A la carga por el voto electrónico

OPINIÓN 29/10/2017 Por
Tal como lo han expresado en reiteradas ocasiones los altos mandos del gobierno nacional, la tradicional boleta partidaria pretende ser reemplazada por un sistema de voto electrónico, pese a los riesgos que esto conllevaría
voto-electronico2

Todo aquel que haya vivido las elecciones de 2007 recordará la ola de protestas que desató aquella victoria oficialista por la mínima diferencia. La polémica por el escrutinio generó una ola de opinión pública que llevó al gobierno cordobés a encarar una reforma electoral para contener las demandas de la sociedad.
Ambiciosa en sus comienzos, fue diluyéndose con el tiempo hasta acabar en pequeños cambios cosméticos que, sin embargo, dejaron un importante legado: desde 2011 los cordobeses votamos a través de la boleta única en papel.
Este año, con elecciones nacionales de medio término, nos tocó votar nuevamente con la tradicional boleta partidaria, un sistema prácticamente en desuso en el mundo entero, que pretende ser reemplazado por un sistema de voto electrónico, tal como lo han expresado en reiteradas ocasiones los altos mandos del gobierno nacional.
Si hay algo que desvela al Jefe de Gabinete es la intención de meter computadoras entre nuestra voluntad y el resultado de la elección, algo absolutamente innecesario. Amparándose en los resonados casos de compra de votos y robo de boletas, el gobierno asegura que esto significaría el fin del clientelismo, como si la compra de voluntades dependiera de sólo un formato.
Lo grave de los sistemas de voto electrónico radica en dos aspectos. Por un lugar, la vulnerabilidad. Los países más desarrollados del mundo han abandonado el sistema, ante la imposibilidad de garantizar el secreto del voto o el resultado de la elección.
Basta recordar las denuncias contra Rusia por la supuesta injerencia en las elecciones que consagraron a Donald Trump como presidente norteamericano. SI esto no escarmienta, vale bien recordar que en la democracia bolivariana de Venezuela hace ya varios años que se vota con este sistema.
En segundo lugar, violaría el principio fundamental de igualdad ante la ley, tan mencionadoen torno a De Vido. Si se implementara algún sistema de este tipo, la mayoría de los ciudadanos no podría ejercer su derecho a la fiscalización de la elección.
Por más voluntad que ponga, si no conoce de programación e informática no va a poder chequear que las cosas se hagan como corresponden. No se debe minimizar el valor de que en la actualidad basta con saber contar y sumar como para controlar al presidente de mesa.
Así las cosas, quizás se termine aprobando una reforma contra la que se opone casi la totalidad de los miembros de la comunidad informática. No estamos hablando de la oposición de una jubilada que todavía no puede entender de qué manera se introduce el PIN en el cajero para cobrar la jubilación, sino del consejo de personas que dedican su vida al estudio de estas tecnologías.
Esperemos que la victoria del último domingo no genere las condiciones para que el gobierno triunfe en su proyecto. De ser así, y pese al espejismo de la modernidad, nuestra democracia estaría ante una de sus peores derrotas, para mal de todos los ciudadanos.

Te puede interesar