LAS CINCUENTA SOMBRAS DE MACRI

EDITORIAL Por
En los días que corren parece exagerado pedir hasta lo más elemental. ¿Puede funcionar el sistema institucional cuando no existe entre sus protagonistas un mínimo de honestidad intelectual?
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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En el gobierno hay muchas preocupaciones: el presidente y sus funcionarios se pintan una sonrisa congelada cuando se refieren a la economía: desde casi todos los sectores les están diciendo y mostrando que el país se encamina aceleradamente al desastre.

El mismo Mauricio Macri, creyendo que habría de tranquilizar a alguien con la expresión, dijo que bajo ciertas condiciones no habría un estallido. Por cierto que no tardaron en levantarse las voces de alarma. Los argentinos no somos tontos en eso de interpretar lo que se dice. Y reformulando la frase nos encontramos con que si esas condiciones -que no dependen todas del gobierno- no se cumplen, el estallido estaría a la vuelta de la esquina.

La administración Cambiemos se instaló en el poder con escaso margen, y se sostiene de la misma manera. A pesar de ello se embarcó en un proyecto de cambiar al país y sus habitantes de un modo impensablemente drástico. Sin saber muy bien hacia donde iba, como lo

reveló aquella declaración de que “estamos aprendiendo sobre la marcha” formulada por el ministro Aranguren en el Senado ante el cuestionamiento que se le hizo por la implementación de las políticas tarifarias.

El argumento de la pesada herencia se fue debilitando con el tiempo y la realidad. Porque nadie en el oficialismo fue capaz de explicar en qué consistía. Obviamente el problema no estaba en la deuda externa, que se iba pagando salvo el remanente en poder de los fondos buitres que se negaron a sumarse a la reestructuración aceptada por la inmensa mayoría de los acreedores y se jugaron -con éxito- a esperar un gobierno más amigable para con sus demandas. Un gobierno que llevaría a incrementar la deuda a niveles record en el mundo.

Tampoco estaba en el desempleo, que se mantenía bajo si bien el Estado absorbía parte de la oferta laboral con programas de gran impacto social como los de salud y tecnología. Para la oposición de entonces, que pertenece y/o adhiere al oficialismo de hoy, se trataba de vagos y mantenidos que vivían a costillas del pueblo. Pero cuando se hicieron del manejo del Estado cerraron esos programas y despidieron a sus trabajadores, reemplazando esos puestos por otros muchísimo mejor remunerados, ocupados por burócratas ministeriales que -casualidad- fueron ocupados por parientes, amigos, amantes y allegados a los funcionarios. Resultado: más carga fiscal y menos prestaciones a la ciudadanía.

Ni en la pobreza está la pesada herencia, porque durante los años kirchneristas se la pudo bajar desde un 52%, en 2003, hasta un 30% en 2015, y volvió a escalar desde entonces.

En fin, con cualquier cotejo numérico en contra, el presidente y los miembros de su equipo recurren a vaguedades como “nos abrimos al mundo”, “recuperamos el crédito”, y cosas por el estilo, que, bien analizadas, están lejos de significar logros y son más bien perjuicios para el país.

En economía, el gobierno encuentra sus mayores críticos en lo que deja a la derecha del espectro. Melconian, Espert, Miley, Cachanosky y ahora Juan Carlos de Pablo advierten que marchamos hacia el colapso. Y a ellos no se los puede criticar, por afinidad ideológica.

La solución elegida para enfrentar la acelerada pérdida de popularidad que sufre el gobierno es -una vez más- acusar a Cristina y a la oposición. Pero entre los violentos que acosaron a -o se defendieron de- las fuerzas represivas solamente se encontró a militantes de organizaciones que nada tienen que ver con el kirchnerismo, y policías disfrazados de manifestantes. Por el contrario, fueron legisladores de la oposición quienes resultaron víctimas de agresiones con gas pimienta y palos por las fuerzas de seguridad.

En Infobae, Eduardo Aulicino escribe una nota encabezada por este título y copete: “La ex presidente necesita cambiar el clima social y esmerilar a Macri frente a su difícil cuadro judicial. El kirchnerismo logró encabezar la oposición frente a la ley de jubilaciones. Pero volvió a aislarse por su cerrado rechazo a todos los proyectos del Gobierno”.

En el mismo portal, Dardo Gasparré, sostiene -más retorcidamente imposible- que “Nadie sabrá nunca con certeza si el peronismo kirchnerista está detrás del origen de estas violencias de hoy, aunque la violencia ha estado siempre presente en el herramental del peronismo”

Y agrega luego “Pero sí es cierto y probado que el kirchnerismo usó a la violencia, la atizó y se coordinó con esa violencia para impedir la formulación de leyes”.

En fin, para cuando la presión de los hechos -bola de nieve del endeudamiento, imposibilidad de contener la inflación, crecimiento de la pobreza, recesión, clamor popular por soluciones- acorrale al gobierno se intentará responder cargando culpas a un kirchnerismo al que, por otra parte, se considera en franca y rápida disolución. Todo apunta hacia momentos difíciles para el país y sus sufridos ciudadanos.

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