DESAFUERO, DETENCIÓN, UN CADÁVER Y MIL CONJETURAS

Una sociedad argentina sobreinformada incapaz de "separar la paja del trigo"
depositphotos_3427264-stock-photo-long-list-of-question-and

Quien tiene la oportunidad de transitar las diversas redes sociales en las que los argentinos nos enfrascamos en ríspidas discusiones, hacemos afirmaciones basándonos en otros que hicieron lo mismo unos minutos antes, es decir, sin ningún tipo de fundamento y opinamos de política cual si fuéramos un colectivo repleto de expertos analistas, hoy pueden constatar que somos una sociedad muy proclive a la divulgación de información al mejor estilo del “chisme” entre vecinas.

Solemos desentrañar, en unos pocos minutos, los más complicados casos policiales, aún antes de que los investigadores tengan algún tipo de pista sobre el mismo, y, en la mayoría, nos equivocamos estrepitosamente. Pero eso no es lo que importa. Lo importante es ser el primero en lanzar una conclusión descabellada, hacer “correr la bola” y crear una tendencia.

No cuentan los intereses o sentimientos que se tocan o se hieren, lo que cuenta es estar ahí, obtener la mayor cantidad de “likes”, de “me gusta”, de “retweets” y de comentarios. En otras palabras, lo que importa es acercarnos, aunque sea un poco, a eso que siente quienes de verdad son famosos. Esta es una realidad que pinta a nuestra sociedad, o al menos a una gran parte de ella, de cuerpo entero.

Que en algún lugar del mundo se produzcan, en un corto período de tiempo, con diferencia de unas pocas horas, dos noticias conmovedoras, de gran interés e importancia social, no es algo difícil ni está fuera de cualquier lógica. La mayoría de las veces se trata sólo de una mera coincidencia. Sin embargo, si eso sucede en la Argentina, entonces estamos ante un claro caso de “causalidad” y no ante la normalidad que importa una “casualidad”.

Esto no obedece a otro motivo que la susceptibilidad que ha ido formando nuestra manera de ser y de pensar. Vemos conspiraciones en donde no las hay. Encontramos poderes ocultos en simples acontecimientos de la vida. Cualquier frase, pronunciada por alguna personalidad de cierto renombre social o político, es motivo de mil interpretaciones diferentes. Gastamos horas muy valiosas de nuestro tiempo en desmenuzar simples pensamientos e ideas, en tratar de leer siempre entre líneas, en “develar” lo que el personaje realmente quiso decir, cuando dijo lo que dijo, sin siquiera sopesar la posibilidad de que aquello que dijo es simplemente eso y nada más.

Pero no, siempre vamos a intentar darle el que, a nuestro perspicaz juicio, es el sentido de la frase, del pensamiento o de los hechos. Y de esta forma solo logramos hacernos un “mundo” de cosas normales y simples. Así vivimos nuestros días, haciendo “zapping” por los diversas señales televisivas, leyendo las informaciones más variadas sobre un tema en particular, elaborando nuestras propias hipótesis y vertiéndolas en todas las redes sociales disponibles.

En definitiva, siempre nos ocupamos de lo que deberíamos dejar que se ocupen los expertos, y dejamos lo que verdaderamente resulta importante que hagamos para otro momento.

Si tan sólo pudiéramos desprendernos un poco de la parafernalia cibernética que nos rodea, quizá seríamos un poco más felices y tendríamos, tal vez, una vida un tanto más tranquila.

Durante el día de ayer cientos de miles de argentinos nos planteamos los mismos interrogantes: ¿es pura casualidad que, en el mismo día en que un juez solicita el desafuero y la detención del diputado Julio De Vido, a las pocas horas la prefectura encuentre el cuerpo de un hombre flotando en el Río Chubut; cuerpo que por su estado de descomposición no puede ser identificado sino por medio de sofisticados procedimientos forenses que tienen que cumplir con un delicado protocolo, que lleva su tiempo, y que por las condiciones y el lugar del hallazgo todo haga suponer que se trata de Santiago Maldonado? O ¿ es que hay un nexo causal entre los dos sucesos?

Si finalmente el cadáver encontrado fuera el de Santiago Maldonado, ¿esto supondría una acción conspirativa en contra del gobierno, a tan sólo cuatro días de las elecciones legislativas de medio término? O ¿ estaríamos en presencia de un hecho que trata de desviar la atención sobre la orden de detención de uno de los ex funcionarios kirchneristas más controvertidos?

En cualquiera de los casos, se trata de simples especulaciones, que no hacen otra cosa que “embarrar la cancha”, porque, salvo contadas excepciones, los argentinos que nos hacemos estas preguntas y que vertemos mil opiniones, no somos expertos ni en criminalística forense ni, mucho menos, en procedimientos judiciales y legislativos.

Honestamente, y a mi humilde entender, considero que vivimos en una sociedad que sacrifica gran parte de su tiempo en temas absolutamente improductivos, dejando de lado sus labores y deberes, sea cual fuere el ámbito en dónde nos movemos. Y por ello, por no dejar hacer a los que entienden de estos temas, a quienes se prepararon durante toda una vida para situaciones como estas, entorpecemos el trabajo de esas personas, condicionamos los resultados de una investigación con juicios “a priori” de neófitos, sembramos nuestra cuota de descrédito en la tarea de los organismos especializados y, de esta manera, coadyuvamos grandemente a que, cualquiera sea el dictamen o el resultado que den, esté siempre sospechado de una cierta discrecionalidad mal intencionada.

Esto último que acabo de describir, en nada nos beneficia, ni como sociedad, ni como personas que habitamos un territorio organizado como una república.

Lógicamente, con la gran cantidad de información que hoy en día manejamos, deberíamos aprender a separar “la paja del trigo”; a decidir, sin más, quienes son los medios que merecen tenerse como “creíbles” y quienes meros “paracaidistas” de la noticia sensacionalista y efectista.

Por último, ya va siendo hora que tengamos bien en claro que en una sociedad no pueden coexistir pacíficamente cuarenta millones de “caciques” y ningún “indio”; que podamos aceptar que cada uno de nosotros no somos especialistas en todas las materias, y, mucho menos, autosuficientes. Y que esa es la razón por la cual nos reunimos en comunidades organizadas. Hasta que no seamos lo suficientemente capaces como para comprender este punto, seguiremos adoleciendo de males inventados por unos pocos, que de verdad son “expertos” en crear conflictos, cual mago que saca conejos de su galera, pero no con el fin que éste tiene de entretenernos sanamente, sino, muy por el contrario, con un objetivo diametralmente opuesto: sembrar discordia, confusión y caos entre nosotros mismos, y el descrédito hacía todas las instituciones de la Nación.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

Te puede interesar