¿SUPERMERCADO DEL MUNDO? TE PASASTE MAURICIO

EDITORIAL Por
Estamos mal pero vamos en el buen camino, aseguran algunos, aunque son cada vez menos. Ya nos cuesta exportar materia prima ¿cómo vamos a colocar alimentos elaborados cuando la calidad es cada vez más baja?
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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Argentina no va a ser el granero del mundo sino el supermercado del mundo, dijo el Presidente Macri. Loable propósito, más allá de que lo ideal sea que el país no se especialice en alimentos sino que desarrolle e integre su producción en todos los campos, principalmente en los de las tecnologías más avanzadas.

Es que hoy la ciencia progresa de tal modo que puede revolucionar todas las actividades productivas. En la historia argentina no faltan ejemplos de grandes fuentes de riqueza que desaparecieron, ya sea porque se agotó el recurso o bien por referirse a substancias que perdieron interés cuando se abrió la posibilidad de reemplazarlas a ellas o al producto final.

El tanino es un buen ejemplo. Los gráficos* muestran el auge y caída de la explotación de un recurso que fue relevante en la historia de las exportaciones nacionales, y hoy es marginal. Y que no solo dejó de ser una fuente importante de divisas sino que destruyó una enorme porción de bosques nativos con su tremenda secuela de deterioro ambiental.

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Algunas veces nos referimos también en estas columnas al avance de la producción cárnea en bioreactores, que ya alcanzó un nivel comercial y probablemente signifique en un futuro no tan lejano el fin de la ganadería y la avicultura. Bill Gates es uno de los inversores en Beyond Meat**, cuyas hamburguesas ya se venden en todos los Estados Unidos.

Vale aclarar que estos productos no tienen nada que ver con ninguna imitación vegetal de productos cárnicos, como las milanesas de soja que podemos comprar localmente, sino que se trata de auténticas proteínas cárnicas logradas a partir del heme, un compuesto que forma parte de la hemoglobina, la proteína de los glóbulos rojos de la sangre y que se encuentra también -en muy pequeña cantidad, en los vegetales.

Pero volviendo a los alimentos tradicionales ¿tiene visos de realidad ese objetivo de ser el supermercado del mundo?

Para competir en los mercados internacionales a ese nivel, los alimentos que se ofrezcan tienen que ser de una calidad muy superior a aquellos que los que consumimos cotidianamente los argentinos. Los mejores cortes de carne locales tienen su lugar, aunque hay que luchar denodadamente para conseguir que los compradores aumenten los cupos de importación. O que los mantengan, porque incluso se reducen en aras de resguardar a los productores propios.

¿Cómo hacer para venderle quesos a los franceses, o chocolate a los suizos?
Es imposible alcanzar un nivel de excelencia internacional cuando internamente se tiende a bajar la vara de calidad al consumidor.

Hoy el ciudadano que va al supermercado en busca del queso que espera rallar para llevar la raviolada a la cúspide del sabor encuentra provolone, sardo o reggianito a los que les faltan meses de estacionamiento. Si los lleva conseguirá luego unas hebras pegajosas que quedarán más en el rallador que en el recipiente que las recoge.

Sí, tiene la opción de comprar el queso ya rallado, en paquetes. Pero tendrá que hacer una selección muy cuidadosa, porque la mayoría de los envases le ofrecen bajo el disfraz de queso rallado mezclas de queso con sémola, “alimento a base de queso rallado”, o cualquier otra cosa que que pueda atraer incautos. Sí, finalmente encuentra el producto auténtico, aunque a un precio que aterroriza al bolsillo.

Similares disgustos sufre el consumidor en la góndola de los yogures, donde intentan venderle leches con almidón en vez del probiótico. Pero el deterioro de calidad no se ve solamente en los lácteos: dulces, mermeladas, fiambres, pescados envasados, caramelos, chocolates y muchos otros productos más fueron perdiendo sus excelentes niveles de antaño y reemplazados por copias muy inferiores.

Uno puede levantar un dedo acusador contra los fabricantes o el comercio, pero -aunque éstos de angelitos no tengan nada- el problema se origina en la falta de poder adquisitivo de una población que experimenta fuertes y repetidas reducciones de sus ingresos y que debe conformarse con productos de segunda, o de cuarta.

Acogotando al mercado interno no se van a lograr las pretensiones de un gobierno que anhela venderle alimentos procesados a un mundo muy exigente y a la vez poco receptivo a las importaciones. No es casual que estemos importando zanahorias, vino, bondiolas y naranjas. Falta que terminemos comprendo limones al exterior.

*Fuente: De la industria taninera al desplazamiento de la actividad textil en la provincia del Chaco como consecuencia de la producción sojera, por Alicia Carlino y Moira carrió
**www.beyondmeat.com

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