OJO CON LAS INVERSIONES DE AFUERA: SI NO LLEGAN ES MALO PERO SI LLEGAN PUEDE SER PEOR

EDITORIAL Por
Hay que estudiar muy bien lo que se esconde detrás de las frases hechas con las que moldea la mente de la ciudadanía para naturalizar esquemas antinacionales
MACRI INVERSIONES

Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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La lluvia de inversiones no se produjo. Esto lo dice todo el mundo, así que es un hecho indiscutible. Apenas hay vagas promesas, y una movida en el campo de las energías renovables, que -hasta ahora- solamente sirvió para hacerle ganar unos treinta millones de dólares a las empresas de la familia Macri sin mover un dedo, salvo los que se requieren para firmar papeles.

Más bien se acentuó la sequía: según un estudio del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad de Avellaneda, que rescata Ámbito.com

Números contundentes

“En concepto de inversiones productivas externas ingresaron al país en 2017, teniendo en cuenta el acumulado de los primeros tres trimestres, unos u$s 8.280 millones, lo que representa una merma del 14% frente a los u$s 9.577 millones registrados en igual período de 2015, subraya el informe en base a datos publicados por el INDEC”.

El 2016 fue un año catastrófico de cualquier modo que se mida, pero eso le vino bien al gobierno, porque le permite decir que el país está en franca mejoría.

La inflación en 2017 bajó respecto de 2016, por ejemplo. Y esto permite mostrar que respecto a los primeros nueve meses de 2016, en cambio, existe una suba de 4.593 millones de dólares. Lo real es que las cuentas están peor que en 2015, el año que -según lo que los expertos de marketing de Cambiemos le vendieron a la ciudadanía- “el país estaba a punto de estallar”.

No todas las inversiones son iguales

Hasta ahora, los análisis publicados en los grandes medios, se refieren a dos categorías de inversiones: las productivas y las especulativas. Estas últimas son las que alimentan la bicicleta financiera, y solamente sirven para que los capitalistas del exterior sigan ordeñando una vaca que ya no da más.

Entran dólares y luego salen más dólares, porque las ganancias son pingües y seguras. Se les ofrece a los “inversores” que cambien sus dólares por pesos y los pongan en títulos argentinos que pagan un interés de terror, como las LEBAC. Y mientras tanto se les mantiene una paridad fija, de modo tal que cuando deciden retirarse (si saben hacerlo a tiempo) se lleven una carrada de dólares extra. ¿Y de dónde salen esos dólares?

Ellos son los que Nicky Caputo diligente y denodadamente pide prestado a tasas bien saladitas, y que pagaremos nosotros y nuestros descendientes durante los próximos cien años.

Pero es bueno no quedarse con esta división, que -con semejante contraste- hace quedar a la inversion productiva como un regalo de los dioses. Porque hay inversiones muy distintas en ese paquete.

Si alguna empresa decide instalar en la Argentina una fábrica de baterías de litio, aprovechando que ese curioso metal que flota en el agua abunda en el Noroeste de nuestro país, sería digna de la mejor bienvenida. Porque esas baterías se requieren en todo el mundo y producirían un boom de las exportaciones.

Pero eso no ocurre. Sí hay empresas que extraen el litio y se lo llevan dejando unas monedas para construir las baterías en otros pagos.

Pero los que vienen a invertir a estas tierras son los que venden hamburguesas y otras comidas rápidas. Y esos no exportan nada, sino que obtienen grandes ganancias en pesos que luego cambian a dólares que se van prestamente más allá de nuestras fronteras. O compañías de seguros que hacen lo mismo sólo que lo que se llevan son euros.

Y así las divisas que siempre son escasas y ahora más que nunca porque las únicas que entran son las que nos mandan prestadas los usureros internacionales desaparecen, dejando el insondable agujero de la deuda.

Esto no es lo que sale a la luz de la discusión pública. Lo que a la gente se le muestra es un numerito llamado “riesgo país”, que le da a los inversores una idea de cuánto y a qué tasa se le puede prestar a la Argentina.

Y aunque el país está fundido, con un déficit externo este año de treinta mil millones de dólares, el riesgo país está mucho más bajo que en años anteriores. En las épocas en que los gobiernos kirchneristas achicaban -y mucho- la deuda, pagando los compromisos puntualmente y hasta por adelantado.

(Caso fondos buitres aparte, porque ellos iban por todo, renegando del acuerdo alcanzado por Néstor con el 93% de los tenedores de bonos, y esperaban a Macri, que les pagó más de lo que pedían)

Pero el default no es un problema para los fondos buitres. Al contrario, es lo que les conviene. Porque los que sufrieron la pérdida no fueron ellos sino los pequeños ahorristas que compraron los bonos inicialmente y luego se los vendieron por chirolas a ellos que ganaron un fangote. Tanto los que se conformaron con el 30% del acuerdo como los que después cobraron full, con Mauricio.

En fin, la única solución que aparece a la vista para salir del atolladero está contenidas en la muy sabia recomendación de Aldo Ferrer: “Vivir con lo nuestro”.

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