Los últimos días de María del Rosario Vera hallada calcinada dentro de un volquete

POLICIALES Por
Se llamaba María del Rosario Vera, tenía 23 años y cuatro pequeños hijos. La quemaron después de matarla. Investigan los móviles
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"Cuando dieron en el noticiero la descripción del cuerpo que encontraron en el volquete nos dimos cuenta de que era «Sico»". Alberto, uno de los hermanos de María del Rosario Vera explicó con esas palabras la forma en que el jueves a la noche tuvieron el primer indicio de que el cuerpo hallado incinerado y hallado en el contenedor era el de su hermana de 23 años al que cariñosamente llamaban con el apodo de "Sico". La joven mujer tenía cuatro hijos, de entre 2 y 8 años y estaba separada de su concubino, un hombre en conflicto con la ley penal que está bajo prisión domiciliaria y bajo control de una tobillera electrónica. Vivía en una humilde casa, en las entrañas de un pasillo que se abre en Felipe Moré y Amenábar, a cien metros de donde apareció su cuerpo. "No sabemos nada de lo que le pasó. La última vez que la vimos fue el miércoles, que vino a la casa de mi mamá (en inmediaciones del Fonavi de bulevar Seguí y Rouillón) y la vimos bien. Esta semana ella estaba sola porque a sus hijos les tocaba estar con el papá", explicó el hombre.

Alberto y un grupo de familiares dialogaron con este diario en la vereda de la casa de sus padres, en inmediaciones de la escuela Nº 1276 "Martha Alcira Salotti", en los confines del Fonavi de Rouillón y Seguí, en la zona sudoeste de la ciudad. La familia Vera contó que luego de ver en la televisión el informe fueron hasta la comisaría 19ª para hacer una denuncia por averiguación de paradero. Pero allí los policías los remitieron a la Fiscalía Regional. Tras ello, ayer a primera hora una hermana de "Sico" y una sobrina la reconocieron en el Instituto Médico Legal "por la ropa que llevaba". Al respecto, la muchacha recordó: "Mi abuela le había regalado el pantalón que llevaba puesto".

"No sabemos quién fue"

El reconocimiento del cuerpo llevó un alivio parcial a los Vera, una familia oriunda de la ciudad misionera de Oberá que tenía diez hijos, entre ellos María del Rosario. "Sabemos que es ella la muchacha del volquete pero no sabemos quién fue el que le hizo esto, no sabemos quién y por qué la mató", indicó una de las sobrinas de la muchacha asesinada.

"Ella era una mujer muy reservada. Hablaba sólo con mi abuela y tampoco era de contar demasiado lo que le pasaba", perfiló otra sobrina. "Mi hermana era una mujer muy confiada, ingenua, buena, casi al límite de lo boluda, con perdón de la palabra. No sería extraño que haya quedado en una situación a la que llegó por sentirse confiada", describió otro hermano. A poco de dialogar con los Vera se observa la matriz de laburantes de los familiares. No escondieron que María tuvo en algún momento de su vida problemas de adicción, "pero se recuperó", según estimó su hermano Alberto. Y tampoco negaron que el padre de los hijos de María del Rosario está con prisión domiciliaria y tobillera electrónica.

María del Rosario no tenía trabajo y vivía de planes sociales de economía popular. "Ella vivía del plan social, ese que te pagan 4 mil pesos pero vos tenés que trabajar o estudiar (Programa de Transición al Salario Social Complementario). En ese marco, su asistente social le consiguió comprar una casa con un subsidio. La plata no le dio para más que una humilde casa en uno de los pasillos en Amenábar y Felipe Moré, casi junto a la vía, que no es una zona muy linda. Ella quería vivir más cerca de acá (por la casa de sus padres), pero la plata no le alcanzó para más. Ahí vivía desde hace tres meses", indicó uno de sus familiares.

Según su familia, María del Rosario pasó la Nochebuena en la casa de sus padres con sus cuatro niños, pero cuando regresó a su vivienda de villa Banana quisieron entrar a robarle. La mujer salió entonces a los gritos pidiendo auxilio y eso espantó a los ladrones. "Sabemos que eso pasó pero desconocemos si ella hizo la denuncia. Llamó al Comando Radioeléctrico por eso", explicó Alberto.

La última vez

La fiesta de fin de año la mujer la pasó con amigos y los hijos quedaron bajo la tenencia del padre según el acuerdo que tenía la pareja. "La última vez que la vimos fue el miércoles (3 de enero). Ella vino de mi abuela a la tarde y yo la vi que discutía con alguien por celular. Pero ella siempre que hablaba por teléfono parecía que discutía. Después se bañó y se fue. Ya no la volvimos a ver y tampoco supimos más de ella", recordó una sobrina.

"Yo la llamé más tarde desde el teléfono fijo de mi mamá, pero no me contestó. Pero no era anormal que no contestara, porque era medio colgada", recordó Alberto.

"Mi tía era muy reservada y es muy poco lo que sabemos de su entorno, de sus amigos. Queremos que se sepa quién le hizo esto, que haya justicia. No queremos que quede como el caso de «la piba del volquete» y no se investigue porque era pobre. Queremos que la persona que le hizo esto a «Sico» lo pague. Ella no merecía un final así", reflexionó uno de los parientes que se acercó a hacer la vigilia a la casa de los padres de la muchacha, que comenzó a ser velada ayer a la tarde.

Desde la Fiscalía Regional se indicó que existen medidas en reserva tendientes a identificar a él o los matadores de María del Rosario Vera. Muchas preguntas quedan por responder en un territorio difícil donde los vecinos se han acostumbrado a la resolución violenta de los conflictos y a la normalización del delivery de venta de drogas. Un lugar donde los residentes aprendieron que el equilibrio para el buen vivir está en escuchar mucho y hablar poco.

Los vecinos del barrio donde hallaron a María del Rosario contaron que alguien llevó el cuerpo en una carretilla hasta el volquete la misma mañana del jueves, lo tiró envuelto en una frazada como si fuera basura y luego le prendió fuego, lo que invadió de un olor fétido el lugar. ¿Quién pudo hacer ese movimiento sin que ningún vecino pueda identificarlo? ¿Quién cuenta con ese poder en un lugar donde se han normalizado las balaceras con muertos y heridos? Esa es la respuesta que deberán averigüar los pesquisas.

Fuente: La Capital

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