¿QUÉ IMAGEN OFENDE MÁS?

Si la respuesta es la del ex Vicepresidente desclazo, entonces la sociedad argentina sigue muy enferma y sin expectativas de curación.
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Popularmente se suele decir que “la realidad supera toda ficción”, y parece que en nuestro país esto es tan cierto como que el día es día y la noche es noche.

Por eso, no sería inverosímil ni descabellado que algún realizador cinematográfico escribiera el guión de una película del género que sea, utilizando para ello los innumerables casos que en este país son moneda corriente, pero que se adaptan a la perfección para cualquier tipo de superproducción, al estilo de las mejores que se filman en los más prestigiosos estudios holiwoodenses.

La trama puede ir desde la comedia romántica, el policial, el drama o la intriga política. O, si se quiere, todos esos géneros en un sólo trabajo, porque el aquelarre que se vive dentro de nuestra sociedad da para todo.

Los grandes temas que hoy preocupan al grueso de la ciudadanía argentina, que no son otros que la inseguridad, la corrupción y la impunidad, tienen a diario su cuota de espectacularidad, que hace incrementar la sensación de vivir a cada momento al “filo de la navaja”, usando el título de una famosa película, ya que estamos en ese tema, y que, a su vez, arroja combustible sobre un fuego encendido que jamás se ha podido extinguir.

Con las recientes detenciones ordenadas por la Justicia Federal, del diputado y ex ministro de Planificación Federal Julio de Vido y del ex Vicepresidente de la Nación Amado Boudou, se da la paradoja que quienes se encuentran más cuestionados no son los personajes que ahora están alojados en unidades carcelarias, sino los propios jueces que ordenaron esas medidas.

Así las cosas, desde los más diversos medios periodísticos, se está azuzando un elemento con demasiada tendencia a producir una avalancha de impredecibles consecuencias, sin la responsabilidad que hace falta en estos casos.

No hace falta tener mucha memoria para recordar la formidable campaña montada por los principales referentes comunicacionales del país durante la era kirchnerista, en contra de la mayoría de los jueces federales que entendían en causas de corrupción que involucraban a los más encumbrados personajes del régimen “K”, en el sentido de que hacían “dormir” los expedientes, con la mira puesta en alimentar a la opinión pública con un material que se sabía de antemano muy apetitoso.

Y ahora, cuando esos mismos jueces, por fin, comenzaron a salir del letargo del que se los acusaba, y le dieron un impulso formidable a esos expedientes, la mirada de los medios de comunicación se centra más en sospechar y poner en tela de juicio el accionar judicial que en reconocer y aplaudir que ese Poder del Estado, que durmió durante más de una década, hoy se ha despertado y ha comenzado a producir hechos relevantes que interesan a la sociedad en general.

En la Argentina de estos días asistimos a un muy peligroso juego, que no es otro que el de querer ser “más papistas que el Papa”. Si hasta hace muy poco tiempo el tema de la mayoría de las “vedettes” del periodismo nacional era la investigación y denuncia de hasta de dónde provenía el dinero con que determinado funcionario o ex funcionario adquiría su ropa interior, ahora ese ítem lo cubren con hipótesis de una supuesta confabulación de la corporación judicial encaminada a esconder su propia “ropa sucia”.

Todo hace pensar que, para muchos profesionales de las Ciencias de la Comunicación, el factor “tiempo” no configura un elemento a tener en cuenta en este tipo de asuntos. Y digo esto, ya que no creo posible exigirle a un Poder Judicial que durante tantos años fue el más fiel reflejo de los síntomas de la enfermedad que cruzó a la sociedad argentina, que de la noche a la mañana muestre una cura casi milagrosa.

Con toda seguridad todavía existen muchísimos elementos indeseables dentro de la justicia argentina. De seguro se tardará mucho más tiempo del deseado para deshacerse de ellos. Pero es de una enorme relevancia que ese Poder fundamental del Estado esté dando pasos en donde, hasta hace muy poco, se encontraba absolutamente inmovilizado.

Que se producirán hechos que no resulten para todos del mejor gusto, que habrá actos procesales que no se ajusten a los más refinados protocolos, que seamos testigos de pormenores a los que antes no estábamos acostumbrados, y que esto hiera cierta sensibilidad social con demasiado tufo a “pacatería”, puede que sea cierto. Pero lo real, lo palpable, lo innegable es que hoy se encuentran presos personajes que han sido condenados por el escarnio social mucho antes de que la justicia formal les dicte sentencia firme.

Pero, coincidentemente con todos los reclamos que se comenzaron a escuchar por la filmación que lo muestra a Amado Boudou descalzo y en pijama, en el momento en que el funcionario judicial procedía a dar cumplimiento con la orden del Juez Lijo para detenerlo, resulta tristemente patético que muchos disparen sus “dardos” contra una imagen que, si se quiere, mancha la alta investidura que supo representar quien aparece en ella, pero muy pocos, por no decir ninguno de esos reclamantes de la pureza de estilo hayan sentido algún tipo de escozor con las miles de imágenes que muestran a niños, jóvenes y adultos mayores, descalzos, vestidos con harapos, bebiendo agua inmunda de contaminados pozos a todo lo ancho y largo del territorio nacional. Millones de habitantes de este país que el modelo al que el ex Vicepresidente perteneció le importó “tres pepinos”. Seres humanos que fueron puestos por el kirchnerismo por debajo de la denominada “línea de indigencia”, mientras los funcionarios públicos daban rienda suelta a su codicia de riquezas y poder.

Sinceramente, ¿alguien creé que a esos ciudadanos, tan argentinos como cualquiera, con idénticos derechos constitucionales, les puede llegar a ofender que un ladrón salga en “patas” y vestido con su pijama, en el lujosísimo piso de un exclusivo edificio de Puerto Madero?

Si de imágenes y de formalismos va la cosa, me gustaría saber qué opinión tienen todos estos “oportunistas” de la noticia banal pero efectista, frente a las ciento de miles de imágenes que hay en todo el amplio espectro de las comunicaciones, en lo que tiene que ver con actos de ostentación, con actos formalmente impropios de un funcionario público, de quien representó para la Nación, durante cuatro años, la segunda figura política de mayor relevancia de nuestro sistema de gobierno.

Yo, personalmente, prefiero ver una y otra vez a Amado Boudou enfrentando los requerimientos de la justicia, aunque se lo viera en “pelotas”, y no a un Vicepresidente de la Nación tocando la “guitarrita” en una banda de rock, o haciendo fortuna con la “fábrica” de hacer billetes, o dando como domicilio un “médano” de la costa, o tantos otros hechos que enervan hasta los corazones más duros.

La justicia argentina, en algún momento no muy lejano en el tiempo, tendrá que depurarse y brillar con el esplendor que merece, como cualquiera de los otros dos Poderes del Estado. Pero, mientras esto suceda, mientras le damos el tiempo que todo cambio necesita, dejémonos de puritanismos que sabemos sobradamente que no van a existir por ahora, y estemos felices que en nuestras calles haya hoy algunos corruptos menos.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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