¿SI SAN MARTÍN VIVIERA, VOTARÍA POR CRISTINA?

Conociendo el ideario sanmartiniano, ¿le daría el Libertador su apoyo al máximo exponente de la corrupción desde el Poder, o lo repudiaria como los que traicionan a la Patria?
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No existe mejor barómetro para medir el desprestigio de una dirigencia política mediocre, o directa y simplemente perniciosa y malintencionada, que la caída en el olvido de las fechas y los hitos que conformaron un jalón en nuestra historia.

Hubo momentos, en nuestro pasado cercano, en que se conmemoraban hechos que conformaron un antes y un después, una bisagra en la vida de los argentinos. Hombres de todas las edades, ancianos, adultos, jóvenes y hasta los niños sabían que había ocurrido en un día como hoy.

Quizá, algunos estén tentados de atribuir el olvido a una modernidad que baja del bronce a sus próceres y los pisotea; al deficiente sistema educativo actual, que se conforma con el dictado de una cierta cantidad de jornadas anuales, sin que los contenidos que se imparten en los establecimientos escolares importe demasiado; a un proceso natural que se da en las sociedades para con sus miembros de menos edad. Sin embargo, estos sucesos no son aplicables al resto de los habitantes del país, que habiendo vivido en esa fecha y en fechas posteriores, deberían rendir tributo a un hecho de tamaña trascendencia. Sin embargo, no digo que sean pocos, pero la mayoría de los argentinos sólo recuerdan al 17 de octubre de 1945, al “Día de la Lealtad”, por alguna mención periodística, puesta en la sección “efemérides”.

El “Día de la Lealtad”, sea que se adhiera al ideario peronista o no, nunca pasó tan desapercibido como lo es hoy en día. Y esto no es algo que recién suceda este año. No, este hecho se viene repitiendo desde hace más de una década. Una década que, vaya coincidencia, es justamente en la que el país estuvo gobernado por el régimen kirchnerista, que nunca se desprendió de su pasado peronista cuando necesitó tener un “palenque dónde rascarse”, pero que hizo todo lo posible para diferenciarse del ideario de Perón cuando la disputa del poder requirió olvidarse de raíces y hasta de próceres.

El 17 de octubre de 1945 fue la fecha fundacional del “segundo movimiento histórico”, entrada en la escena política de las masas, hasta ese momento relegadas y hasta desconocidas por una aristocracia argentina, como demasiado olor a campo y con veleidades parisinas, que renegaba de su pasado, de la misma manera en que renegó el “Relato K” desde el momento en que se hizo del máximo poder del país. En la misma medida que esa aristocracia rural utilizó al desposeído, para imponer con su dinero un régimen socialmente injusto y políticamente fraudulento, el kirchnerismo hizo lo propio con las bases peronistas, para asentar sus reales en la máxima magistratura de la Nación, y luego darles la espalda a una mayoría que sólo recibió las migajas de uno de los períodos de mayor crecimiento económico en el mundo y en nuestra región.

Entonces, no se puede tener el cinismo y la caradurez de proclamar, a los cuatro vientos, que si Perón y Evita vivieran votarían la lista de “Unidad ciudadana”, encabezada por quien es, hoy por hoy, la figura política que más hizo para despellejar al partido peronista y para violar, con cada una de sus acciones, todos los postulados que General Perón legó a todo un pueblo.

La falta de respeto con que hoy se maneja le ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, para con un verdadero símbolo de nuestra argentinidad, nos afecta a todos, no solamente a los peronistas. Porque los símbolos, cuando son incorporados a la idiosincrasia de una Nación, pierden las banderías políticas para convertirse en ejes rectores.

¿Quién puede dudar actualmente de la inmensa simbología que representan en nuestro sentir nacional figuras como José de San Martín, Manuel Belgrano o Domingo Faustino Sarmiento? En su momento fueron “animales políticos”, en el mejor sentido de la palabra. Estos tres próceres, y sólo a modo ejemplificativo tomo sus nombres, porque hay muchos más que forman parte de nuestras raíces, tuvieron sentimientos, pensamiento e ideales muchas veces encontrados. Fueron combatidos y combatientes. Levantaron ríspidas polémicas y dejaron su enorme huella para la posteridad. Sin embargo, quienes los sucedieron, aquellos que tomaron sus postas, aún con las enormes diferencias que evidenciaban con aquellos, supieron respetar sus memorias.

El gran historiador argentino, Presidente de la naciente Nación, Don Bartolomé Mitre, fue un acérrimo adversario político de Sarmiento, y no obstante ello escribió nuestra “Historia Oficial” sin manchar su memoria ni mancillar su legado.

Decía al principio de esta nota, que el olvido de las fechas importantes de nuestra historia es un barómetro que nos da la medida de la mediocridad y el grado de displiscencia de la clase política y dirigencial que hoy tenemos, o, al menos, de gran parte de ella.

¿ Será cierto que Evita, de estar viva, votaría por Cristina, y que Perón lo haría por Taiana? ¿o más acertado es pensar, que si ambos vivieran se mofarían de dirigentes que sólo recuerdan el nombre de hombres y mujeres de enorme significado y simbolismo cuando las “papas” queman? En todo caso, tanto la primera pregunta, como la segunda conforman lo que se denomina una “ficción histórica”, es decir un hecho que jamás va a ocurrir, porque los personajes ya no están entre nosotros para poder develarnos cuál podría ser su elección.

Lo único cierto, en todo esto, es que, cuando alguien, en este caso la “exitosa abogada”, está al borde del precipicio y a punto de caer, no importa de quién es la mano que se agarra para sostenerse, sino que lo importante es asirse de lo que sea para no caer.

En esta última metáfora sí deberíamos pensar en el momento de entrar el próximo domingo al cuarto oscuro para emitir nuestro voto.

Y, como en política hay que subir siempre la apuesta, ya que la hacedora de la “década ganada” hizo ya su pronóstico, yo diría: ¿por quién votaría San Martín?. De seguro, con la sola lectura de las “Máximas a Merceditas”, no sería por Cristina Kirchner ni por ninguno de los que hoy integran la lista de “Unidad Ciudadana”, ejemplos vivientes de uno de los delitos que el Libertador equiparaba con el de “traición a la Patria”: la corrupción.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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