CECILIA GRIERSON

Primera mujer médica de la República Argentina
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Cecilia Grierson, para muchos una desconocida, es la referente de un grupo de mujeres que, desafiando las barreras de la indiferencia y el rechazo, lograron imponer enormes cambios en los derechos femeninos de la sociedad del siglo XIX. Fue la primera mujer que logró obtener el título de Médica en una universidad argentina y, según algunos registros, también en toda Latinoamérica.

Cecilia era una niña de vivaces ojos azules, cara redonda y cabellos castaños ensortijados, en los que se denotaba su ascendencia y carácter voluntarioso y audaz. Nacida el 22 de noviembre de 1859 en Buenos Aires, era hija de John Parish Robertson Grierson, un descendiente de los primeros colonos escoceses que llegaron al país, y de Jane Duffy, originaria de Irlanda. Su abuelo paterno, William Grierson, era un colono escocés que se había establecido en Monte Grande en 1825, durante la presidencia de Bernardino Rivadavia, en la primera y única colonia formada por escoceses en la Argentina.

Su primera infancia transcurrió en las estancias de su padre, primero en la República Oriental del Uruguay y más tarde en el distrito de Gena, provincia de Entre Ríos. Completó sus estudios primarios en destacados colegios ingleses de la ciudad de Buenos Aires y, a la muerte de su padre, regresó a Entre Ríos para ayudar a su madre en el cuidado de sus hermanos. A la vez, colaboraba económicamente trabajando desde muy joven como institutriz en la casa de una familia de buena posición. En 1873, a los 14 años de edad y siendo aún estudiante, instaló con ayuda de su madre una escuela en lo que quedaba de la otrora opulenta estancia de los Grierson y, allí, ejerció la docencia durante 3 años sin ser maestra (costumbre habitual en esos años en los que los maestros rurales escaseaban). Dada su minoría de edad, el sueldo era pagado a su madre.

A los 15 años ingresa a la primera Escuela Normal de Señoritas de Buenos Aires, fundada por Emma de Caprile en el barrio porteño de Barracas, y se gradúa de Maestra de Grado Primario en 1878.

Según refiere en una carta, desde muy pequeña soñaba con ser maestra y esto se reflejaba en sus juegos infantiles. En este sentido, comenta: "...creo que nací para ser maestra, recuerdo algunas escenas desde los dos años de edad, donde siempre en mis juegos era una maestra...".

Ya a los 18 años, el Director de Escuelas Domingo F. Sarmiento la designa maestra en la Escuela Mixta de San Cristóbal, y con este puesto puede traer a su familia a Buenos Aires. Sin embargo, un penoso episodio transforma el rumbo de su vida. Amelia Kenig, su mejor amiga, muere luego de padecer una enfermedad respiratoria crónica. La larga convalecencia y el trágico final de Amelia provocan en Cecilia un drástico cambio de actitud: decide estudiar medicina. Así, motivada por el deseo de luchar contra la enfermedad y el dolor, comienza a poner en ello todo su esfuerzo.

En esta Buenos Aires del siglo XIX, la carrera de Medicina era reservada sólo al sexo masculino y ninguna mujer argentina había osado ingresar a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Sin embargo, Cecilia estaba dotada por aquellas cualidades que distinguen a los seres trascendentes y las dificultades no la abatían; por el contrario, la estimulaban a luchar por lo que consideraba justo y ella se había propuesto cumplir con el ferviente anhelo de ayudar a los que sufren. De todos modos, el largo camino de la mujer en procura de la igualdad ya había empezado a jalonarse de mártires un tiempo antes. Cecilia tenía una precursora, Elida Pazos, cuyo fin había resultado trágico. Esta mujer había logrado ingresar a la universidad y, luego de recibir el título de Farmacéutica, había conseguido cursar medicina hasta el quinto año. No obstante, el destino ya le había deparado una jugarreta, un final tan injusto como prematuro, ya que, después de tener que recurrir a la justicia para lograr su ingreso a la casa de estudios en Ciencias Médicas, la tuberculosis terminó con su joven vida.

Si bien ninguna regla escrita prohibía el ingreso de las mujeres, la postergación y sojuzgamiento femenino eran tales hacia fines del siglo XIX que implícitamente éstas quedaban excluidas de la posibilidad ser médicas. A pesar de estas dificultadas y luego de un enorme esfuerzo, Cecilia finalmente logró ingresar a la Facultad de Medicina. No obstante, tuvo que padecer las descalificaciones y duras críticas de los compañeros y profesores.

Desde el año 1883, la Universidad autónoma había aprobado los seis años para la carrera médica, pero los estudiantes estaban disconformes con la formación excesivamente teórica y la falta de práctica en esa casa de estudios. En respuesta a esta inquietud, en el Círculo Médico, fundado en 1874 por un grupo de estudiantes reunidos alrededor de José María Ramos Mejía y entre quienes estaban José Penna y Juan B. Justo, comenzó a funcionar una escuela práctica de medicina con consultorios de diversas especialidades y un centro de investigación y difusión científica. Allí, también empezó a desarrollarse la primera Escuela de Enfermeras de América Latina con un plan de estudios formal y su creadora fue la estudiante de medicina Cecilia Grierson, quien dirigió la institución hasta 1913. Entre otros aportes, ella estableció el uso del uniforme de enfermera, el cual fue adoptado por la mayoría de los países latinoamericanos.

En 1891 fue uno de los miembros fundadores de la Asociación Médica Argentina y, un año después, en 1892, fundó la Sociedad Argentina de Primeros Auxilios (la cual años más tarde se incorporaría a la Cruz Roja Argentina). Con su iniciativa y perseverancia logró que se abrieran salas de primeros auxilios en varios pueblos para cooperar en la asistencia de los enfermos y también realizó tareas de divulgación a través de múltiples cursos, conferencias y publicaciones. Además, estableció un consultorio-escuela psicopedagógico para niños con problemas de conducta, fonación y aprendizaje, y colaboró con la realización de la primera cesárea en la Argentina.

Tres años después, en 1894, se presentó en el concurso para cubrir el cargo de Profesor Sustituto de la Cátedra de Obstetricia para Parteras. Sin embargo, el concurso fue declarado desierto porque en aquellos tiempos las mujeres no podían aspirar a la docencia universitaria. En 1897 publicó “Masaje Práctico” (libro precursor de la técnica kinesiológica), pese a la inhibición que recaía sobre las profesionales médicas de su sexo, y en 1900 fundó el Consejo Nacional de Mujeres, la Asociación Obstétrica Nacional y la Revista Obstétrica.

Ejerció la docencia universitaria entre 1904 y 1905, dictando cursos sobre "Gimnasia Médica y Quinesioterapia" en la Facultad de Medicina, y se desempeñó como adscripta en la Cátedra de Física Médica y Obstetricia. Fue fundadora de la Escuela de Economía Doméstica y de la Sociedad de Economía Doméstica en 1902, siendo ésta el origen de la Escuela Técnica del Hogar, la primera en su tipo en el país.
Fue integrante del Consejo Nacional de Educación desde 1892 hasta 1899 y luego, enviada por el gobierno, hizo un viaje a Europa, del cual trajo al país un nuevo plan de estudios profesionales. Ese mismo año su libro “Educación Técnica para la Mujer” fue publicado y, en 1910, publica otros dos: “La educación del ciego” y “Cuidado del enfermo”.

Recién en 1913 deja la dirección de la Escuela de Enfermeros y Masajistas, y tres años después abandona definitivamente toda actividad docente.

En 1927 viaja nuevamente a Europa, en una misión encomendada por el gobierno argentino, para estudiar las técnicas educativas de los países desarrollados y participa en Londres del "Primer Congreso Eugenésico Internacional".

Finalmente, en 1926, se alcanzaron algunos cambios con la reforma del Código Civil. En ese momento se incorporaron muchas de sus demandas sobre la condición de la mujer en el país, como ser la "posibilidad de disponer de sus propias ganancias, formar parte de sociedades civiles o mercantiles, etc.". En este mismo año, Cecilia fundó una escuela técnica y de labores domésticas para mejorar la inserción económica de las mujeres.

Recibió incontables galardones y homenajes por su vida dedicada a mejorar la educación y medicina argentina, sin embargo, nunca pudo ejercer en una cátedra en la Facultad de Medicina. "Intenté inútilmente ingresar al Profesorado de la Facultad en la sección en la que podía enseñar...", escribía Cecilia Grierson. Irónicamente, a la mujer que tuvo la audacia de ser la primera en obtener el título de Médica Cirujana en nuestro país, nunca se le ofreció la oportunidad de ser Jefa de Sala, Directora de algún hospital, Médica Escolar o Profesora de la Universidad.

En uno de sus discursos se refiere con pena a la discriminación de género que sufrió toda su vida: "Fue únicamente a causa de mi condición de mujer (según refirieron oyentes de los miembros de la mesa examinadora) que el jurado dio en este concurso de competencia por examen, un extraño y único fallo: no conceder la cátedra ni a mí ni a mi competidor, un distinguido colega".

La Dra. Cecilia Grierson falleció en Buenos Aires el 10 de abril de 1934 y sus restos fueron inhumados en el cementerio Británico de Buenos Aires.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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