¿QUÉ SABE EL CHANCHO DE AVIONES SI NUNCA MIRÓ PARA ARRIBA?

Ahora los delincuentes quieren dar cátedra de moral
CFK-De-Vido-Boudou

Durante 12 larguísimos años se pasaron las leyes por dónde más se les antojó. Jamás tuvieron el menor gesto de republicanismo sincero, más allá de cuidarse muy bien, a través de la mayoría numérica que ostentaban en el Poder Legislativo, de cumplir, en lo formal, con todos y cada uno de los preceptos y principios constitucionales y legales, pero sin el menor atisbo de respetar la representación proporcional de las minorías, es decir oír, debatir, tener en cuenta lo que pensaban o sentían quienes no eran más que “convidados de piedra” en el el Congreso de la Nación.

Durante todo el período en el que el kirchnerismo tuvo el más absoluto poder del país, operaron a través de cualquier tipo de método para avasallar el Estado de Derecho, ya sea comprando voluntades y lealtades, “untando” a quien hubiera que “untar”, negociando con las penurias e injusticias de los más necesitados, al mejor estilo caudillesco que tanto daño le hizo a la Nación un siglo atrás.

Durante el tiempo que duró el siniestro plan delictivo que idearon, con una imaginación y una ingeniería que no quisieron poner al servicio del bienestar general de la población que representaban, para apropiarse de una todavía incalculable fortuna proveniente del erario público, ósea de todos los argentinos, no dudaron, ni por un momento, en ejercer cualquier tipo de presión para cooptar al Poder Judicial, a los medios de comunicación, y, en definitiva, a quien osara levantar su voz para expresar algún tipo de desacuerdo.

Desde el 2003, pero con más fuerza y descaro a partir del 2007 y hasta finales de 2015, los argentinos vivimos en una burlesca pantomima de república, más parecida a esa republiqueta retratada tan mordazmente por el genial Alberto Olmedo en su recordado sketch del “Dictador de Costa Pobre”.

A los fines de sostener, filosóficamente, el “relato del régimen” se recurrió a modelos elaborados para “pruebas de laboratorio” o a otros ideados por los más repudiados personajes dentro de los claustros académicos, que hicieron surgir en nuestra sociedad la teoría de “los dos demonios”, creando al “enemigo” necesario o retrotrayendo a la Argentina cuarenta años en el tiempo.

Jamás tuvieron el más elemental espíritu de autocrítica. Se sentaron, cómodamente, arriba de ese cincuenta y cuatro por ciento de votos que consiguieron a través del ignominioso método de aprovecharse de las necesidades de los sectores más populares de nuestra sociedad, disciplinando a los habitantes de la manera más deshonrosa posible, que no es otra que la que se da cuando se depende, pura y exclusivamente, de la dádiva oficial del Estado.

Decía más arriba que utilizaron una imaginación y una ingeniería que no quisieron poner al servicio del bienestar general de la población, ya que sus planes jamás fueron los de hacer uso del inmenso poder que otorga el control absoluto de todos los organismos del Estado para hacer un “buen gobierno”, sino, muy por el contrario, lo utilizaron para fines de una mezquindad sin precedentes en la historia insitucional de la nación: la corrupción, llevada a cabo desde quien ejercía la Primera Magistratura, pasando por ministros, altos funcionarios, familiares, amigos, amigos de amigos, etc., etc.

Y resulta que ahora, cuando los brazos de esa justicia que lograron controlar durante tantos años, justicia a la que inmovilizaron de las formas más reñidas con principios que cualquier estudiante debe aprenderse al dedillo, se quejan, lloran y lanzan a la opinión pública infundadas ideas de autoritarismo y temores de ruptura del Estado de Derecho.

Pero, como dice un sabio refrán popular, “¿qué sabe el chancho de aviones si nunca miró para arriba?”, ¿qué sabe Cristina Fernandez de Kirchner, Julio De Vido, Amado Boudou y toda la banda de delincuentes que se hicieron multimillonarios en menos tiempo de lo que “canta un gallo” de república, división de Poderes y Estado de Derecho, si nunca les importó “tres pepinos” esas “pequeñeces” democráticas? ¿desde cuándo los ladrones les enseñan moral al resto de la sociedad?

Sinceramente, los dichos de estos personajes parecerían extraídos de una genial obra del más puro género de comedia grotesca, si no fuera por el enorme mal que le infringieron al país, desperdiciando la década de crecimiento más grande de los últimos cien años de nuestra historia, paradojalmente esa a la que denominaron, con ácida ironía, como la “década ganada”. ¿Ganada para quien? ¿para la población en general?, no, para nada. Los únicos que ganaron durante esos doce años fueron los integrantes y cómplices de esa gran “asociación ilícita” que nos gobernó. Ellos se construyeron fastuosas mansiones, compraron lujosísimos automóviles, aviones y embarcaciones. Ellos fueron quienes utilizaron la obra pública para fundar empresas hoteleras, adquirir chatarra ferroviaria, guardar millones de dólares, joyas y divisas en sótanos y hasta en lugares a dónde sólo la imaginación de los cuentistas puede llegar. El resto de la población sólo recibió migajas, planes sociales humillantes, subsidios miserables, casas con paredes de cartón, y hasta cunas de ese mismo material.

Finalmente, se les ha dado por escribir, por denunciar deslealtades y conspiraciones antidemocráticas, por generar incertidumbre institucional, por meterle cizaña y miedo a esos mismos argentinos que ellos, sabiamente, tuvieron “cautivos” mientras avasallaban todo el sistema que ahora los lleva a engrosar filas frente a los estrados judiciales o a ser parte de la población carcelaria del país.

Ahora, cuando la nación ha vuelto a ser una república de verdad, cuando se transparenta cada acto de gobierno, cuando los Poderes del Estado funcionan con la normalidad con la que siempre deberían haberlo hecho, quieren ser más “papistas que el Papa”.

Todos sabemos, por experiencia propia, que cuando se ha causado tanto daño a las instituciones, como el que, de manera intencional, causó el kirchnerismo en general, resulta, materialmente imposible recomponer todo ese enorme andamiaje de la noche a la mañana. Dos años no son suficientes. Con toda seguridad quedan muchos resabios de los métodos utilizados por el régimen “Nac & Pop” dentro de los más diversos organismos del Estado. Pero, lo auspiciosos es que el ciudadano común está notando los esfuerzos que se ponen, desde la esfera oficial, para acabar con esas vergonzosas prácticas de nuestro pasado reciente.

Por eso, hoy más que nunca, es menester que no volvamos a caer en el engaño y la mentira que nos proponen aquellos que tan descaradamente se burlaron de “todos y de todas”.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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