberán hacer malabarismos para evitar pérdidas económicas y un eventual aumento del nivel desempleo en trabajadores formales e informales.

Aluar produce el 92% del aluminio argentino. Si ese 92% se transforma en base 100, de ese 100%, un 80% se exporta. Y si ese 80% se transforma en base 100, de ese 100%, casi un 70% se vende en Estados Unidos. El 10% de arancel anunciado por Washington, parece un cifra posible de absorber. Sin embargo, no será una situación sencilla: Canadá es el principal exportador de aluminio a los Estados Unidos: si ese destino se reduce, la competencia para Aluar se incrementa de manera exponencial.

Siderca exporta el 88% de los tubos de acero que se hacen en la Argentina. Y si se toma ese 88% como base 100, Siderca vende en Estados Unidos un porcentaje cercano al 54%. Si el arancel colocado a este producto es del 25%, Siderca sufrirá un impacto en su ecuación económica y financiera. Esta compañía nacional, como Aluar, aguardarán el anuncio oficial de la Casa Blanca antes de iniciar acciones legales y diplomáticas.

Macri edifica su liderazgo regional con su defensa del libre comercio, el acuerdo de Cambio Climático de París y la búsqueda constante de una transición democrática para Venezuela. El presidente ha reiterado esta agenda internacional durante sus exposiciones en Naciones Unidas, Davos, el G20 de Hamburgo, la Cumbre del Mercosur en Mendoza y la última reunión que mantuvo con Emmanuel Macron en Francia. Macri cree en este diseño geopolítico y acumula respeto en la comunidad internacional cada vez que ratifica su posición personal en esos asuntos tan complejos y dinámicos.

Trump está en las antípodas de Macri. Empuja el proteccionismo, reniega del acuerdo de París y no descarta invadir Caracas para terminar con el régimen de Nicolás Maduro. El presidente de los Estados Unidos es una pieza suelta del rompecabezas internacional y sus posiciones, brutalmente expuestas vía Twitter, amenazan el orden mundial y sus proyecciones sociales y económicas.

Macri busca un acuerdo comercial y político con Europa. Logró un acercamiento inédito con China. Ratificó su voluntad de profundizar las relaciones con México y Canadá. Y sostiene la viabilidad del Mercosur, a pesar de las posiciones de Brasil y Uruguay. El presidente es protagonista en la arena global y los principales líderes mundiales apoyan sus posiciones públicas. Por eso, se formalizó la Cumbre de la OMC en Buenos Aires y Argentina será sede de la Cumbre del G20.

Entonces, ante semejante responsabilidad multilateral, es al menos contradictorio que Macri aguarde los próximos pasos de la administración americana. El presidente no solo tiene responsabilidad con las empresas locales que sufrirán el proteccionismo de Trump, sino también con la UE, China, México y Canadá, países que ya han expresado su posición frente a los aranceles que Estados Unidos pretende imponer al acero y al aluminio.

El mundo soportó la falacia de George Bush (h) cuando aseguró que había armas de destrucción masiva en Irak. Creyó que las reparaciones impuestas a Alemania después de la Primera Guerra Mundial no iban a causar una Segunda Guerra Mundial. Y consideró un guion de Hollywood las acusaciones contra Rusia por su participación en la ofensiva cibernética ejecutada durante las elecciones de Estados Unidos y en las consultas populares del Brexit y Cataluña.

Cuando se consulta a los miembros del gabinete nacional acerca de los anuncios de Trump, la respuesta es simple y lacónica: "Es una decisión global que incluye a la Argentina, por eso no podemos hacer nada", responden. Se trata de una respuesta de ocasión que ya fue comentada en los gobiernos de China, Alemania, Canadá y México, por citar países que esperaban una declaración formal de Macri.

El presidente decidió esperar hasta que en esta semana se conozcan los términos efectivos de la decisión que asumió Trump para mantener sus chances electorales en los comicios de medio termino en Estados Unidos. Si el presidente republicano no da marcha atrás, el mundo se lanzará a una guerra comercial con final abierto. Y en ese momento, Macri deberá decidir su alineamiento estratégico. Es decir: jugar con cierta libertad en el patio trasero, o formar parte de una coalición que está mirando al planeta con una perspectiva vinculada a los desafíos del siglo XXI.

Fuente: Infobae

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