CREANDO "CALDOS DE CULTIVO" PARA EL MALESTAR SOCIAL

Los insultos del fútbol al Presidente Macri y la "ingeniería" para utilizar las pasiones como herramienta de presión política
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El fútbol es un hermoso deporte, así como también, hoy en día, es un negocio inmenso que mueve miles de millones de dólares al año. Pero, además, el fútbol, al menos en nuestro país y en varios otros de la región, es mucho más que eso.


Es sabido que, dentro o al amparo de las instituciones que tienen al fútbol como su actividad primordial, también se cuecen todo tipo de tejemanejes con elementos que no encuentran cabida en otros ámbitos de la vida cotidiana.


De esta manera, las denominadas “barras bravas” cometen todo tipo de ilícitos, sin que éstos tengan que ver, de manera directa, con la pasión que cada semana despierta en los “hinchas” el ver jugar al equipo de sus amores.


Y, tratándose de pasiones, pues todo puede suceder, ya que muchas veces éstas son incontrolables por quienes las sienten o muy fácilmente manipulables por quienes quieren valerse de ellas para fines de muy diversa índole.


La tribuna deportiva se ha usado en varias oportunidades para expresar legítimos desacuerdos con los gobiernos, y, en otras, como trampolín para la incitación a una violencia demasiado contagiosa, que se propaga como “reguero de pólvora”.


Esto último debería saberlo muy bien Mauricio Macri, puesto que mucho antes de dedicarse de lleno a la política partidaria, fue presidente de Boca Juniors, cargo político también, pero relacionado con lo deportivo y lo social de una de las entidades futbolísticas más grandes del mundo.


Él, más que nadie, debería conocer al dedillo los alcances y la llegada de ciertos personajes que, encaramados dentro de esos “barras”, hacen sus negocios con la aquiescencia de muchos dirigentes futbolísticos, amén de alquilar sus servicios a quien quiera contratar mano de obra “dura”.


Por eso no deben sorprender los cánticos que, últimamente, se han venido escuchando en varios estadios argentinos, cánticos que se centran en el insulto, liso y llano, a la figura del Primer Magistrado de la Nación, sin ninguna aparente vinculación con lo que deportivamente pueda estar ocurriendo en el momento, si bien es cierto que muchos han querido explicarlos como una forma de desacuerdo de los amantes de este deporte por un supuesto favoritismo del Presidente Macri para con el club de sus amores. Esto, quizá por los resultados obtenidos por Boca Juniors en partidos dónde ha jugado muy mal, pero, igualmente, ha cosechado triunfos.


Sinceramente, pensar, por un lado, que Mauricio Macri pueda estar preocupado o pendiente de los resultados del club del que fue presidente, teniendo la responsabilidad de dirigir los destinos de todos los argentinos, es, de por sí, tan ilógico, que ni vale la pena ponerse a analizarlo. Y, por el otro, creer que la hinchada, por sí sola, esté expresando su desaprobación a la gestión gubernamental desde una cancha de fútbol, a la que acudió para ver salir victorioso a su equipo, tampoco merece perder tiempo para barajar como posible producción de una manifestación de semejante calibre.


Mucho más atinado sería, analizar este fenómeno desde el punto de vista sociológico, desde el aprovechamiento que se puede llegar a hacer de toda la energía contenida en una pasión tan importante para la mayoría de los argentinos.


Y, seguramente, esa debe haber sido la ingeniería que pensaron quienes impusieron el insulto al Presidente de la Nación desde la tribuna de una cancha de fútbol. Estas personas, que son ajenas al mundo del deporte, pero con vinculaciones en todas las ramas del quehacer nacional, pudieron vislumbrar la importancia que hoy significa, para quien no pueda o no quiera mirar más allá de su nariz, que parezca que un estadio colmado de personas están entonando un cántico contrario a las actuales autoridades institucionales de la Nación, y, con mayor puntualidad, dirigido a denigrar la figura presidencial.


El fútbol, como pocas actividades dónde se congregan grandes multitudes, es una herramienta de enorme poder, tanto para llevar a cabo campañas nobles como para aquellas que persiguen un fin que nada tiene que ver con el bienestar de los habitantes ni con la paz social de quienes residimos en esta tierra.


Por ello, el Ejecutivo Nacional tiene que centrar su mirada en lo que se esconde detrás de estas expresiones, y no, como muchos proponen, suspender los espectáculos deportivos, que, de hacerlo, estarían dándole un motivo más a los simpatizantes de cualquier club de fútbol, para agrandar un encono que seguramente, ni siquiera ellos mismos, saben de dónde y en qué momento nació.


Desentrañar cuales son las pretensiones y los fines perseguidos por quienes utilizan a estas multitudes, no debe suponer una inversión muy grande de tiempo ni de logística para un gobierno que está plagado de grandes estrategas del marketing y los negocios. Por el contrario, es sólo cuestión de atar cabos para darse cuenta de dónde proviene esta ola, y hacía qué objetivos está dirigida.


A esta altura del tema, vale la pena recordar que, tanto el Presidente de la Nación como muchos de sus ministros y colaboradores, se han manifestado abiertamente en contra de las mafias que dominan ámbitos claves del entramado socio político argentino. De igual manera, es por todos sabido, la lucha que está llevando a cabo un sector importante del Poder Judicial argentino en contra de la corrupción sindical. Y, justamente, no hay que dejar de lado la vinculación de lo sindical con lo futbolístico, toda vez que no son pocos los representantes de los trabajadores que, a su vez, ocupan, o han ocupado en un pasado cercano, altos cargos en instituciones deportivas del país, llegando, como en el caso Hugo Moyano a ser Presidente del Club Atlético Independiente de Avellaneda, y de su hijo, Facundo Moyano, que además de ser diputado nacional, también es un alto dirigente del Club Alvarado de Mar del Plata.


De esta forma, resulta bastante fácil identificar la procedencia de esta muy dudosa espontaneidad en los cánticos insultantes que provienen de las tribunas del fútbol y que tienen, en la figura del actual Presidente de la Nación, su blanco predilecto.


Pero ojo, no hay que subestimar, por sabido, el peligro que configura, en el siempre humor inestable de la población argentina, la muy bien ideada creación de “caldos de cultivo”, como expresión de un malestar general, que, sin ser en principio demasiado preocupante, puede propagarse rápidamente y llegar a representar, potencialmente, otra forma más, de las tantas de que se valen, aquellos sectores políticos y sociales que se encuentran en las antípodas del proceso de cambio que el país necesita, y que no van a ahorrar imaginación ni esfuerzo en llevar a cabo sus planes para frustrar el rumbo de un proyecto que tiene, entre sus fines, acabar con la impunidad y la corrupción de esos mismos sectores.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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