Sólo la torpeza "K" disimula la frágil situación del gobierno

OPINIÓN 16/10/2017 Por
Siete días de política. El oficialismo espera un triunfo claro el domingo próximo como consecuencia del humor social favorable. Pero después tendrá que hacer un fuerte ajuste porque el déficit fiscal es insostenible
87486_620

 Por Sergio Crivelli

Cuando Néstor Kirchner destruyó el Indec para que no mostrara que la inflación desbordaba, su ex ministro Roberto Lavagna comparó la situación con la del que rompe el termómetro para que no le muestre que tiene fiebre.

La ventaja de estadísticas confiables reside en que sirven de alerta y esto quedó confirmado el jueves último cuando se conoció la inflación de septiembre: 1,9%. En nueve meses la suba del costo de vida trepó al 17,6% superando la meta pautada por el Banco Central para todo el año. Después de 20 meses en el poder Mauricio Macri no avanzó de manera consistente sobre uno de los problemas centrales del desastre económico que le legó el kirchnerismo.

Lo llamativo es que la mala noticia se conoció en un contexto de un humor social favorable al gobierno por la recuperación de la actividad y del consumo, por el fuerte crecimiento de la obra pública y su secuela de más empleo en blanco. La expansión del crédito, en especial a los sectores de más bajos recursos, jubilados, beneficiarios de planes, etcétera, es una de las claves que explican por qué en la mayoría de los distritos de gran peso electoral el macrismo tiene sólidas posibilidades de ganar y la oposición está en retroceso. Hasta el gobernador peronista de Salta pronosticó el viernes que "la Argentina se va a pintar de amarillo".

La otra clave es la falta de una oposición medianamente viable. Su principal objetora, Cristina Kirchner, ha hecho una campaña errática. Primero apuntó contra un "ajuste" que obviamente no existe como lo demuestran todas los índices macro. Alertada de esta situación, probó con la desaparición de Santiago Maldonado y cuando ese fantasma se esfumó de los medios atacó con el fraude electoral y la falta de estado de derecho. También alertó sobre un ajuste poselectoral, pero tiene dos problemas: su gestión de gobierno no la ayuda para opinar sobre economía y su credibilidad es nula.

Pero la expansión artificial de la economía con obra pública y crédito tiene un límite. Hay indicios fuertes de que el crédito para el consumo de los sectores bajos y el acceso a la vivienda de los medios acicatearon fuerte la inflación. También tiene un límite el endeudamiento para financiar gasto público evitando el ajuste.

Se espera que el presidente convoque a los gobernadores cinco días después las elecciones posiblemente favorecido por el resultado para negociar la reforma tributaria, la responsabilidad fiscal de las provincias y el presupuesto 2018. Seguirá teniendo minoría en ambas Cámaras del Congreso por lo que la cosecha en las urnas será decisiva para sacar un acuerdo que devuelva la racionalidad a la economía.

Sin embargo los problemas más urgentes son de caja. Se espera una fuerte frenada del gasto en viviendas, agua, cloacas y rutas vía subejecución de lo presupuestado para cumplir con la meta de un déficit del 4,2% para 2017. El período de austeridad será entre noviembre de este año y junio del que viene.

Y aquí se medirá el verdadero poder del gobierno. Deberá hacer la tarea que postergó desde el día que asumió para garantizar la gobernabilidad. Si bien el ajuste ortodoxo no es viable políticamente, deberá reducir subsidios, aumentar tarifas y atacar un gasto que no es flexible, porque la mayor parte se va en jubilaciones, sueldos y planes. El gradualismo se está agotando.

En este marco los empresarios recibieron a Macri en el coloquio de IDEA, con declaraciones optimistas, pero a la espera de correcciones imprescindibles. La encuesta que habitualmente se hace entre los hombres de negocios arrojó que el 86% cree que la economía mejorará en el próximo semestre. Pero eso no oculta que la desconfianza entre el "establishment" y Macri es real. Sólo puede ignorarla Cristina Kirchner cuando dice que Macri gobierna para los ricos.

El presidente tiene varias cuentas pendientes con sus ex colegas. Apoyaron a Daniel Scioli, remarcaron con ganas e invirtieron lo indispensable. No imaginaron que llegaría a la primera elección de su mandato con ventaja sobre una oposición fragmentada y a la defensiva. Tampoco que les aplicaría una receta peronista a los peronistas y repartiría planes, pondría dinero en el bolsillo de los sectores más postergados. Pero las sorpresas les duran poco. Ellos también piensan en peronista. Tiene tan poco sentido pedirles autocrítica como inversiones. Las harán cuando la ganancia esté asegurada.

Fuente: La Prensa

Te puede interesar