Fue un mensaje para desarmar los espíritus

OPINIÓN Por
Las claves del discurso presidencial. A la hora de hablar no reprochó la herencia recibida, ni mencionó la palabra corrupción, ni se refirió siquiera a los múltiples presos por quedarse con lo ajeno del gobierno K.
91107_620

El tercer discurso del presidente Mauricio Macri para inaugurar el año legislativo no será recordado seguramente como una pieza retórica excepcional. Tampoco como un hito en materia política o ideológica. Pero tenía un objetivo claro y lo cumplió: apaciguar los ánimos. Conseguir que todo transcurriera sin incidentes. En parte ese propósito fue logrado por el éxito electoral de octubre, pero en parte también, porque desactivó a la oposición más dura evitando confrontar y llamando continuamente al diálogo. En pocas palabras, la idea de desenchufar a los ultras funcionó. 

Ayer no hubo ni desplantes camporistas, ni chicanas a los gritos desde las bancas, ni carteles agresivos por parte de la oposición dura. Más aún, a puertas cerradas el presidente del bloque el FPV, Agustín Rossi, persuadió a sus colegas para que no agraviaran al Presidente y a la hora de opinar sobre su discurso hizo críticas fuertes, pero evitó las descalificaciones. Llamó la atención su tono moderado.

Ningún K acusó a Macri de antipatria, represor, lacayo del FMI o personero de los bancos. Un grupo de colegialas se hubiese comportado más tumultuosamente. 

Desde las galerías tampoco hubo gritos destemplados y en la calle no había nadie. Literalmente. Ni amigo, ni enemigo. Los habituales centenares de personas transportadas en colectivo desde el conurbano brillaron por su ausencia. También el cotillón partidario. No se recuerda un caso similar. Al ingresar al Congreso por la explanada de Entre Ríos, Macri se dio vuelta y saludó a una plaza vacía. 

A la hora de hablar no reprochó la herencia recibida, ni mencionó la palabra corrupción, ni se refirió siquiera a los múltiples presos por quedarse con lo ajeno del gobierno K. Optó por referirse al pasado reciente, a los progresos en materia económica, que son modestos, pero no tenía otra cosa para exhibir. Prometió, además, un futuro mejor. El eje estuvo en las expectativas y no en el ajuste de cuentas. 

Para evitar la confrontación planteó además una agenda no conflictiva de proyectos. Busco dejar conformes a todos y todas y hasta los kirchenristas se vieron obligados a aplaudir cuando recordó a los muertos del submarino ARA San Juan y prometió no abandonar la investigación. Su mensaje, que la diputada Graciela Camaño calificó como duranbarbiano, le dijo a cada uno lo que quería oír y estuvo dirigido a la clase política. 

Sus legisladores aplaudieron con ganas y por un momento hasta pareció que Macri se iba a enfervorizar, pero no ocurrió. No hubiera coincidido ni con el orador, ni con el tono, ni con el estilo. Menos aún con la intención de que todo pasara la menor repercusión posible.

Fuente: La Prensa

Te puede interesar