ESTALLÓ EL VERANO: HAY QUE TOMAR LA GRIETA CON SODA

EDITORIAL Por
Con máximas de cerca de 40 grados lo mejor es relajarse y pasarla bien. Ya habrá tiempo para sacarse los ojos. Por el momento que sigan los brindis
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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Si algo hay dañino para la mente hoy por hoy es la lectura de las noticias. Afecta más a quienes ahondan en la materia de que trate el artículo y menos a quien se queda con los titulares y se conforma con consultar un medio solamente.

Pero nos hace sentir a todos lo que se experimenta en esas casas trucadas en las que el agua corre hacia arriba o las personas cambian de tamaño cuando se desplazan de un lugar a otro. En Carlos Paz hay una, vayan y vean.

Días atrás un titular nos decia “El Gobierno renovó el programa Precios Cuidados y se sumaron 50 productos”. Y otro al mismo momento titulaba “Precios cuidados sigue, pero pierde productos”.

Entonces uno dice: “Esto no puede ser, me agarran de gil”. Pero voy a dilucidar este asunto ahora mismo, se promete. Y va al super más cercano, donde no encuentra nada referido a precios cuidados sino que, leyendo los cartelitos, se va dando cuenta de que hay que cuidarse con los precios.

Y ve a un muchacho acomodando latas en la góndola y le pregunta: “No se -es la respuesta- yo soy repositor de productos Goliat”. Pregunte en el mostrador de servicio al cliente.

Hacia allí vamos y nos dicen “Qué? ¿Cuidados? Noooo, no seee, mire por ahí, a nosotros no nos dijeron nada.

Bueno, en todo caso nos enteramos de que el programa creado durante el kirchnerismo perduraba. Algo es algo.

La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad

Indudablemente, la ciudadanía se alivió cuando asumió un presidente que dijo que iba a hablar con la verdad. Atrás quedarían las mentiras de Guillermo Moreno, que decía que la inflación era 10 cuando a todo aquél que medía -el Congreso, los gremios, las provincias- le daba 25. O la de la mismísima presidenta que aseguraba que los argentinos eran menos pobres que los alemanes.

No, ahora se iba a saber la verdad, aunque doliera. Macri dijo que bajar la inflación era lo más fácil, y todavía sostiene que está bajando.

¿Que se disparó como loca en los dos últimos meses? Bueno, no podemos buscar los pelos en la leche ni la quinta pata al gato. Si las autoridades dicen que baja es porque baja. Ahora tenemos un gobierno confiable. Un gobierno que nos dijo que iban a llover las inversiones. Sí, es cierto, no llovió nada, pero ya se sabe como son los pronósticos meteorológicos. No se le puede apostar un pleno, porque se basan en modelos probabilísticos.

Qué curiosa la conducta de los argentinos. Por lo menos los que votaron a Macri. Salían con las cacerolas a pedir que saquen los subsidios porque estaban hartos de que el gobierno les diera plata a choriplaneros y chinitas que se hacían embarazar para cobrar unos pesos.

Ahora que no se subsidia más a los transportes ni a las empresas de energía, la gente protesta. ¿Será porque simplemente le obliga a estirar el sueldo o porque se da cuenta de que los choriplaneros eran ellos?

Macri prometió pobreza cero. Eso implica la combinación de varias circunstancias: tener empleo, ganar más que antes y pagar menos por lo que uno compra. Las dos primeras no se vienen cumpliendo. Hay muchos despidos y no se generan nuevas fuentes. Por otro lado los salarios van bastante por debajo de la inflación. Pero la tercera sí se cumple.

Al menos parcialmente. El gobierno eliminó la primera franja de los impuestos internos a los autos, que era de 10%: “Su anulación equivaldría a una reducción de entre el 7 y el 8 por ciento en el costo del vehículo” dice la noticia. O sea que el pobre queda más cerca del auto de alta gama. Por algo se empieza.

Feliz verano.

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