Entre la parsimonia y la Argentina de un sólo cambio: luz roja en bonos argentinos

OPINIÓN Por
Tarde o temprano el presidente Macri deberá dar un fuerte volantazo fiscal
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La Argentina de hoy parece un auto con una sola marcha: primera. El problema es que el resto del mundo está yendo bastante más rápido que nosotros, con la finalización tanto en USA, como Europa y Japón, de lo que fue una década históricamente laxa en materia monetaria que viene poniendo fuerte presión a las tasas internacionales de interés. La preocupante parsimonia con la que los argentinos vivimos nuestro severo desequilibrio fiscal y de cuenta corriente no hace otra cosa que despertarme una pregunta recurrente: a este ritmo, ¿cuáles son las chances que Argentina tiene para converger a un equilibrio macroeconómicamente razonable a cinco años vista? Este gobierno heredó una nación a contramano y parecería que nos está costando más de lo pensado encauzarla hacia un sendero más o menos normal, quizá en el camino se nos olvidó lo más importante: un sustancial cambio de actitud. La historia nos puso en un lugar único e irrenunciable; podemos ser la generación del cambio o aquélla que, ante la dificultad que el mismo implica, simplemente haga lo de siempre: esquivar sus costos y caer nuevamente en el recuente callejón de la derrota. De a poco, el mundo comienza a darse cuenta de que Argentina necesita mucho más que fe y esperanza y eso se denota en el amplio castigo que le han propinado a los bonos largos argentinos desde inicios de año. Para un contexto que comenzó a subir su costo de oportunidad, las historias mágicas y esperanzadoras como la nuestra, comienzan a ser mucho más cuestionadas. El mundo se está despidiendo del paradigma a “tasa cero” y con dicho adiós comienzan las dudas para aquellos emergentes como la Argentina, con severas vulnerabilidades externas. Y en esta coyuntura, volviendo al argumento del “contramano”, después de dos largos días hábiles de feriados que sigo sin comprender, me pregunto: ¿desde cuándo no trabajar genera valor? Lo digo en respuesta a mucho defensor de los feriados largos como fuentes de creación de empleo. Me cuesta creer que en equilibrio general un feriado genere algo más que el beneficio vacacional del ocio. Si lo que todos pretendemos es una Argentina que crezca y reduzca pobreza, necesitamos menos feriados, es al revés. Argentina requiere recuperar la cultura del trabajo, un país en crisis como el que tenemos no se recupera vacacionando, necesitamos por el contrario, disciplina japonesa.

Primera luz roja: una coyuntura local claramente más complicada. En este contexto de “menor amor hacia la Argentina”, el peso se devaluó 16% desde los primeros días diciembre 2017, en donde lo veíamos en 17.20, frente a los 20 de la actualidad. Siempre que el dólar pica en punta, los argentinos se ponen muy nerviosos pero lo cierto es que en la coyuntura actual, la dinámica cambiaria parecería en el corto plazo al menos, estar bajo el control del gobierno y reflejaría la convicción, errónea por cierto, de que un dólar más alto mejoraría la competitividad y con ello se le daría a la economía argentina otra razón mas para rebotar fuerte en 2018. Este diagnóstico se aplicó repetidas veces en nuestro país y nunca funcionó, razón por la cual es de esperar que tampoco resulte en este caso. Obviamente que nada es gratis en economía, por lo que si el gobierno persigue este escenario deberá llevar a las tasas nominales a niveles bastante mas bajos que los actuales, resultando en una inflación de equilibrio muy por encima del 15% de la meta. Hace unas cuantas semanas que los activos en moneda local y bonos largos denominados en dólares vienen operando bien pesados. Probablemente dos eventos explican dicha dinámica. Primero, la sorprendente conferencia de prensa del 28 de diciembre pasado no cayó bien en el mercado internacional dado que dimos una señal muy clara: nos comprometemos con algo y luego, al darnos cuenta de los costos que implica conseguirlo simplemente, lo abandonamos. Para un país que se viene endeudando fuerte desde hace dos años, “el abandono de metas” no es la mejor de las señales y el mercado internacional tomó nota. Segundo, los anuncios de Chubut claramente no ayudaron, no hace dos años que comenzamos con una estrategia de endeudamiento masivo nacional y provincial y ya una provincia sugiere que tiene problemas para pagar. Esta segunda señal tampoco cayó bien en los mercados internacionales. Parecería que “la magia argentina” comienza a evaporarse en los mercados de renta fija, principal determinante de nuestro abultado costo de capital.

Segunda luz roja: la parte larga de los bonos argentinos bajo severa presión. El resultado de todo esto es que por ejemplo, el AA46 que por septiembre 2017 rendía 6.60% lo hace ahora en 7.60%, aspecto que se explica no solamente por la suba en la tasa de 10 años de USA dado que Brasil por ejemplo, soportó muchísimo mejor dicho embate internacional de tasas. Una suba de 100 puntos básicos en una curva soberana es mucho y enciende otra luz roja de preocupación de un mercado internacional que hace cinco años compra deuda argentina con los ojos cerrados, el AA46 está 12% abajo respecto a sus valores máximos del último trimestre del 2017. El mercado internacional está descontando ciertas novedades del entorno local que no están gustando. Y en el medio de todo esto hoy se viene la decisión de política monetaria de nuestro banco central, con un dólar que la semana pasada cerró en 20 y el jueves nos esperan encima, los datos de inflación. Tengo la sensación de que todavía no culminó la pulseada entre un BCRA que quiere seguir comprometido de alguna manera con su política de tasas nominales altas y un entorno más político del oficialismo que ve en la lucha anti-inflacionaria un claro enemigo de un rebote que parecería ser bastante más anémico a lo esperado y con dudas respecto a su potencial duración. No me sorprendería que la “actualización de la meta inflacionaria” haya sido motivada por una creciente ansiedad de un gobierno que quiere maximizar un rebote económico que se viene prometiendo desde el segundo semestre del 2016. La decisión de hoy quizá nos haga saber un poco más respecto a cómo sigue esta puja iniciada a fines de diciembre pasado. Mi estómago no está optimista, cruje diciéndome que la política nuevamente le gana a la economía y si ese fuese el caso, veremos para el 2018 un sendero monetario de menor calidad con una inflación ascendente, tasas nominales bajando bruscamente y un dólar quizá, ganándole a todo. No descarto incluso, un shock monetario después de abril, cuando se cierren las paritarias.

Un paso al frente y cambio de marcha. Es fácil culpar a los Kirchner. Es fácil culpar a Macri. Siempre encontramos un responsable a la permanente frustración que implica no converger a nada, culminando en el mismo y empobrecedor punto de partida. Sería útil por el contrario, mirarnos el ombligo propio. Todos los argentinos, sin excepciones, deberíamos comprender que estamos precisamente en un momento en donde cada uno de nosotros debería dar un paso adelante y ponerle el pecho a una nación que a diferencia de lo que nos cuentan los políticos, está en estado crítico. Una sociedad que no comprende la severidad de su situación actual, es una que difícilmente podrá apoyar la enorme secuencia de medidas correctivas que se necesitan para salir del punto en el que estamos. Sin sacrificio, sin austeridad fiscal, sin innovación, sin cambios estructurales, sin audacia y plena convicción, las chances de este modelo son muy pocas. La Argentina de todos necesita elevar el sentido de urgencia y que cada uno de nosotros de un paso al frente convirtiendo a esta realidad crítica en sublime oportunidad, motivación y punto de inflexión. Aceptar populismo mágico de corto plazo probó no funcionar a lo largo de nuestra historia. La Argentina próspera que todos queremos requiere esfuerzo, paciencia y por sobre todo, tres décadas de reconversión para que la generación que sigue pueda disfrutar de dicho logro, los relatos que auguran soluciones sencillas simplemente, no sirven. Si queremos converger, lo que nos espera, es muchísimo más costoso a lo que nos están contando. Ante esta realidad, me pregunto si estaremos a la altura de semejante honor y desafió, o nos uniremos al club de las generaciones anteriores.

Fuente: Cronista

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