La volatilidad financiera demanda más gestos fiscales que cambiarios

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Está claro que la volatilidad genera nerviosismo, tanto en inversores y ahorristas, como en funcionarios. Pero lo primero que corresponde hacer para calmar la ansiedad es asumir que estamos hablando de volatilidad y no reaccionar ante tendencias que pueden cambiar más de una vez
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A nivel global, lo que está sucediendo es un corrimiento de fondos de acciones a bonos. La razón es que la economía de Estados Unidos está en un proceso de recuperación más sólido, y los mercados quieren anticiparse ante la probabilidad (cada vez más alta) de que la Reserva Federal eleve la tasa de interés de referencia más de lo esperado.

Algunos hombres del equipo de Mauricio Macri están preocupados por la posibilidad de que el dólar siga un curso alcista y se aleje todavía más el objetivo de inflación de 15%. Miran al Banco Central y se preguntan si hay margen para un gesto que calme a los formadores de precios. Pero no suena consistente pedirle ayuda al mismo BCRA que fue forzado a aceptar el relajamiento de la meta y criticado por su política de tasas.

El ente monetario cree con firmeza que la flotación cambiaria es un mejor remedio frente a la volatilidad que la intervención. Sabe que el movimiento favorece una recuperación del tipo de cambio y comparte la inquietud por el traslado a dólar. Pero la forma de protegerse de estas inclemencias financieras no es vendiendo divisas sino dando tranquilidad a quienes hoy financian al Estado de que el plan en curso se va a cumplir, más allá de la volatilidad.

Los bonos largos locales fueron más castigados que los de otros países de la región, y eso significa que le adjudican a la Argentina mayor riesgo que a otros emergentes. El gesto que puede ayudar es apuntalar el ahorro fiscal. Es más crítico calmar a los que financian nuestro déficit que a los que deben convivir con uno o dos puntos más de inflación.

Fuente: Cronista

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