Frente a los ecos de una muerte aún dudosa, la política esquivó el choque y eligió la moderación

OPINIÓN 19/10/2017 Por
El giro que dio en las últimas horas el caso Santiago Maldonado abrió derivaciones imprevisibles
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Pero si hay una actitud que vale destacar es que la política, sin distinción de banderías, esta vez prefirió priorizar la cautela por encima de cualquier especulación, y ante la imposibilidad de establecer la magnitud institucional de un hecho que sigue irresuelto, todos los sectores aceptaron someterse a la prudencia. No es poco para la Argentina, que conoce los abismos desde el fondo y que tiene dirigentes que hablan sin asumir que la palabra también tiene costos políticos.

Ante el cuerpo hallado en el río Chubut, el primero en ratificar el temple componedor que había mostrado desde que entró en escena fue el juez a cargo de la causa, Gustavo Lleral, quien mantuvo abierto todo el tiempo el contacto con la familia Maldonado, y no solo habilitó la participación del perito de parte sino que priorizó el accionar del Equipo de Antropología Forense por sobre la asistencia de cualquiera de los equipos científicos de las fuerzas de seguridad locales.

Los indicios que surgieron en el momento del hallazgo permitían hacer un juicio anticipado de que el cadáver era de Maldonado (la ropa, los documentos). Pero la autoridad judicial y todas las demás partes entendieron que para entender lo sucedido establecer la identidad era básico, pero determinar las situaciones de la muerte (desde la fecha, la causa y saber si estuvo todo el tiempo en el agua del río o no) era crítico. Y por eso todos se allanaron al camino de una autopsia más profunda, que permitiese esclarecer la mayor cantidad posible de hechos del caso.

El Gobierno y los partidos opositores aceptaron dar por concluida la campaña electoral, dando una señal de que nadie está muy seguro de las circunstancias, y por lo tanto, de sus efectos. La familia Maldonado se arriesgó a señalar que el cuerpo fue plantado, ya que fue encontrado río arriba. Nada más. Un grupo de organizaciones de derechos humanos apresuró la convocatoria a una marcha a Plaza de Mayo, pero no tuvo eco y también decidió ponerle un freno.

Algunos analistas y encuestadores consideraron que la incertidumbre que quedó abierta puede tener un impacto electoral el domingo, aunque sin aventurar magnitud. Se trata de algo imprevisible. Lo único concreto es que toda la agenda electoral (la obra pública, la corrupción, la inflación que no baja, el empleo que no crece) quedaron en un segundo plano. La Argentina hoy está conmocionada por los ecos de una muerte aún dudosa. Lo que necesita, hacia atrás y hacia adelante, es verdad y justicia.

Fuente: Cronista

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