ARGENTINA SE PINTÓ DE AMARILLO

Primeras reflexiones del enorme triunfo de "Cambiemos" en las elecciones legislativas
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El espectacular triunfo de “Cambiemos” en el acto eleccionario del día de ayer va a dar mucho para analizar durante los días venideros, sobre todo cuando se aquieten un poco las aguas, tanto desde el lado de los que hoy experimentan una inmensa euforia por el gran logro obtenido, como, así también, en aquellos que, decepción mediante, tendrán que replantearse las estrategias que abordaron, los por qué de sus fracasos y el nuevo rumbo que adoptarán de ahora en más, si es que quieren seguir siendo partícipes necesarios del vertiginoso mundo político argentino.

Pero, si bien recién unos y otros están tomando verdadera conciencia de lo ocurrido en el día de ayer, igualmente existen datos concretos que pueden ayudarnos a analizar lo sucedido y a trazar el nuevo mapa de relación de fuerzas que se abre a partir de hoy.

Algunos estarán tentados a pensar que recién hoy Mauricio Macri obtuvo el verdadero título del enorme dirigente político que de hecho es, y que recién hoy puede comenzar a delinear con una mayor exactitud las ideas rectoras del ideario que lo llevaron a ocupar en 2015 la Primera Magistratura de la Nación. Es que ratificaciones populares como las de ayer no son muy comunes en nuestro ámbito democrático. Sin embargo, quizá lo más correcto sea pensar que este triunfo y el juego de contrapesos que a partir de ahora va a regir los destinos de todos los argentinos es el desarrollo normal del proceso que se inició el mismo día en que “Cambiemos” asumió la responsabilidad de manejar los destinos de todos los habitantes de la Nación.

La conformación del Parlamento Argentino que, a partir de la toma del cargo por parte de los nuevos legisladores electos, va a ser el eje desde el cual el Ejecutivo Nacional intente profundizar los cambios prometidos durante la campaña, no aseguran una tarea fácil para el gobierno, puesto que, aún habiendo ganado muchos escaños, todavía no cuenta con una mayoría suficiente que le garantice tener quórum propio ni el número necesario de legisladores como para imponer su voluntad de manera irrestricta. Los bloques de “Cambiemos”, tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores, tendrán que seguir negociando con las demás fuerzas opositoras, con un poco más de holgura que hasta ayer, pero la búsquedas de consensos seguirá siendo el elemento rector para permitirle la aprobación de las leyes que necesita, sin las cuales ningún esfuerzo dará buenos frutos.

Esto último supone continuar bogando por una mayor transparencia en el libre juego institucional del sistema representativo de gobierno, a la vez que implica contar con la mayor responsabilidad que significa haber obtenido, por parte de la ciudadanía, un espaldarazo de tamaña magnitud.

Pero no es solamente el actual gobierno el que tiene que saber interpretar los números finales arrojados por el escrutinio, sino que deben hacerlo de manera certera y con singular responsabilidad quienes quedaron en el lado de la oposición, para el correcto reordenamiento de sus respectivas bancadas, en un todo acorde a la voluntad popular.

En este sentido, lo primero que puede apreciarse de aquellos que perdieron escaños en ambas Cámaras legislativas, es la intención del pueblo por castigar, mediante su voto, un accionar errático que caracterizó hasta ayer la labor opositora de un vasto sector del peronismo nacional que no encuentra una persona que ejerza un liderazgo indiscutido y del kirchnerismo que se debate en las turbias aguas de sus propias contradicciones, queriendo darle a la voluntad popular la interpretación que más le convenga a su líder, pero que dista mucho de ser la que en realidad ha quedado plasmada en las urnas.

No es verdad, como lo planteó a última hora de ayer, la ahora Senadora electa Cristina Fernández de Kirchner, que Unidad Ciudadana sea la única fuerza que sumó más votos que en las anteriores elecciones PASO, ni tampoco que la derrota del kirchnerismo haya sido por una mínima diferencia. Varios candidatos peronistas sacaron también más votos que en el pasado 13 de agosto, aunque esto no les alcanzó ni a ellos ni a la propia Cristina Kirchner para alzarse con un triunfo. Y la derrota del kirchnerismo, a nivel país, a manos de “Cambiemos”, ha sido una de las más estrepitosas y contundentes de los últimos 30 años de democracia argentina: el oficialismo, a nivel nacional, aventaja al kirchnerismo por la friolera de casi 20 puntos porcentuales, lo que configura una enorme diferencia a favor de “Cambiemos” en todo el territorio argentino.

No es un dato menor, ni mucho menos, sino algo que se deberá tener bien en cuenta a partir de ahora, que, ni siquiera en el año 1985, con la algarabía de la recién renacida democracia en la Argentina, el oficialismo pudo triunfar en los cinco distritos más importantes de la Nación como lo hizo ayer.

Esto, amen de ser un dato de enorme importancia, hace recaer una responsabilidad superior que “Cambiemos” deberá saber administrar en su justa medida, si no quiere cometer los mismos errores que quienes pensaron que por haber obtenido un 54% de adhesiones tenían la “vaca atada” y podían hacer lo que les plazca. Así les fue a ellos y al país entero. Con esto, de ninguna manera es mi intención comparar a la actual administración nacional con ese kirchnerismo que cayó el la confusión de creerse “propietario” de la adhesión mayoritaria del pueblo argentino cuando, en realidad, era simplemente un mero “depositario” de ella. Y, en ese sentido, produjo uno de los actos más dañinos para el bienestar de los habitantes y la paz social de la Nación, al pronunciar aquello de “ahora vamos por todo”.

No, el triunfo de “cambiemos” no será jamás eso ni algo parecido, porque este gobierno ha demostrado tener un gran respeto institucional y una mirada completamente diferente de lo que significa contar con una gran cuota de adhesión ciudadana, aunque esa adhesión no llegue a representar la mayoría de la voluntad popular. Y estoy seguro de la afirmación que hago acá, puesto que, más allá de creer firmemente en mi análisis de la realidad del actual ejecutivo nacional, fue el propio Presidente Mauricio Macri quien hoy, en el marco de la conferencia ofrecida en el Salón Blanco de Casa Rosada, anunció una “mega convocatoria” con intendentes, sindicalistas y gobernadores para encarar las reformas que se necesitan implementar. De esta manera se infiere que no está en el ánimo del Primer Mandatario “cortarse” sólo en virtud de los fríos números del escrutinio, sino que, por el contrario, en su mente anida uno de los principios fundamentales sobre el que se asienta todo el andamiaje del sistema democrático de gobierno: salir ganancioso en una elección no da derecho a imponer la voluntad del victorioso de manera arbitraria, sino que obliga a actuar de la manera más responsable posible con la mira puesta en la necesaria participación de todos los sectores políticos, ya que la figura presidencial no representa jamás a un solo sector de la política nacional, sino que lo hace en nombre de todos los argentinos, tanto de aquellos que lo votaron como de los que lo hicieron en contra de su figura como máximo exponente de un partido en particular.

Como señalé al principio de esta nota, el análisis del resultado de ayer va a dar mucho sobre lo que escribir en los próximos días. La de hoy sólo pretende ser una mera aproximación de la lectura que cualquier ciudadano interesado en los grandes asuntos nacionales puede hacer.

Cada fuerza política tendrá que sopesar, de manera muy seria, el camino a seguir con la nueva conformación de fuerzas, tanto a nivel nacional como en cada una de las Provincias e intendencias que conforman el gran mapa político argentino.

Para finalizar, quisiera dejar una de las mejores frases que se le atribuyen a ese enorme estadista mundial que fue Winston Churchill: “En la derrota hay que tener dignidad y orgullo y en la victoria, magnanimidad”. Esto es algo que deben tener muy presente quienes ayer sufrieron la derrota en las urnas, pero que mucho más lo deben pensar aquellos que obtuvieron una gran victoria, la que, de por sí, lleva implícita la responsabilidad de honrarla siempre.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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