PROVERBIOS 22:7

EDITORIAL 26/10/2017 Por
“El que toma prestado es siervo del que presta”. El contundente versículo de la Biblia cayó en saco roto. El kirchnerismo, que pagaba la deuda aliviando su peso, es ahora el pasado que no debe volver. El tiempo dirá a donde nos conduce el nuevo festival de endeudamiento en el que está embarcado el país
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Isaias AbrutzkyIsaías ABRUTZKY / Especial para R24N
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En septiembre de 2017 las exportaciones registraron un alza de 3,1% con respecto del mismo mes del año pasado; una buena noticia. Pero si nos quedamos con este dato positivo no pintamos el panorama real ni mucho menos, porque las importaciones del mes tuvieron un alza de más del 24,2% en la misma comparación. Así el déficit de la balanza comercial alcanza la preocupante cifra de 765 millones de dólares. Y en lo que va del año, tras nueve meses consecutivos en que las importaciones superan a las exportaciones suma 5.200 millones de dólares.

Interesante es notar que en un país al que se busca ubicar como productor de bienes primarios y de productos agro-industriales, en 2017 las exportaciones de aquellos descendieron nada menos que 7,9%, en tanto las de éstos también se redujeron, si bien solamente en 1,3%.

Cubrir el déficit fiscal con emisión es muy malo, aseguran los economistas en línea con el gobierno, porque eso alimenta la inflación. Entonces, es mejor atender a ese desbalance con préstamos del exterior, dicen. Y por tanto se agregarán nueve mil millones de dólares más a la deuda monumental que generó el gobierno desde su asunción.

El festival de deuda no es exclusivo de las arcas nacionales, ya que se autorizó a las provincias y a las municipalidades a buscar también fondos en el exterior. Y la deuda contraída por empresas privadas -a las que el mercado, si es que dispone, deberá proveerle las divisas para pagar los vencimientos- que en el 2016 sumaba 4.400 millones de dólares y hoy rondaría los 5.700, trepará en 2018 a 6.000 millones.

De todas maneras, los préstamos obtenidos no detuvieron la inflación, que alcanza hoy los mismos valores que exhibía al finalizar el año 2015. Y más aún, ese indicador se encuentra en alza, y registró nada menos que 1,9% en septiembre.

Frente a esta aceleración inflacionaria, el Banco Central pretende atacar el problema elevando las tasas de interés de referencia en 1,5%, con lo que se llega a la preocupante cifra de 27,75% anual.

Es bien conocido el efecto inflacionario de las altas tasas de interés, porque ambas variables están íntimamente correlacionadas. Y si de combatir la inflación se trata, poco alentadora es la noticia del aumento del 10% en los combustibles, que ya sabemos se traslada a los precios de manera casi automática, porque ya sea en la producción, el transporte o la comercialización, la incidencia es fuerte y automática. Para colmo de males están pendientes, pero anunciados, los incrementos en las tarifas del transporte y servicios públicos.

El gobierno le asigna peso a la construcción en la reactivación económica (se registró 4,3% interanual en agosto, y buena parte de la suba se debe a ese rubro) y se muestra complacido por la gran demanda de créditos hipotecarios. La tentación de la casa propia es muy grande en épocas en que el pago del alquiler exige una parte importante de los ingresos familiares. Tradicionalmente se consideraba que dedicar un 20% de los ingresos al pago de la renta de la propiedad era una proporción aceptable, y el mercado funcionaba de esa manera. Sin embargo los inmuebles, dolarizadas, subieron a valores tales que dan rentas pocos satisfactorias para el propietario en esa ecuación, por lo cual la construccion de unidades habitacionales para alquiler no exhibe dinamismo, en tanto que los inquilinos deben afrontar mensualmente sumas muy difíciles de cumplimentar.

De allí el gran interés por los nuevos préstamos, que alientan las expectativas de quienes buscan un mejor equilibro en cuanto a ingresos y gastos y los impulsan a la búsqueda del techo propio a través de los sistemas de hipotecarios que se pusieron a su disposición.

En el país está fresco todavía el recuerdo de la famosa circular 1050 del Banco Central, que regulaba los créditos ajustables por inflación. Muchos de quienes tomaron esos préstamos se vieron luego en la imposibilidad de satisfacer los pagos mensuales, y perdieron el techo y sus ahorros. Los créditos actuales son también indexados, y previendo que se repita aquella debacle ofrecen soluciones para los prestatarios. Pero esas soluciones pueden tener sabor amargo: la extensión de 30 a 40 años de plazo, el aumento de la fracción del ingreso destinada al pago de las mensualidad y el seguro de cambio para dar una salida en caso de que durante la gestión inicial de la palelería el valor de la propiedad aumente.

Por otra parte, aquellos que a quienes el mes le resulta más largo que el ingreso, deben recurrir a la tarjeta de crédito de los banco, la Argenta, el plan ahora 18, o entrar a buscar efectivo en los locales de crédito que rebrotaron como hongos en las ciudades, y donde las tasas que se deben pagar son escandalosas.

En fin, aquella sabia frase de Aldo Ferrer, “vivir con lo nuestro” fue echada a la basura. El tiempo dirá de que manera los individuos, las familias y el saldrán del brete de la deuda, si es que alguna vez pueden hacerlo sin reiterar el triste escenario del default.

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