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La Divina Comedia y su vigencia en tiempos de "millennials"
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No todo es política, inseguridad e inflación en esta vida. Ciertamente que existen muchos temas y actividades muy interesantes que también valen la pena prestarles atención, y que, de paso, nos muestran que desde hace muchos siglos, la conducta de los seres humanos no ha variado demasiado, más allá de los notables adelantos científicos y tecnológicos que hoy nos hacen más cómoda, feliz y placentera la vida, o no.

En este sentido, por estos días existe un grupo de personas que, a través de las redes sociales, se vinculan para hablar de otros temas. Sí, no analizan la actualidad política, social ni económica del país o del mundo. Se proponen destripar, en el mejor sentido de la palabra, una de las obras más interesantes e impresionantes de la literatura universal de todos los tiempos: nada más y nada menos que “La Divina Comedia” de Dante Alighieri.

Contrariamente a lo que se podría suponer, lo que el Dante relata en su magistral obra, hoy tiene tanta vigencia como la tuvo allá por los años 1307 y 1308, fechas en las que se cree fue escrita, ya que no hay criterio unificado en esto.

La Divina Comedia” se compone de tres canticas o capítulos, el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso; el primero consta de 34 cantos y los dos últimos de 33, lo que hace un total de 100. Los versos del poema son endecasílabos y están ordenados en tercetos, es decir, estrofas de tres versos.

Ahora bien, podríamos hacer un resumen de La Divina Comedia” como el recorrido de Dante por tres distintos niveles del mundo espiritual, en el que se topa con una variedad de paisajes, ambientes, seres y circunstancias, que son más o menos arduos, oscuros y terribles, dependiendo de la peculiar condición moral que reflejan. De quedarnos con este sentido, el poema se reduce a una travesía épica, de la que el protagonista sale airoso, debido en buena parte a la sabiduría de sus guías.

Sin embargo, esta obra es mucho más que un largo y extraordinario paseo. Prueba de ello es que incluso la estructura de su composición se ordena cuidadosamente, conforme a varios significados. Por ejemplo; el número tres, que determina de muchas formas la organización del poema, reviste una gran importancia en Dante, pues alude al orden y perfección de la Trinidad, entre otros significados.

Así, tenemos tres grandes capítulos, los dos últimos, divididos en treinta y tres cantos, con versos agrupados en tercetos. Hablando ya del contenido de la obra, encontramos que tanto el infierno como el paraíso se dividen en nueve círculos o cielos, es decir, tres veces tres. Dentro del infierno se castigan los tres vicios más graves (incontinencia, violencia y malicia) y en el paraíso se premian las tres virtudes teologales (fe, esperanza y caridad). Tres son las fieras que acechan a Dante, cuando se extravía en la selva, antes de emprender el viaje. Y tres son los personajes centrales de la narración, Dante, el poeta Virgilio y Beatriz, la imagen de la mujer ideal. Y esta es solo una de las formas simbólicas que aparecen a lo largo de la Comedia.

De hecho, el gran poema de Dante no es un texto de lectura sencilla. No, al menos, si se le quiere apreciar en su totalidad. Pues no sólo se trata de seguir los acontecimientos, sino de comprender que cada personaje, cada situación y, en suma, cada etapa del camino, remite a una idea filosófica, o bien, a un episodio de la historia de Florencia; a un postulado de la teología del Medioevo e incluso a momentos de la vida del poeta. Conviene decir que mientras más conocimientos se tengan en torno a estos temas, mayores serán la comprensión y el deleite que se puedan extraer de la Comedia.

La empresa comienza con un Dante que, a la mitad del camino de la vida, se ve perdido. La selva oscura, asediada por fieras, en la que inicia el camino del poeta, refleja la confusión del alma que ya no encuentra el sentido de la vida conforme al bien y tan sólo halla un débil apoyo en la sensibilidad y las apariencias.

Surge entonces la razón – y, más que la sola razón, la sabiduría del arte – encarnada por Virgilio. El poeta latino salvará a Dante del asedio de las bestias, una pantera, un león y una loba, en las que algunos intérpretes ven la representación de los pecados de incontinencia, violencia y malicia. Después le hablará de un viaje que se ha planeado desde el cielo y que le servirá para reencontrarse con el fin auténtico, el único al cual debe dedicarse la existencia.

La jornada no será sencilla. Habrá que descender hasta lo más profundo del infierno, para ver cómo los vicios aniquilan a las almas. Después, será testigo de la expiación de los pecados en el purgatorio y, finalmente, deberá contemplar la luz de Dios, visión que tampoco es fácil de sostener (Canto I).


Dante, como es de esperarse, se siente aterrado. Pero Virgilio le rebela quién intercedió por él para que tal oportunidad le fuese concedida. Se trata de su amada Beatriz; en adelante, el solo nombre de la dama le dará la seguridad y el aliento necesarios para llevar a cabo cualquier empresa, incluyendo el descenso a los nueve círculos infernales (Canto II).

Avanzan, pues, hasta las puertas del infierno, franqueadas por el río Arqueronte. Hay, sin embargo, un vestíbulo que precede al río y en el que un grupo de almas profiere graves lamentos. Aquí – relata Virgilio – están confinadas las almas de quienes no conquistaron ningún tipo de gloria, pero tampoco merecieron algún reproche; no fueron fieles a Dios ni se rebelaron contra Él; no ganaron ni amigos ni enemigos; vivieron sólo para sí mismos, sin dejar huella en el mundo. Fue tal su indiferencia que no hay sitio para ellas ni en el cielo ni en el infierno y deben conformarse con permanecer a las puertas de este último lugar (Canto III).

Dante y Virgilio no se detendrán aquí. Ambos suben a la barca del demonio Caronte, quien los llevará del otro lado del río, hasta el Limbo, primer recinto infernal. En este lugar se encuentran las almas que no recibieron el bautismo y que no cometieron ninguna falta grave, salvo el haber vivido en una época pagana. Aquí están Homero y Horacio; Héctor y Eneas; Sócrates, Platón y Aristóteles; y el propio Virgilio, junto con otros sabios, poetas y héroes a quienes no les fue revelado el verdadero Dios. Permanecerán ahí mientras el mundo guarde su recuerdo. Sin embargo, están condenados a vivir sin la esperanza de alcanzar alguna vez la gloria divina (Canto IV).

Luego de cruzar el Limbo, los dos poetas descienden al siguiente círculo, no sin toparse primero con el juez Minos. Con su larga cola, este demonio azota el suelo, marcando el número de círculos que deberá bajar el alma (Canto V). Es hasta el segundo círculo donde inicia el castigo de los pecados de incontinencia, violencia y malicia. Conviene aclarar que esta clasificación de los vicios proviene de Aristóteles; sin embargo, no todos los pecados que Dante ubica en el infierno se ajustan a ella; la herejía no cabía en el catálogo del filósofo griego, pero sí encuentra un lugar dentro de las faltas condenadas por el cristianismo.

A partir del segundo círculo, el infierno se ordena de la siguiente forma:

Segundo círculo. Un torbellino lleva las almas de los lujuriosos (Canto V).

Tercer círculo. Los golosos avanzan bajo una lluvia de agua negruzca, nieve y granizo. El recito es custodiado por Cerbero, monstruo con tres cabezas de perro que desgarra con sus enormes colmillos a las almas que intentan evadir la lluvia (Canto VI).
• Cuarto círculo. Avaros y pródigos caminan en dos filas, arrojándose bultos unos a otros y repitiendo:
“¿Por qué guardas? ¿Por qué tiras?” Su apego desordenado al dinero los somete a tal castigo. Plutón, monstruo de grandes labios hinchados, vigila que lo cumplan (Canto VII).
• Quinto círculo. Los iracundos pelean y arremeten unos contra otros, mientras están sumergidos en las aguas pantanosas de la laguna Estigia (Canto VIII).

Los círculos más profundos del infierno, aquellos donde se castigan la herejía y los vicios de violencia y malicia, están dentro de la ciudad de Dite. Esta región infernal se encuentra del otro lado de la laguna Estigia y se halla bajo el resguardo de gigantes y demonios.

Sexto círculo. Sepulcros abrazados en llamas contienen a las almas de los herejes. Papas y clérigos destacan entre los condenados a este suplicio (Cantos IX, X y XI).

Séptimo círculo. Dividido en tres recintos, que castigan tres grados de violencia:
– Los que agredieron al prójimo están dentro de un río de sangre hirviendo (Canto XII).
– Los suicidas, violentos contra sí mismos, fueron convertidos en zarzas y su destino es ser destrozados por las arpías que anidan en ellos. Son las únicas almas que no recuperarán sus cuerpos después del juicio final (Canto XIII).
– Los violentos contra Dios. Hay tres formas de incurrir en este vicio: Violencia contra la naturaleza, hija de Dios; violencia contra el arte, sobrino de Dios, y blasfemia, es decir, violencia contra el propio Dios. Todos estos pecadores caminan bajo una lluvia de fuego (Cantos XIV- XVII).

Octavo círculo. Aquí reciben su castigo los fraudulentos, quienes en vida engañaron al prójimo mediante la seducción, la simonía (el soborno para adquirir oficios o cargos dentro de la jerarquía de la Iglesia), la hechicería, la estafa, la hipocresía, el robo, los malos consejos, la discordia y la suplantación de personas (Cantos XVIII a XXXI).
• Noveno círculo. Contrariamente a lo que imaginamos, la región más terrible del infierno es helada. Tal es la condena para los traidores. En lo más profundo del infierno y sumergido en el hielo hasta la cintura, está Lucifer. El demonio tiene tres rostros y en cada una de sus fauces mastica a un traidor: Judas, traidor de Cristo, y Bruto y Casio, traidores de César (Cantos XXXII a XXXIV).


Hay que notar los rasgos simbólicos de los castigos infernales, mismos que obligan a pagar a las almas por las virtudes que no cultivaron. Los lujuriosos, incapaces de contener el torbellino de sus pasiones, ahora son arrastrados por él. Los suicidas, que atentaron contra su cuerpo, jamás volverán a recuperarlo. Magos y adivinos, que trataron de adelantarse a los acontecimientos, tienen el cuerpo torcido y están obligados a mirar y a caminar siempre hacia atrás. Los traidores son castigados con la misma frialdad con la que tramaron males contra otros.

Penetrando hasta el fondo del último círculo y luego de trepar por las espaldas de Lucifer, Dante y Virgilio salen del infierno y vuelven a contemplar la luz de las estrellas. No hay mucho tiempo para recobrar el aliento. Cerca de ahí se levanta el monte del purgatorio, que también deberán escalar.


Como se puede observar, nada de lo que hoy conocemos como delitos, tanto los que integran el ámbito de la vida privada como la pública, son tan novedosos como muchas veces suponemos. Ya fueron descriptos y ubicados por el Dante en alguno de los círculos del Infierno.

Sirva pues, este comprimido resumen de la obra de Alighieri para abrir nuestras mentes y descubrir que los males que hoy padecemos no son fruto de determinada generación, sino que son inherentes a la misma condición humana, la cual se ha mantenido, sustancialmente, de idéntica forma pese al transcurso de las diferentes etapas de la rica historia del hombre sobre la tierra.

Resumen de la obra extraído de: https://kerchak.com

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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