YO ARGENTINO

EDITORIAL Por
Atacar la economía del kirchnerismo “garpa” cada vez menos, y los ultraliberales no quieren quedar pegados a una posible debacle con este gobierno, por lo que salen a exigir todavía más ajustes, y despegarse.
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Por Isaias Abrutzky/Especial para R24N www.facebook.com/isanacypop

Aunque arriba del escenario todo parece ser felicidad por los últimos logros políticos del gobierno, detrás de bambalinas las cosas se están poniendo complicadas.

La movida de algunos personajes no demasiado visibles para la opinión pública, pero de innegable influencia en el mundo económico, consiste en acentuar sus prédicas de que es necesario un ajuste a fondo, sobre todo en materia del Estado. En el debate de los candidatos a la presidencia en las elecciones de 2015 Macri lo acusaba a Scioli de pretender desprestigiarlo previendo que si ganaba realizaría un ajuste de la economía, con el consabido sufrimiento que esto produce en la sociedad.

Los ultraliberales -en términos económicos, no políticos, ya que a ellos no le preocupa el amordazamiento de los medios de información, ni la represión a la protesta social, ni la separación de todo juez que ose fallar en contra, ni menos el encausamiento y prisión traida de los pelos de ex funcionarios- empiezan a alarmarse en la superficie por un rumbo que lleva a las cuentas públicas a estrellarse contra la pared.

 O son los medios del poder fáctico los que ponen en primera plana lo que antes pasaba sin mayores alharacas. Ya hace tiempo, Carlos Melconian, quien ambicionaba mucho más que comandar el Banco Nación, pero aceptó y luego fue despedido, vaticinó que de seguir este rumbo se iba a ir todo... digamos a los caños, para no ofender sensibilidades.

La prédica justificadamente alarmista sobre la inflación, el gasto público, el déficit y el endeudamiento, siguió por parte de economistas como Javier Milei, José Luis Espert y otros, y ahora parece recrudecer. Ellos no le daban ni le dan valor alguno a realidades como el desendeudamiento externo que llevó a cabo el kirchnerismo, pagando la deuda y simultaneamente elevando el nivel de vida de todos los ciudadanos. Pero les dolían en el alma las retenciones y el cepo, obligado éste por la escandalosa fuga de divisas protagonizada por los que luego blanquearon más de cien mil millones de dólares.

 Y no sólo eso sino que los dejaron en los paraísos fiscales porque nadie tiene que meterse con su plata, y la ley argentina se lo permite, aunque debió intervenir el 

presidente para poder incluir a sus parientes, que habrían quedado afuera del blanqueo si no se torcía la voluntad del Parlamento.

 En una nota anterior comentábamos los dichos de J.L.Espert en un programa de TV, en los que pronosticaba un corralito. No era una expresión suelta, sino que la fundamentaba con buena lógica: los bancos invierten sus carteras en LEBAC; estos títulos de deuda devinieron en una bola de nieve que tarde o temprano se harán impagables. Y si el Estado no les paga a los bancos no hay que ser un experto para deducir que los bancos entonces no les pagarán a sus depositantes.

 Desde estas páginas hemos señalado reiteradamente que reducir el déficit fiscal por medio del endeudamiento externo era desastroso. Ahora, en un artículo publicado por Infobae, Dardo Gasparré, economista y publicista que fue una de las plumas más destacadas de El Cronista, lo explica muy claramente:

 “Pocos ejemplos mejores de relato es lo que ocurre en la lucha contra la inflación. El Tesoro contrae deuda en dólares y se los "vende" al Banco Central, que muestra orgulloso su aumento de reservas mientras imprime pesos para pagarle al Tesoro, que los gasta. O sea incrementa la emisión-inflación. De inmediato, el Banco Central, sale al mercado a recuperar los pesos que acaba de emitir subiendo la tasa de las Lebacs todo lo necesario para reabsorberlos. Como el Central y el Estado somos nosotros, cuando se simplifica la ecuación resulta que el país está pagando intereses dos veces, en dólares y luego en pesos, simplemente para mostrar más reservas. Y sin poder bajar la inflación en proporción a los costos de semejante delirio”.

 Este es el panorama: a los argentinos nos vienen ajustando desde que Cambiemos se hizo cargo del gobierno; ahora el gobierno va a ajustar -y duro- con la flexibilización laboral y la reforma previsional, mientras eleva la presión de la caldera mandando a sus funcionarios a pedir más y más plata al exterior, que nadie sabe si se podrá devolver alguna vez.

 Y quienes corren al gobierno por derecha nos explican que estos no son ajustes, que tenemos un gobierno que ejerce “un kirchnerismo light”, y que no hay que tenerle miedo a la palabra y se debe ajustar en serio.

 “Vamos por el camino correcto” dijo el presidente

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