MIRADAS QUE REFRESCAN

EDITORIAL Por
El verano castiga con furia, muchos miles de usuarios de la electricidad sufren cortes y eso los pone de mal humor. Pero no hay que dejarse ganar por el pesimismo: La luz se verá pronto al final del túnel. Sólo hay que esperar al segundo semestre
Macri fernet

Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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Alberto Schuster, Director de la Unidad de Competitividad de la consultora Abeceb afirma en un artículo publicado en Ambito.com que lleva por título Reformas: un esfuerzo de los jubilados para con el futuro:

“El proceso parlamentario de las modificaciones al sistema de ajuste a las jubilaciones, de la reforma tributaria y el presupuesto de 2018, así como del Consenso Fiscal y su adhesión por la Provincia de Buenos Aires y, finalmente, la alineación de las metas de inflación del BCRA con la política fiscal, reveló que algunas nuevas realidades se avizoran y dan lugar para el optimismo”.

Es bueno encontrar expertos con pronósticos optimistas, aunque reconozcan que si alguien saca las papas del fuego serán los que menos tienen y menos ganan.

La publicación aparece el mismo día en que el ahora insospechado INDEC nos dice que la inflación de diciembre pasado a nivel nacional alcanzó la espeluznante cifra de 3,1. Y para la CABA y Gran Buenos Aires se empinó hasta el 3,4. Anualizados estos valores nos darían 44 y 49 por ciento, respectivamente para el 2018.

El presidente que supo decir “Bajar la inflación es lo más fácil”, y que después se vio obligado a corregirse con “Tenemos algunos problemas con la inflación” ahora no le quedará más remedio que declarar algo así como “No la vemos ni cuadrada”.

Pero eso es un detalle, sabemos que él pone el hombro en el campo de golf, porque hay que saber colocar una pelotita cerca del hoyo a 200 metros de distancia, ni hablemos de embocarla. Así que en eso de poner el hombro está haciendo el mismo esfuerzo que el estibador del puerto o el que baja la media res del camión.

El asunto es que si uno quiere ser objetivo tiene que analizar esos números inflacionarios. Porque tenemos un dato alentador al respecto: la inflación núcleo fue de apenas del 1,7 en diciembre. ¿Y qué significa esto? Nada más y nada menos que el índice de precios al que se le sacan los productos que más aumentaron, dejando aquellos que son más estables y no sujetos a variaciones abruptas.

Entonces podemos tranquilizarnos, porque es medición, para diciembre, da apenas de 1,7%. Anualizado, resulta 22,4% para el 2018. No será el 15 que aseguraron Peña, Dujovne, Caputo y Sturzenegger, pero daría menos que el 24 y fracción del 2017. Algo es algo.

De acuerdo a los datos del INDEC, “la suba de diciembre, la más importante de 2017, estuvo impulsada por un aumento promedio de 17% en las tarifas de luz, gas y otros combustibles. Este mismo rubro subió 55,6% a lo largo del año pasado, seguido por un alza acumulada de 34,1% en comunicaciones y 31,5% en educación, entre otros”.

¿Se habrá dado cuenta Schuster que esos productos y servicios son justamente aquellos para los que se anunciaron categóricos ajustes también para el corriente año?

Para colmo, el petróleo, que a principios de octubre transitaba por los 50 dólares el barril, se disparó, y cerró ayer a 63,50. Y el ministro Aranguren quiere que los argentinos paguemos el precio internacional por los combustibles, y eso complica un poco las cosas.

Lo que sucede es que el INDEC, para que uno no diga que publica estadísticas tramposas como las que daba a conocer en los días de Guillermo Moreno, no cuenta en el índice bienes de consumo popular, como los autos importados, que bajaron de precio porque les quitaron un impuesto del 10%.

De todas formas, dados los avances tecnológicos y por tener su principal insumo gratuito, las empresas de energías renovables seguramente podrán ir bajando los precios de la electricidad; paulatinamente, claro, porque primero tendrán que amortizar los cuarenta y pico de millones de dólares que les pagaron a los familiares y amigos del presidente, los que jugándose a que ganaban las elecciones compraron los proyectos a buen precio y ahora se las vendieron agregando su justa y lógica ganancia.

Como dijo Duhalde un día: “Estamos condenados al éxito”. Suscribo por lo menos la primera parte: estamos condenados!

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