El reformismo PRO arrancó con suerte desigual en el Congreso

OPINIÓN Por
Siete días de política. Naufragó la reforma laboral. Avanzó la previsional y el pacto con los gobernadores sobre coparticipación y ajuste fiscal. La polémica que abre la desaparición del submarino San Juan
88412_620

Los pactos de Mauricio Macri con gobernadores y sindicalistas debutaron en el Senado, donde el balance del poder no es favorable al presidente. Enfrentaban una prueba de fuego: debían probar si habían sido diseñados con solidez suficiente para atravesar una Cámara en la que el oficialismo es minoría y el peronismo está anarquizado. También ponían a prueba la capacidad de operación parlamentaria del macrismo. El resultado fue desparejo.

De los cuatro proyectos en juego avanzaron tres, que lograron en forma meteórica el correspondiente dictamen de comisión. Fracasó uno, cuyo tratamiento quedó postergado "sine die".

Los que progresaron fueron los acordados con los gobernadores. El de "consenso fiscal", por el que se distribuye la recaudación con una ganancia de unos 70 mil millones de pesos para las provincias en los próximos dos años; el de responsabilidad fiscal, por el que los gobernadores se comprometen a contener el desborado gasto público de sus jurisdicciones; y el de reforma previsional, que modifica la fórmula de ajuste de las jubilaciones para que el Tesoro Nacional se ahorre unos 90 mil milones de pesos anuales.
Estos proyectos avanzaron por dos razones. La primera es que los gobernadores peronistas fueron al Senado a poner la cara. Habilitaron de esa manera a los senadores peronistas a levantar la mano. El presidente del bloque del Frente para la Victoria, Miguel Pichetto, se los agradeció explícitamente. Le ahorraron mucho desgaste interno.

¿Por qué hicieron eso los mandatarios provinciales? Por la segunda razón: esperan cobrar. En el reparto Macri les cedió muchos recursos con el objetivo de que María Eugenia Vidal se lleve la mayoría. En suma, el que cobra, paga. El reparto se hizo con cargo a los jubilados, cuyos haberes en el futuro sufrirán una merma gracias al nuevo cálculo de actualización.

La reforma que fracasó, en cambio, fue la laboral porque los sindicalistas no fueron al Congreso, sino al Vaticano para ver al papa Francisco, la oposición tal vez más perseverante que hoy enfrenta Macri. La reforma que firmaron no resigna derechos laborales (en reserva los gremialistas la consideran "light") pero tampoco les deja nada para cobrar a los dirigentes aparte de los beneficios de un eventual blanqueo. En resumen, no cobraban, no tenían interés, no fueron.

Quedó a la vista que la conducta de cada sector funcionó de acuerdo con intereses cuantificables. La operación política en el Senado fue un capítulo aparte.

Pichetto intervino directamente en el caso de las reformas que interesaban a los gobernadores. El punto más delicado era el recorte a la actualización jubilatoria y lo sorteó con una maniobra impecable. Propuso una nueva fórmula, que no variaba sustancialmente de la original y fue aceptada de inmediato por el gobierno a la vista de todos los presentes. Rapidez, transparencia, eficacia. Los dictámenes quedaron firmados en 10 minutos.

La contracara fue la reforma laboral. Pichetto acusó a los sindicalistas de no hacerse cargo del pacto con el gobierno y a los Moyano de jugar a dos puntas. Se alejó de un problema político que podía convertirse en radicativo. Tomó la posta el macrismo y como la "operación" de este sector en el Senado es menos que nula, la reforma se cayó. Todo dependerá en el futuro de la capacidad de la Casa Rosada de encuadrar a los caciques sindicales. Herramientas no le faltan; habrá que ver si tiene interés.

Al margen del "reformismo permanente" que comenzó a dar sus primeros pasos en el Congreso, en los últimos días monopolizó la agenda mediática la desaparición del submarino ARA San Juan. La incertidumbre sobre el destino de la nave cambió el jueves al difundirse datos de una explosión a bordo y un final trágico para la tripulación.

Al día siguiente el presidente apareció en público para ponerse al frente de la situación. Ya habían comenzado a aparecer en los medios acusaciones a la Armada, al ministro Oscar Aguad y hasta trascendidos de una purga en la fuerza. Lo habitual: todavía no se había encontrado la nave, pero ya habían encontrado a los supuestos culpables.

Al margen de los intentos de aprovechamiento político, el hecho plantea una polémica que podría acelerarse: qué hacer con las Fuerzas Armadas. Rivales durante medio siglo de los políticos en la lucha por el poder, a partir de 1983 fueron marginadas y desfinanciadas. Hoy carecen de función, porque son inoperables. Habría que encontrarles una o disolverlas.

fUENTE: lA pRENSA

Te puede interesar