A la vuelta del medioevo

OPINIÓN Por
El fallo de la Corte Suprema de Justicia ha enterrado -al menos por ahora- los intentos de reinstaurar la educación religiosa en las escuelas públicas
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Algunas veces ocurren cosas sorprendentes. Que en el siglo XXI siga existiendo gente que defienda la educación religiosa en las escuelas públicas es algo que entra en esa categoría. Afortunadamente existen ciertos mecanismos institucionales que -aunque pesados y burocráticos- funcionan en beneficio de la población.
Ayer se conoció el fallo de la Corte Suprema sobre la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. La pelea que el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, intentó dar frente al máximo tribunal le significó una derrota jurídica que se suma a la derrota política de octubre.
Católico practicante pero divorciado y casado en segundas nupcias, Urtubey supo ganar el apoyo de una iglesia que aún mantiene intacto su poder de lobby. En el año 2008, recién llegado a la gobernación, impulsó una nueva ley educativa que llevó la educación religiosa a las aulas de las escuelas públicas.
Con su fallo de ayer la Corte Suprema enterró -al menos por ahora- el planteo salteño. Si bien no rechazó la posibilidad de aprender religión en la escuela, entienden que eso hace referencia al espacio físico, pero fuera de la currícula oficial o del horario de clase.
La posición mayoritaria (porque el juez Rosatti tuvo una disidencia parcial y el juez Rosenkrantz se apartó por haber formado parte de la asociación que defendió a los damnificados) fue aquella en la que se entiende que las religiones deben explicarsecomo fenómenos históricos y culturales, accediendo a información neutral y sin expresar preferencias de una sobre otra.
Lo más duro del fallo fue la posición en contra de la obligación de los padres de llenar un formulario escrito expresando de manera unívoca cuál era su religión y si deseaban que sus hijos recibieran educación religiosa en la escuela.
Esto -que parece inofensivo- es una clara violación a la libertad de pensamiento y al derecho a la intimidad, por entender que la vida espiritual es propia de la vida privada. Es conocida la historia de cómo el nazismo se valió de la información censal obtenida antes de la guerra para iniciar sus políticas de exterminio masivo.
La inclusión de la religión en la currícula oficial generó un problema institucional grave, porque los alumnos que no pudieran acreditar la materia no podían finalizar sus estudios y obtener un título. Otro elemento que se sumó a esto fue que la acreditación de la capacidad para enseñar religión en las escuelas provenía de la misma institución que propició la llegada de este tipo de enseñanza a la escuela, la iglesia católica.
Finalmente, la corte entendió que esta situación ponía a una religión sobre las otras, poniendo a quienes las profesan en inferioridad de condiciones respecto a quienes forman parte del culto mayoritario. Esa situación expone a los alumnos y a sus familias a la necesidad -muchas veces- de esconder su verdadera religión (o la falta de la misma).
Esta vez, a diferencia de tantas otras, primaron los valores fundamentales de la Constitución Nacional y el espíritu liberal de quienes la redactaron. El pensamiento tradicional y religioso es un ancla al medioevo, mientras que la racionalidad es un puente al futuro. Afortunadamente la corte, ayer, decidió recuperar el rumbo y dejar la oscuridad un poco más lejos.

Fuente: Alfil Dairio

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