ALBIÓN, ALBIÓN, QUE GRANDE SOS

EDITORIAL 28/09/2017 Por
Hay poner a buen resguardo nuestro oro. Aquí es peligroso tenerlo. Por ahí cae en manos de los mapuches. Mejor llevarlo a Londres
MACRI ORO

Isaias AbrutzkyIsaías ABRUTZKY / Especial para R24N

www.facebook.com/isanacypop

Las Malvinas son argentinas. No debe haber connacional que no concuerde con esta afirmación, aunque a algunos la soberanía sobre las islas australes le preocupe más que a otros.

Sobre ese territorio, sin embargo, no podemos ejercerla, porque está ocupado por la fuerza de las armas. No fueron los mapuches ni los tehuelches; ojalá hubieran sido, porque acreditaban más derecho que cualquier otro que llegó en un barco. Fue Inglaterra la usurpadora.

A Galtieri, entre los vahos del alcohol, se le ocurrió recuperarlas a lo guapo, y hasta logró la ovación de una Plaza de Mayo repleta y la donación de mucho dinero en efectivo, joyas y alimentos que desaparecieron en los bolsillos de quienes debían administrar esos bienes en función de la guerra y para ayudar a los soldados casi niños, provenientes principalmente de tierras cálidas, como Corrientes, hambreados y sin la indumentaria que se requiere para soportar las bajas temperaturas del lugar.

Como sabemos, el intento terminó de la peor manera, aunque en su haber se puede contar el subsiguiente derrumbe de la feroz dictadura cívico militar que asoló el país y la vuelta a la democracia con un presidente de lujo, como fue Raúl Alfonsín.

El tema Malvinas fue dejado a un costado por el menemismo y subsiguientes gobiernos hasta el kirchnerismo, que bregó en todos los foros contra el ignominioso despojo cometido en 1833.

El gobierno macrista no le dio ni le da importancia a la recuperación de las islas, y -como quienes lo comandan son hombres de negocios- busca asociaciones empresarias para facilitar el saqueo de los recursos naturales de la zona. Seguramente algo podrá quedar, claro que no en la gente de pata al suelo a la que se le pide esperanza y fortaleza para pasar, no un invierno, como pregonó el capitán ingeniero Alzogaray, sino unos veinte o más. Quedará en las arcas de los empresarios que se involucren, como por ejemplo Lewis, que es inglés, y algunos socios locales. Business are business.

Pero, para ser honestos, no podemos dejar de mencionar el firme reclamo por lo derechos argentinos expresado hace pocos días por la vicepresidenta Michetti, ante el imponente salón vacío de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Si las paredes oyen las sillas también.

Ahora, para mostrar que estamos abiertos al mundo, y que somos serios, el Estado decidió llevarse las once toneladas de oro que posee el Banco Central. ¿A donde? A un lugar de gente seria, incapaz de actos de piratería (hay que mirar al futuro y no quedarnos en detalles como la construcción de un imperio colonial que abarcaba 28 millones de kilómetros cuadrados y sometía a 300 millones de habitantes).

Entonces, el mejor lugar que los funcionarios argentinos encontraron para llevar ese oro es Inglaterra. Desde allí podrá sacarse provecho de esa riqueza, por la que el país obtendrá el 0,3% de interés. Claro, habrá que pagar el costoso transporte, las comisiones, seguros, alojamientos, etc., etc., con lo cual no quedará ni un mango y tal vez haya que pagar encima. Mientras tanto, por una suma equivalente al valor de ese oro, hemos pedido un préstamo a cien años de plazo, al 7,75% por ciento de interés anual. Brillante negocio!!

De paso, ese oro podrá ofrecerse como garantía por la deuda externa contraida. Y si uno se fija en las cuentas nacionales, pocas dudas quedan de que si se sigue en el rumbo que tomó la política económica, el default será inevitable, no hoy, pero a plazo más corto que mediano. Lo advierten, aunque desde distintas miradas, todos los economistas que no ocupan cargos en el gobierno.

La suerte está echada, y la expresión de las urnas debe ser respetada. Quienes no están de acuerdo pueden tratar de convencer a sus vecinos para que voten en su propia defensa y vigilar que no les hagan fotocopias truchas de los telegramas, ni haya manipulación manual ni electrónica.

Vivimos en un estado de derecho y todo el mundo tiene la posibilidad de informarse, pero no en las escuelas, porque los alumnos no deben ser adoctrinados. Tampoco en la TV, porque los espectadores pueden llegar a ser colonizados por un desaforado como Navarro.

Orden y progreso! El MacriCat de la buena suerte ya está disponible y es furor entre los funcionarios y empleados de la Casa Rosada. Consiga su ejemplar. Pero usted, lector que sigue apegado a las viejas y molestas cadenas nacionales también puede tener su amuleto. Se llama Pinguinéstor, y lo ofrecen los mismos fabricantes, ejemplo de los emprendedores que necesita el país.

Te puede interesar