FLORA TRISTAN

"Dos cosas me admiran: la inteligencia de las bestias y la bestialidad de los hombres" (Flora Tristan)
Flora+Tristan

Entre las personalidades notables del movimiento feminista de! siglo XIX figura el nombre de Flora Tristán, francesa de origen peruano que tuvo un azaroso destino, signado por las luchas en favor de los derechos de la mujer. Su actividad y sus libros dejaron profundas huellas en la conciencia de la época e influyeron en el pensamiento de muchos teóricos que se ocupan de los problemas sociales.

Con una linda casita de París, con un jardín ya florido, nace el 7 de abril de 1803 Flora Celestina Teresa Enriqueta, hija de Mariano Tristán y Moscoso, coronel de Su Majestad el Rey de España, y deThérese Leisney.

La pequeña obtiene pronto una partida de bautismo en regla, pero los padres no exhiben su certificado de matrimonio. Acaso no lo tienen, y este detalle administrativo signará, en última instancia, el destino de Flora.

Mientras la niña gatea, un sudamericano amigo de la casa suele pasear con Mariano por el jardín, arrancando las flores que se ponen a su alcance y arrojándolas nerviosamente al borde del sendero y leyendo a Montesquieu. El matrimonio Tristán pasa horas compartiendo su inquietud y escuchando sus audaces opiniones políticas: su nombre es Simón Bolívar.

Los Tristán se sostenían con las remesas que del Perú les enviaban regularmente los opulentos parientes del coronel, a pesar de que estos desaprobaban su concubinato con la “plebeyísima” Thérese. Y cuando en 1813 muere Mariano, a Thérese —a quien Flora llama Minette-ya no le envían dinero del Perú. La estrechez obliga a ambas a mudarse a una casa de la rué de Fouarre, frecuentada por hampones, tahúres, prostitutas, prófugos, conspiradores y otras gentes de esa ralea.

A pesar de los apremios económicos, Thérese trata de que su hija reciba una educación esmerada; sin embargo, Flora aprende solo lo que se le antoja y es especialmente impermeable a las reglas ortográficas.

La joven comienza pronto a despertar el interés del otro sexo, con sus ojos bellos, profundos y melancólicos, su copiosa cabellera negra rizada en largos bucles, algo desordenados, la vivaz expresividad de su rostro, de tez olivácea, su voz dulce, de palabra fácil, y su porte elegante y altivo.

Un joven “de buena familia” empieza a visitarla asiduamente y ella le cuenta que, a pesar de vivir en la rué de Fouarre, el abolengo de una Tristán y Moscoso entronca por un lado con Moctezuma y por otro con los Borja, de Aragón. Pero el padre del muchacho no quiere saber nada con la hija de unos concubinos, y se opone a la relación.


A los diecisiete años Flora entra a trabajar en un taller de litografía. El dueño, André Chazal, de veintitrés años e “ideas progresistas”, empieza a rondarla e insiste en acompañarla hasta su casa por las noches. “Es tu oportunidad”, le sugiere Minette a Flora, pero esta le responde con desdenes.

Pero la miseria es más fuerte que el orgullo, y un día Chazal recibe una carta no muy pulcra pero inflamada por una súbita pasión que al parecer corresponde a la suya. El 3 de febrero de 1821 se realiza la boda, exclusivamente civil. Dos años después les nace un hijo, pero Chazal gana cada día menos y bebe cada vez más. El matrimonio se enzarza en continuas y violentas peleas.

A fines de 1825 tienen una hija, Aliñe. Poco después Flora abandona con sus hijos ese simulacro de hogar. Mientras ellos se refugian en casa de Minette, Chazal se evapora dejando una estela de deudas.

Flora se emplea como colorista, luego en una confitería, después como modista. Muchas puertas se le abren, pero pronto vuelven a cerrársele por su carácter impaciente y arrogante. Y un buen día, mientras su tío, Pío Tristán, uno de los generales vencidos con las últimas tropas españolas en Ayacucho entregaba su espada a Bolívar, Flora se embarca para Inglaterra dejando a sus hijos con la abuela.

Nada se sabe de la estadía de dos años en la isla de esta mujer sin dinero, sin marido, sin hijos y casi sin apellido. En 1828 reaparece en París solicitando a la Justicia la separación de bienes respecto de su marido. Pero no ha lugar: puesto que Chazal no posee bienes, mal podría separárselos.

Flora escribe entonces a Pío para reclamarle su parte en la herencia de los Tristán y Moscoso. Por toda respuesta recibe una amable carta y un subsidio anual de 2500 francos.


En 1831 Chazal reaparece: quiere llevarse a uno de los hijos, Ernesto, de 8 años. Más querellas y trifulcas hasta que llegan a un acuerdo: Ernesto, a cambio de un compromiso de separación de cuerpos. Pero Chazal no se conforma: quiere también a Aliñe, y cuenta con la complicidad de Minette. Flora rompe con su madre, deja a Aliñe oculta en la casa de una señora de Angulema y se embarca para el Perú en abril de 1833, a buscar su herencia, sin éxito.

Tuvo, empero, ocasión de admirar el enorme poder de las mujeres en la sociedad limeña, y observó con cierta envidia a Pancha Zubiaga, “La Maríscala”, esposa del caudillo Gamarra, que reunía en sus manos las riendas del poder.


En 1835 Flora está de vuelta en París con las manos vacías. Empieza a frecuentar a los sansimonianos, a los socialistas, a los utopistas Owen y Fourier, y decide hacerse escritora, como George Sand. Sin embargo, lo que la proyecta a la notoriedad es su conflicto con Chazal.

Este descubre el paradero de Aliñe y la rapta; pero la niña se le escapa y Flora denuncia a Chazal por incesto. El caso se hace famoso y pronto todo París no habla sino de ella. Flora aprovecha para presentar una petición a la Cámara de Diputados: que se restablezca el divorcio. Con ello se pone de moda en los círculos artísticos y literarios y Alfred de Muset empieza a rondarla provocando los celos de George Sand.


En 1838 aparecen las “Peregrinaciones de una paria”, relato de su viaje al Perú, con opiniones muy personales sobre sus habitantes, y no pocas inexactitudes, junto con vibrantes alegatos en pro de los derechos de la mujer. Tiene, sin embargo, bastante éxito.

La fama de Flora alcanza su culminación cuando el tribunal decreta la separación de cuerpos y Chazal, fuera de sí, le cierra el paso en la calle y le dispara un balazo en el pecho. “Méphis o el proletario”, novela filosófica, autobiográfica y social, que acaba de publicar, es arrebatada por el público en las librerías. En 1839, ya recuperada, vuelve a Londres y al año siguiente, en “Paseos por Londres”, hace una descripción descarnada de la miseria de las clases bajas en Inglaterra adelantándose con ello a otros estudiosos de su tiempo.

Flora pasa su tiempo visitando centros obreros, asistiendo a cenáculos políticos y literarios, y escribiendo. Elabora un sistema político: para empezar, la clase obrera debe formar un sólido bloque; debe luego adquirir poder económico y, a través de él, poder político. Flora toma de los sansimonianos la idea de fundar bancos que den crédito a los trabajadores, pero introduce una variante fundamental: el capital de esos bancos deberá ser aportado por los mismos obreros.

Por todos estos desvelos, muchos de los trabajadores la consideran su “Mesías-mujer”. Ella los arenga: “La ley que esclaviza a la mujer y la priva de instrucción os oprime también a vosotros, hombres proletarios. A vosotros, obreros, que sois las víctimas de la desigualdad de hecho y de la injusticia, a vosotros corresponde, pues, establecer al fin sobre la Tierra, el reinado de la justicia y de, la igualdad absoluta entre el hombre y la mujer”.

En 1843 una suscripción pública le permite publicar La Unión obrera, todo un sistema político basado en los principios de unidad y autonomía económica de la clase proletaria. Al año siguiente inicia el “tour de France”: una mujer sola recorre todos los centros fabriles de Francia, predicando a los trabajadores el imperativo de unidad y recogiendo adhesiones. Pero el esfuerzo es excesivo, y muere en Burdeos de una congestión cerebral, el 14 de noviembre.

Poco a poco su nombre se pierde en el olvido, pero algo hay de su sangre que perdura: en 1848 su hija Aliñe, casada con un oscuro periodista, dará a luz a un niño que llevará el nombre de Paul Gauguin.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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