¡¡¡ FELICES FIESTAS !!!

Que nuestras diferencias ideológicas no opaquen la inemnsa felicidad de vivir en un país dónde no existen odios raciales ni religiosos
champagne+cheers

Hoy es Noche Buena y mañana es Navidad y en la Argentina y en muchos países del mundo dónde se profesa la fe católica, sus fieles se preparan para festejar la fecha más importante del calendario, y quienes no pertenecemos a esa grey, pero tenemos pareja, familiares, amigos, vecinos y simples conocidos que sí pertenecen a ella, también nos sumamos a este estado generalizado de felicidad que invade a todos, de manera diferente, por igual.

La gran apertura interreligiosa, que desde hace unos años ha cobrado mayor protagonismo en el seno de nuestra sociedad, ha logrado salvar diferencias que se mantuvieron entre las personas por más de veinte siglos. Sí, dos mil años de una enorme, inmensa, cruel, intolerante, brutal, desquiciada, estúpida y absurda “grieta” que se “trago”, casi literalmente, la vida de cientos de millones de personas.

Desde las Cruzadas, pasando por el Santo Oficio de la Inquisición, las guerras religiosas, los cismas de la “Reforma”, hasta los pogroms del siglo XIX y los grandes genocidios del XX, una parte de la especie humana ha justificado todo tipo de atrocidades en contra de otra parte de individuos de su misma especie sólo por pensar de manera distinta, por tener una idea diferente de la vida, por creer en la existencia ,o no, de un Ser Supremo con otro nombre.

No voy a decir que la barbarie de estas acciones humanas es historia, puesto que aún perduran en muchos pueblos que no han podido solucionar sus diferencias y tener una convivencia pacífica y fructífera. Todos los días amanecemos con un nuevo atentado terrorista, con la noticia de alguna calamidad producida por los hombres en contra de otros hombres en un punto del planeta. Sin embargo, lo que hasta hace tan sólo 80 o 100 años, casi un suspiro en la larga vida de este planeta, era algo casi normal, natural, como el segregacionismo religioso, la esclavitud, la negación de los derechos civiles de la mujer, las Leyes Raciales de Núremberg y tantas otras formas que hemos conocido de división entre la humanidad, formas que todavía pueden ser contados en primera persona por aquellos que las han padecido y aún viven, configuran un escenario extraño para las nuevas generaciones que serán los hombres y mujeres de un mañana que está a la vuelta de la esquina.

Entonces, si la humanidad a podido sellar “grietas” tan grandes y profundas, “grietas” dos veces milenarias, ¿cómo no vamos a tener, específicamente los argentinos, la suficiente capacidad como para cerrar nuestra propia y muy particular “grieta” política y social, teniendo en cuenta que tan sólo se trata de una manera diferente de ver y de pensar al país?

Decir que la Argentina tiene enormes recursos naturales, que su territorio ha sido bendecido con todos los climas, que su subsuelo esconde incalculables riquezas, que su litoral marítimo es inmenso, que es dueña del reservorio más grande de agua dulce del mundo, etc., etc., es algo conocido por todos los que habitamos en ella y envidiado y codiciado por el resto del planeta. Pero Argentina tiene una riqueza mucho mayor y más importante: es un país en dónde a nadie se le pregunta, para estudiar, para trabajar, para hacer amigos, para transcurrir su vida diaria en qué Dios creé, a qué religión pertenece.

Los Argentinos somos muy propensos a hacer comparaciones. Y así, comparamos los adelantos tecnológicos de otros países, sus autopistas impecables, la pulcritud de sus edificios públicos, sus sistemas educativos, etc., etc. Eso sí, nos olvidamos que nos llevan más de mil años de ventaja en cuanto a la conformación de sus sociedades y, así y todo, sufren grandes problemas que, vistos con más detenimiento, hacen opacar esa aparente brillantez que nos reflejan a la distancia. Los conflictos con los cientos de miles de refugiados son uno de ellos, y sólo para nombrar ejemplificativamente al que tiene la mayor publicidad.

Asimismo, habrá que reconocer que los países más adelantados del planeta tienen algo, muy bien aceitado, que los argentinos adolecemos y sólo le damos su debida importancia cuando recordamos que es un elemento esencial para la vida en sociedad: un sistema judicial que funciona a la perfección.

La lista de hechos y actos ilícitos, que de manera tan soliviantada se naturalizan en este país, pero que en los países del primer mundo configuran gravísimas faltas que afectan a todo el sistema en general sería larguísima de detallar, pero, como bien reza el dicho popular, “para muestra basta un botón”, solamente señalaré que una infracción de tránsito, es decir una mínima transgresión al ordenamiento jurídico según nuestra muy particular manera de interpretar el debido apego a la ley, se constituye en una falta gravísima y con consecuencias que pueden llegar hasta la prohibición de conducir vehículo alguno. De lo descripto precedentemente, al castigo por fraude en la función pública u otro tipo de hecho tipificado penalmente hay un solo paso.

Esto último, quizá, sea a lo que debemos, más enfáticamente, direccionar nuestra mirada, para comprender, a la vez que internalizar, la manera en que el valor de lo ético, lo moral y, obviamente, lo justo campea en todo lo relacionado a la vida en sociedad.

Y retomando lo que decía en al principio de esta nota, los argentinos debemos sentirnos orgullosos de vivir en una sociedad sin odios raciales ni religiosos. La “grieta” que hoy nos divide, ideológicamente, no es comparable, ni mucho menos, con aquellas grandes “grietas” que son la parte más negra de la historia de la civilización humana.

Nuestra “grieta” se va a ir cerrando a medida que comprendamos y tomemos plena conciencia de que no existen diferencias políticas ni ideológicas insalvables cuando el grueso de la sociedad se concentra en solucionar sus problemas de manera pacífica. Ese es el compromiso que debemos asumir y esa es la meta a la que tenemos que dedicarle nuestros más grandes esfuerzos.

Para finalizar, vaya desde esta página y desde el lugar que ocupo en ella, mi saludo más fraternal para todos los lectores, y para todo el pueblo argentino, con mi deseo de una muy ¡¡¡feliz Navidad y un próspero 2018!!!.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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