INDIRA GANDHI

“El mundo exige resultados. No le cuentes a otros tus dolores del parto. Muéstrales al niño” (Indira Gandhi)
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"Hay esperanzas que no se pueden cumplir ni en toda una vida (...). Ahora las llamas se han extinguido, las cenizas están frías y pronto se recogerán en una urna de bronce. Le tocará a Rajiv llevarlas en un avión para esparcir sobre las montañas nevadas de Cachemira, según su deseo, los restos mortales de Madre Indira, la mujer más amada y odiada de la India".

Estas estremecedoras palabras de la escritora Paola Capriolo nos acercan a la muerte de una de las dirigentes más influyentes del siglo XX. La primera mujer de la historia parlamentaria de la India que llegó a ser elegida primer ministro del país. Un personaje odiado y admirado, tenaz y contradictorio.

En la reflexión que abre la entrevista de Oriana Fallaci a Indira Ghandi, la periodista italiana afirma que "nadie es más accesible que Indira Gandhi cuando está en su casa". Precisamente fue durante el corto trayecto que separaba su casa de su oficina en Nueva Delhi donde dos guardias que formaban parte de su seguridad personal le dispararon a bocajarro la mañana del 31 de octubre de 1984.

Pocas horas más tarde, los doctores que intentaron in extremis salvarle la vida, certificaron su defunción. El sueño de una India independiente, laica y unida -que había heredado de su padre y también primer ministro, Nehru- y al que había dedicado la mayor parte de su existencia, se hallaba más lejos que nunca de convertirse en una realidad.

Los autores del crimen fueron Beant Singh -quien había sido guardaespalda de Indira durante más de cuatro años- y Satwant Singh, ambos sijs. En la conspiración también estuvo implicado un tercero: Kehar Singh. Los sijs habían dominado el Punjab desde la caída de los mogoles hasta la llegada de los británicos. La partición de la India en el año 1947 -tras la independencia del Imperio Británico de la que surgiría además Pakistán- supuso también la partición de los sijs. Los sijs akali consideraban un deber crear un Estado y argumentaban que sus reivindicaciones políticas derivaban de su identidad religiosa. Para ello, recurrieron a la provocación y los disturbios. En numerosos santuarios sijs lograron hacerse con un enorme acopio de armas.

El temor a un levantamiento llevó a Indira Gandhi a actuar con dureza. El ejército desalojó brutalmente numerosos santuarios, solo en el Templo Dorado -el cual se convirtió desde ese momento en todo un símbolo para los sijs- el 6 de junio de 1984 unos 1000 sijs fueron asesinados. Ese día fue, para muchos, el día que Indira Gandhi firmó sin saberlo una sentencia irrevocable. La venganza de los sijs habría de sellarse con sangre, la de la líder india.

Tras la incredulidad, una ola de violencia de dimensiones insospechadas se cernió sobre la India. Los hindúes comenzaron una matanza indiscriminada de sijs. El odio llegó a tales extremos que Rajiv Gandhi -hijo de Indira y nuevo primer ministro de India- decidió recurrir al ejército para ponerle fin.

Indira nació en noviembre de 1917 en Allahabad y desde muy niña su vida estaría íntimamente ligada a la política. Nacida en el seno de una familia influyente y acomodada, los Nehru, vivió de cerca las consecuencias de la oposición a la dominación británica. "¡Si supiera cómo me ha formado el haber vivido en aquella casa en la que la policía irrumpía llevandóselos a todos!", le espetó a Oriana Fallaci. No le faltaba razón, su casa fue un ir y venir de reuniones y resistencia, de militares trajeados, detenciones y temor.

Indira fue una niña nerviosa y llegó a confesar que su infancia tuvo poco de feliz y serena. Idolatró a figuras fuertes y decididas, entre ellas Juana de Arco. "No recuerdo dónde leí algo acerca de ella, pero sí recuerdo que inmediatamente asumió una importancia definitiva para mí. Quise sacrificar mi vida por mi país. Parecían tonterías y en cambio... Lo que sucede cuando somos niños incide para siempre en nuestra vida", llegó a afirmar siendo adulta.

La enfermedad de su madre, que terminó muriendo muy joven a causa de la tuberculosis, y las ausencias de su padre -motivadas por su entrega total a la lucha por la independencia india- reforzaron el carácter solitario de Indira. Las posibilidades económicas de su familia le permitieron estudiar en el extranjero. Pudo conocer las principales capitales europeas (París, Londres) y formarse en grandes universidades, entre las que destaca Oxford.

La carrera política de Indira Gandhi estuvo llena de luces y sombras, contradicciones que fueron forjando la personalidad una líder dotada de una contundente y ágil oratoria pero que tuvo dificultad para cumplir plenamente la palabra dada a los ciudadanos indios en forma de promesas electorales. Defensora de una política de no alineamiento fue capaz de firmar un tratado de amistad indo-soviético, llegó a barrer a los sectores opositores indios y sus decisiones en materia de política internacional le valieron, en ocasiones, duras críticas.

Para entender la personalidad política de Indira Gandhi es necesario remontarse a mayo de 1964 cuando muere Nehru y el nuevo primer ministro, Lal Bahadur Shastri, le ofrece a Indira Gandhi el Ministerio de Asuntos Exteriores, pero ella prefiere ocupar el Ministerio de Información, cargo que ocupará durante un escaso período de tiempo. El 11 de enero de 1966 muere repentinamente el primer ministro eIndira Gandhi es elegida por el Parlamento para ocupar su cargo, con 355 votos a favor y 169 en contra.

Durante su mandato defiende con fiereza la nacionalización de los bancos, una medida enormemente polémica que le valdría la expulsión del Partido del Congreso. En 1971, su triunfo electoral fue arrasador, pero gran parte de su proyecto político quedó difuminado: Indira no logró cumplir el programa progresista que proponía y la sobreprotección política que ejerció con su primer hijo le valió el desprecio de una parte de la población.

La etapa más oscura de su trayectoria política aconteció en 1975. En ese año el Tribunal Supremo declara nulas las elecciones de 1971 por considerarlas fraudulentas. Su respuesta fue la de declarar el estado de excepción en junio de ese año. Decide llevar a cabo una férrea campaña de depuración de sus adversarios políticos y aplazar las elecciones.

Al año siguiente, su hijo Sanjay promovió un programa de esterilización masiva, el motivo que ofrecía era que India constituía el segundo país más poblado del planeta y uno de los más pobres por lo que eran urgentes medidas de control. Sin embargo, las críticas de la oposición fueron unánimes y la política de control de la población un fracaso. En marzo de 1977 se celebraron de nuevo elecciones y el Partido del Congreso perdió el poder por primera vez en tres décadas.

Indira llegará a ser expulsada del Parlamento por corrupción, pero el 6 de enero de 1980 se produjo un nuevo e inesperado cambio de rumbo: su victoria en las elecciones volvió a encumbrarla. "¿Sabe por qué gané las últimas elecciones? porque le gustaba al pueblo, sí, porque había trabajado duro, sí, pero también porque la oposición se había portado mal respecto a mí. Y, ¿sabe por qué he ganado esta guerra? Porque mi ejército la ha sabido hacer, sí, pero también porque los norteamericanos estaban de parte de Pakistán", confesó a la periodista italiana.

Ese mismo año, 1980, Indira Gandhi hubo de enfrentarse a unos de los peores momentos de su vida: la muerte de su querido hijo Sanja y. La inestabilidad personal coincidió con un período de inestabilidad política. Esta última etapa de su mandato estuvo plagada de graves problemas. Su decisión en febrero de 1984 de hacerse cargo de la lucha antiterrorista habría de costarle más caro de lo que pudo llegar a prever. "Nunca he pensado en las consecuencias de un gesto necesario. Las consecuencias las examino después, cuando llega la nueva situación", son palabras de la propia Indira. Y pese a la aterradora clarividencia y el peligro, la firmeza de una decisión que había dirigido su vida y que, finalmente, terminaría por acabar con ella.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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