¿CAMINO A LA PROSPERIDAD O AL DESASTRE?

EDITORIAL 21/09/2017 Por
El gobierno estiró los plazos para lograr una economía próspera. Del segundo semestre se pasó a este año y ahora los funcionarios hablan de un proceso que se extiende hasta el 2024. Los economistas de uno y otro lado cada vez muestran mayor preocupación
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Isaias AbrutzkyIsaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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El ministro Dujovne, en la Cámara de Diputados, defendió el proyecto de ley de presupuesto del oficialismo, y discutió con Kicillof respecto de los números.

Quien fuera ministro de economía de Cristina pidió a los representantes de la actual administración que reconozcan que en 2015 hubo un déficit fiscal de 1,5 puntos del Producto y que lo llevaron en 2016 al 2,2 y ahora a 4 puntos. “Ustedes tienen que admitir que incrementaron el déficit por medidas equivocadas" dijo.

Kicillof criticó los cambios de metodología en el cálculo de las cuentas públicas, y los integrantes del equipo de gobierno no los negaron replicando que los cambios fueron necesarios para “decir la verdad”.

Los argentinos estamos acostumbrados a desconfiar de los números que presentan los gobiernos. El análisis que se puede hacer siempre está pisando un terreno patinoso, pero de una u otra manera la verdad termina por conocerse. Los anuncios oficiales pueden -y suelen- ser mentirosos al comienzo, y esas mentiras se sostienen a sangre y fuego. Pero con el tiempo los funcionarios van relajando sus dichos y ya no les importa desdecirse. La verdad pierde su fuerza y aparece en medio de una catarata de otras informaciones que la disimulan y desnaturalizan.

Los miembros del equipo económico del macrismo, y los políticos oficialistas también saturaron los medios con el latiguillo de la pesada herencia. Días atrás, sin embargo, el Ministro de Finanzas Caputo dijo suelto de cuerpo que el nivel de la deuda de Argentina "es el más bajo de la región, del 27 % del Producto Bruto Interno (PBI)".

Si esto es verdad, luego de haber endeudado al país en más de cien mil millones de dólares, ¿qué duda cabe de que recibieron un país desendeudado, condición fundamental de una economía sana, de bajo déficit?

Pero ahora no importa, la ciudadanía ya había sido inoculada con el virus de la pesada herencia. Los votos se obtuvieron. Ahora viene otra elección, pero ya los temas y los ejes de la discusión serán otros o los hechos serán presentados de distinto modo.

No es tan difícil lidiar con la oposición. Los políticos y economistas afines al gobierno tienen respuestas tipificadas. ¿Algo mal que hace el gobierno? Respondan que el kirchnerismo lo hacía peor, no importa que no se trate del mismo tema. No importa que los argumentos no resistan al menor tratamiento lógico. Como cuando Novaresio intentó cargarle al gobierno de Cristina afiches en los que se escrachaba a periodistas opositores y recibió una respuesta que finalmente se convirtió en leyenda de remeras.

Marco Lavagna, economista del espacio massista pone la situación de las cuentas fiscales en negro sobre blanco: el déficit primario se reducirá por la disminución de los subsidios y algunos recortes en el gasto social, pero los intereses de la deuda contrarrestan el ahorro, y más. Sin embargo las cuentas se complican. Al solventar el déficit con préstamos externos en un marco de libre cambio en el que desde la asunción de las actuales autoridades se permitió la fuga de cuarenta mil millones de dólares, se alimenta una espiral de endeudamiento que muchos expertos consideran imposible de remontar.

Melconian, un amigo del gobierno, lanzó su señal de alarma, y ya lo expusimos en esta columna: "En la cuenta corriente, hoy tenemos u$s 7000 millones de déficit comercial, 11.000 millones de servicios, donde entra viajes, 7.000 millones de utilidad y dividendos, y 8.000 millones de intereses. En total más de u$s 30.000 millones de déficit".

En las proyecciones del gobierno, el déficit comercial va a seguir en cifras parecidas por unos cuantos años. No hay razones para que la fuga de capitales (atesoramiento, viajes), la carga de intereses o los dividendos y la remisión de utilidades se reduzcan.

En el programa Minuto Uno, de Gustavo Sylvestre, José Ignacio de Mendiguren y Carlos Heller concidieron en que la actual política económica no es sustentable. El colapso no es inminente, acordaron, pero el camino es hacia el desastre. Heller se permitió una imagen graciosa para hacer un símil con la economía argentina: “Esto es como
un tipo que se tira de lo alto de un edificio y al pasar por el segundo piso alguien le pregunta como va. Y el hombre responde 'por ahora bien'”

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