Seis verdades del Presupuesto 2018

OPINIÓN 27/09/2017 Por
Hace años que la mala política fiscal, con su gasto público, presión tributaria y déficit fiscal (ajustado por recaudación) récord, nos condena a no crecer en serio y a vivir con alta inflación
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El gasto público de Nación aumentó de 21,4% (2011) a 26,8% (2016), mientras que el déficit financiero pasó -1,9% (2011) a -6,8% (2016) del PBI. En el mismo período, el PBI per cápita cayó -7% punta a punta y la inflación acumuló +298% promediando +31,2% anual.

En este marco, crecer en serio con baja inflación exige (comenzar a) cambiar la política fiscal, reduciendo el déficit con baja de impuestos, es decir bajando el gasto público en serio. Si el Presupuesto plantea correcciones en la política fiscal, aumenta la probabilidad de crecer en serio y en forma sostenida. También sube la chance que la inflación baje más rápidamente y con creación de empleo y mejores salarios (con más poder adquisitivo). Por el contrario, si el Presupuesto sigue con la misma política fiscal, nada cambiará en serio.

- El Presupuesto 2018 no ayuda a crecer en serio, porque está más pensado para seguir surfeando el oleaje político, que para comenzar a corregir los problemas de fondo. No se reduce el peso del Estado sobre el sector privado de la economía. Así, no se alienta un fuerte proceso de inversión privada, la acumulación de capital, mejora de productividad, creación de empleo y crecimiento en serio. Sin embargo, el acceso al crédito permitiría que en 2018 se rompiera el ciclo político de los años pares con caída de PBI. Según nuestras estimaciones, el PBI variaría +2,0% en 2018, un -1,5% menos que lo proyectado por el Presupuesto 2018 (+3,5%).

- El Presupuesto 2018 no ayuda a cumplir la meta de inflación, porque reduce muy poco la emisión monetaria destinada a financiar el déficit fiscal ($ 140.000 MM en 2018 vs. $ 150.000 MM en 2017), dificultando la política monetaria del Banco Central (BCRA) que deberá seguir haciendo malabares. En un marco de expectativas racionales y al igual que en 2017 cuando la meta no se cumple (¿por 5 ó 6 p.p.?), en 2018 el mercado descontará que se seguirán emitiendo pesos de más para pagar el déficit y comprar los dólares de la deuda, lo cual le pondrá un piso elevado a las expectativas dificultando el descenso de la inflación observada hacia la meta (12%/8%).

- El Presupuesto 2018 no es de ajuste, porque sigue manteniendo un déficit fiscal financiero más elevado que a fines de 2015. Considerando los intereses intra sector público, el déficit financiero bajaría de 7,3% (cumpliendo meta 2017) a 6,5% (2018) del PBI, superando por +0,4 p.p. al déficit 2015 (6,1% del PBI). De hecho, se plantea una reducción del déficit financiero similar a la caída de los subsidios económicos (-0,6% del PBI), mostrando que sólo ajusta una parte del sector privado.

Esta falta de ajuste se aprecia inapelablemente en tres hechos: i) en 2018 se proyecta tomar u$s 30.000 millones de deuda, lo cual no es muy diferente a los u$s 78.850 MM colocados en 2016/2017 (sin Holdouts y BONAR X); ii) en 2018 el pago de intereses (+10,8%) es la cuenta que más aumenta en términos reales en 2018, y iii) Saliendo todo según lo planeado en el presupuesto (nunca sucede), el déficit financiero cerraría 2019 (5,9%) en niveles similares a 2015.

- El Presupuesto 2018 no reduce el peso del Estado: el gasto público (-0,7%) y la presión tributaria (-0,3%) no sólo no caen prácticamente en términos de PBI, sino que bajan gracias a dos artilugios: i) la baja de gasto coincide con el recorte de los subsidios económicos (-0,6% del PBI) y, ii) la baja de la presión tributaria es inexistente cuando se netean los ingresos tributarios del blanqueo en 2017 (0,4% del PBI). Además, ambas reducciones se logran sólo vía licuación por crecimiento económico, lo cual implica que el peso del Estado no disminuiría si el crecimiento del PBI terminara siendo menor (E&R +2,0% vs. Presupuestado +3,5%).

- El Presupuesto 2018 es progresista y redistribuye ingresos. Los subsidios económicos destinados a la población de mayores ingresos (CABA y GBA) caen a menos de la mitad, bajando de 5,1% (2015) a 2,5% (2018). Paralelamente, el gasto social sube de 14,7% (2015) a 15,4% del PBI (2018). Este incremento se explica fundamentalmente por el aumento en seguridad social (jubilaciones, pensiones, jubilaciones y pensiones no contributivas y seguro de desempleo) que sube de 10,4% (2015) a 11,6% (2018) debido fundamentalmente a la Reparación Histórica. Esta redistribución progresista del ingreso se evidencia cuando se observa que el Ministerio de Energía (-30,4%) y el Ministerio de Transporte (-19,0%) pierden ingresos contra la inflación, mientras que el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (+1,9%); Ministerio de Desarrollo Social (+4,8%); Ministerio de Educación (+5,3%) y el Ministerio de Trabajo (+5,7%) ganan recursos en términos reales.

El Presupuesto 2018 asegura que el ritmo de toma de deuda baje poco durante los próximos años, lo cual es un riesgo que no se puede ignorar. El ritmo de endeudamiento es actualmente más problema su nivel. Descontando deuda con BCRA, la deuda/PBI de Argentina (41,2%) coincide con el promedio de la región (41%), pero nuestras colocaciones en moneda extranjera (u$s 45.951 MM) superan casi 4 veces las de Méjico (u$s 12.560 MM) y 9; 10 veces las de Ecuador (u$s 5700 MM) y Brasil (u$s 4000 MM) en 2016/2017. Hoy en día y con financiamiento, el costo de la mala política fiscal es un costo de oportunidad, no hacer las correcciones que hay que hacer para crecer en serio. En el futuro y con niveles de deuda más elevados, un eventual cierre del financiamiento podría tener costos tangibles: crisis y ajuste macro.

Fuente: Cronista

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