UN BRISA DE ESPERANZA RECORRE EL PAÍS

La convocatoria del gobierno de Mauricio Macri. Las debilidades de ayer y las fortalezas de hoy
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Lo dije en una editorial anterior a las elecciones de medio término celebradas el pasado domingo 22: “Cambiemos” necesitaba un triunfo contundente en todo el país, no sólo en la Provincia de Buenos Aires, para comenzar a gobernar la Nación saliendo de la transición que supusieron estos 22 meses previos. Y lo necesitaba, porque solamente con el enorme resultado obtenido en las urnas se puede deducir la inquebrantable voluntad de la mayoría ciudadana para afrontar las reformas que se hacen imperiosas para poner a la Argentina en la senda del crecimiento y en la mira de esas inversiones extranjeras que tanta falta nos hacen para, primordialmente, la generación de empleo genuino.

He venido sosteniendo desde esta página que no soy economista, tan sólo un simple analista de la realidad socio política del país, que no pretende otra cosa que dejar plasmada su opinión sobre temas que, como integrante activo de esta sociedad, me aquejan de la misma manera en que le aquejan a cualquier otro ciudadano argentino.

En este último sentido, no es difícil entender cuando el Presidente Mauricio Macri nos habla de reforma institucional, impositiva y laboral. Todo este paquete, que ayer se anuncio de manera muy somera, y que, en su gran mayoría importa la aprobación de proyectos de ley que necesitan de consensos, nunca hubieran sido posibles de delinear y, mucho menos intentar llevarlos a la práctica, sino se habría logrado el espaldarazo que suponen la catarata de votos obtenida por “cambiemos” en las elecciones legislativas. Y esto no es así porque ahora el oficialismo tenga mayoría o quorum propio en ambas Cámaras del Congreso Nacional, ya que, de hecho, no cuenta ni con una ni con el otro. No, esto es así porque recién ahora, luego de casi dos años desde la asunción del actual Presidente a la máxima Magistratura de la Nación, su figura cobra la verdadera dimensión que su alto cargo implica.

Desde diciembre de 2015 hasta hace tan sólo 10 días atrás, nos referíamos al gobierno de “Cambiemos” como a uno de los más débiles de la historia insitucional de la Nación. Sin embargo, esa notable debilidad, no se debía a la falta de resolución para enfrentar los problemas heredados ni aquellos que le fueron presentando con el discurrir de su mandato. No, por el contrario, resolución es algo que a los actuales integrantes del Ejecutivo Nacional les ha sobrado desde que asumieron sus cargos. Pero todos sabemos que no se puede gobernar un país solamente con la voluntad de hacerlo, por más grande y noble que ésta sea. Para gobernar una nación hace falta, fundamentalmente, enfrentarse en la lucha cotidiana con armas políticas de igual o mejor calidad que con las que cuentan los eventuales adversarios que se vayan presentando. Y esta administración no contaba con esas armas, sino hasta conocido el resultado de los comicios del 22 de octubre.

Para ser totalmente honesto con mi forma de pensar y con mis ocasionales lectores, es mi deber referirme a, no ya los adversarios políticos de la actual administración de “Cambiemos”, sino a quienes considero como verdaderos “enemigos” de esta administración, puesto que configuran el resumen de los 12 años en que el kirchnerismo se mantuvo en el Poder con el sólo objetivo de crear una ilusión, una quimera política, un relato agradable a los oídos, pero con la mira puesta en, quizá, la meta más ruin que se pueda esperar de un gobierno democráticamente elegido: ser una banda mafiosa, una asociación de delincuentes que, obviamente, se juntan para delinquir, y encuentran en las arcas del Estado su tesoro más preciado. Por eso los catalogo de verdaderos “enemigos” y no de simples “adversarios” políticos con ideas y posiciones diferentes.

Un “adversario político” es aquella persona que piensa de manera distinta, que tiene una línea de ideas totalmente opuesta, pero con la que se puede sentar a dialogar, a instrumentar consensos que representen todos los sectores de intereses contrapuestos que componen una sociedad organizada.

Un “enemigo” es alguien que quiere, literalmente, aniquilar a su contrincante, ponerlo de rodillas, anular cualquier tipo de voluntad y, por ende, ejerce una fuerza opresora que lo doblegue y lo mantenga reprimido, usando para ello cualquier tipo de instrumento o artimaña, legal o ilegal, y con quien no es posible llegar a ningún tipo de acuerdo, ya que el único acuerdo posible es aquel en donde se ve reflejada la figura erguida del victorioso y a sus pies la del derrotado. Esto, en política, no sólo que es, de por sí, humillante, sino que va en contra de todos y cada uno de los principios que rigen los actuales cánones de una ciencia que se ha perfeccionado a fuerza de “prueba y error”.

Así es como veo al “relato” del régimen kirchnerista que hasta el 22 de este mes no quiso darse cuenta que el ciudadano argentino le había dicho “basta” a finales de 2015. Y el no querer darse cuenta de esa decisión, hizo más difícil y traumática la transición de un gobierno a otro, de lo que en realidad debería haber sido. Esa tozudes creó conflictos ficticios, inventó supuestas desapariciones de personas, pintó panoramas apocalípticos para el grueso de una sociedad con demasiados padecimientos y con muy pocas gratificaciones.

Pero todo “relato” tiene un fin, ya se trate de buenos o malos, todos, en algún momento deben acabar. El “relato K” acabó con la derrota del Kirchnerismo, a nivel nacional, por casi la friolera de 6 millones de votos menos que los obtenido por “Cambiemos”. Hasta este punto llegaron sus delirios de perpetuidad en el Poder, sus intentos por desestabilizar a la actual Administración Nacional, su “volveremos”.

Y así como en las novelas, cuando la nave se hunde, los primeros que huyen son las alimañas, en la Argentina post elecciones legislativas, se está dando un verdadero desbande de todo lo deleznable y rastrero que conformó esa élite de súper funcionarios y dirigentes “K”. Algunos ya se encuentran, a buen recaudo, alojados en diferentes penales de la geografía nacional. Otros, esperan su turno ante los Tribunales Federales de Comodoro Py u otras sedes judiciales, como la “renunciante Procuradora General de la Nación, la Dra. Alejandra Gils Carbó; y muchos están buscando resguardo en otras fuerzas políticas o se están cobijando en la “aparente” tranquilidad de sus hogares, encendiendo velas al “santo de turno” para que no les llegue la hora de rendir cuentas ante la justicia de los hombres, ya que ante la justicia de Dios de seguro lo van a tener que hacer más tarde o más temprano.

Así las cosas, el débil gobierno de “Cambiemos” hoy se ha convertido en uno de los más fuertes desde la reinstauración democrática en el país. Y, en mérito a esa fortaleza, que no es otra cosa que la que la voluntad ciudadana le otorgó para encarar las reformas que hacen falta, a los fines de insertar a la Argentina dentro del concierto de las naciones más avanzadas del planeta, en virtud del enorme potencial que aún conserva este país, pese a los constantes saqueos que sufrió, Mauricio Macri encaró ayer la convocatoria con gobernadores, legisladores nacionales y provinciales, empresarios, sindicalistas y dirigentes políticos de todas las extracciones, sin poner más límite o base que el propio bienestar de todos los habitante de este suelo.

Todavía no conocemos los pormenores de las reformas que se intentarán, haciendo uso de la vía legalmente establecida, implementar. Pero si somos conocedores de que estamos frente a un gobierno que no ha abusado, ni mucho menos, de los grandes resorte de poder con los que cuenta. Y eso es, en sí, una de las mejores señales que tenemos para seguir esperanzados en este proyecto político, para creer en estos gobernantes, para volver a soñar con ese país de oportunidades que alguna vez fue el espejo dónde el mundo entero quiso verse reflejado.

Sigamos apostando por un futuro mejor, comenzando por comprometernos de lleno con nuestra realidad. Démosle a nuestra posteridad el país que nuestros padres no supieron o no pudieron conseguir para nosotros. En nosotros y, por ende, en el compromiso de nuestras actuales autoridades nacionales está la llave de una nueva oportunidad. Los trenes de la historia no suelen pasar dos veces por el mismo lugar. Aprovechemos el que hoy se nos presenta.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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