La oposición denuncia un ajuste que la alta inflación desmiente

OPINIÓN Por
Siete días de política. El peronismo en sus distintas variantes acusa al gobierno de ajustador, a contramano de la realidad. Lo real es que el desborde del gasto sembró dudas sobre el crecimiento futuro
89808_620

En 2017 la inflación rozó el 25%. El problema tiene más de una causa pero la decisiva es el déficit fiscal. Por necesidades electorales el año pasado el déficit superó los niveles del kirchnerismo y llegó al 6% del PBI. Ni el aumento de las tarifas consiguió cerrar la brecha entre lo que se recauda y se gasta. Peor aún, la actualización de los servicios terminó poenciando la suba de precios.

En este marco la dirigencia opositora insiste con un libreto que no le ha dado resultado. Repite que Mauricio Macri ajusta, lo que no sólo no es cierto, sino que, en caso de serlo, sería aceptado como una necesidad por el grueso de la población.

Las mismas encuestas que demuestran que la imagen positiva del presidente cayó 11 puntos desde el triunfo electoral de octubre y que detectan un aumento del pesimismo sobre el futuro económico que llega al 55% de las respuestas, señalan también que una clara mayoría, el 56%, está a favor de la reducción del gasto público, mientras sólo un 28% rechaza la idea.

Pero este visto bueno a la austeridad tiene una condición difícil de cumplir. Los mismos que aprueban el ajuste están abrumadoramente en contra (62%) de la reforma previsional. El problema es que el denominado "gasto social", cuyo item principal es el pago de jubilaciones, supera el 65% del presupuesto. Cortar de otro lado no alcanza. O, puesto en otras palabras, hay muchas manera de pelar un gato, pero ninguna en la que el gato no se de cuenta.

En síntesis, el principal problema del gobierno es económico. Cristina Kirchner perdió el poder cuando quedó encerrada en un cuadro de alta inflación combinada con estancamiento (estanflación). Ese enemigo es el mismo del actual gobierno. En cambio poco debe temer de otro enemigo mucho más vociferante: el peronismo disperso, sin conducción, arrasado por la corrupción y el desconcierto.

El primer problema del peronismo es que no acierta con la agenda; el segundo, que no es confiable. Ambos problemas se sintetizan en Sergio Massa que intentó generar expectativa sobre un posible frente opositor que no excluyese a Cristina Kirchner. Ese frente se ordenaría en torno al repudio de un "ajuste" que estaría aún en una etapa embrionaria, más expresión de deseos que hecho verificable.

"El ajuste diluye las diferencias en la oposición", declaró Massa en medio de anuncios y desmentidas casi simultáneas sobre un posible acuerdo entre la Unidad Ciudadana y su Frente Renovador. Esto lo dijo poco después de que su socia en el Congreso, Graciela Camaño desmintiera cualquier arreglo con CFK.

Este aporte a la confusión general es producto de las contradicciones a las que está expuesto el PJ. Necesita de Cristina Kirchner para dar batalla en Buenos Aires, pero atarse a ella significa dar una ventaja decisiva en el plano nacional. Significa, además, cargar con el desprestigio de la monumental corrupción "K" que todas las semanas suma un nuevo capítulo. Ya va como por la décima temporada.

El último episodio fue sobre la detención del principal sindicalista de la UOCRA de Bahía Blanca con dólares, millones de pesos, armas, drogas y una máquina de contar billetes. En esta oportunidad tampoco faltaron las fotos del dirigente, de apellido Monteros, con primeras figuras "K", como Guillermo Moreno y Máximo Kirchner.

A esta altura es difícil escindir la imagen del kirchnerismo de la de los bolsos con dólares, euros y millones de pesos. Los antecedentes son abrumadores. A los billetes de Monteros se suman los de Balcedo y del abogado de Milagro Sala, la valija precursora de Antonini Wilson cuyo contenido estaba destinado presuntamente a financiar la campaña de CFK, la caja de seguridad con cuatro millones de dólares de Florencia Kirchner, los bolsos de José López, los fajos de Martín Báez contados en La Rosadita, la caja de seguridad escondida en el dragón de hojalata del country Abril, los billetes del barrabrava de Independiente sobre un paños de billar, etcétera.

Hasta la sociedad menos moralista difícilmente pueda cerrar los ojos ante semejante espectáculo. A lo que se suman las amenazas de los sindicalistas. Patoteos como el de Luis Barrionuevo (marido de Camaño) profetizando el derrocamiento del gobierno si van más sindicalistas presos no puede sonar sino a música en los oidos del gobierno. Más sin son aplaudidas por personajes como Luis D"Elía. Conclusión: bajo las presentes circunstancias sólo la economía puede derrotar a Macri. Sigue siendo su único frente vulnerable.

Fuente: La Prensa

Te puede interesar