El futuro de Kristina es el pasado

OPINIÓN 03/09/2017 Por
Durísimo el columnista: "El “kristinismo” se sustenta en lo que llamaría “cultura diarreica” que supera lo que se dio en llamar “cultura líquida”, es un grado más avanzado y más oloroso y contaminante. De hecho ya se ubica como antisistema."
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CFK en campaña para mejorar la relación con los intendentes PJ.

Parece un oxímoron, pero si uno tuviera que estudiar o analizar la plataforma política de Kristina, se llevaría una sorpresa nos propone volver al pasado, pero no para mejorar lo que pudimos haber hecho bien, sino para reivindicar lo que hicimos mal.

Desde el punto de vista de la historia una de las banderas del “Kristinismo” es haber construido un perverso sofisma a partir del tema, para mi ya totalmente abstracto, de los llamados pueblos originarios que tendrían derecho no sólo a recuperar lo que les pudo haber pertenecido sino a establecer una suerte de autonomía política a partir de sus etnias.

Es cierto que la constitución en la reforma del año 1994 otorgó algunas atribuciones al Congreso de la nación como la del inc. 17 del art. 75 que dispone: “Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos”. Tal como se ve, esta atribución no se refiere a derechos políticos especiales y menos a derechos soberanos.

Ahora bien, el mismo artículo dispone asimismo como atribución del Congreso la de: “Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería Jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones”.

La cuestión que hoy se ha tornado conflictiva se refiere a la propiedad de las tierras que le habrían pertenecido y que llevan a algunos dirigentes supuestamente “indígenas”, a cuestionar, incluso con violencia, los derechos de propiedad de los titulares actuales.

La Constitución solo se refiere a respetar su derecho de propiedad de las tierras que “tradicionalmente ocupan” no las que ocupen por medios violentos o ilegales a partir de ahora.

Debemos tener en cuenta que la Constitución reconoce y garantiza el derecho de propiedad a todos los habitantes del país.

La otra cuestión interesante es que si bien se les garantiza el derecho a su identidad, tema muy equivoco, también obliga al estado a garantizar el derecho a una educación bilingüe e intercultural, es decir respetando sus tradiciones deben ser integrados a la nación, no se los concibe como separados de ella.

Pero el “Kristinismo” ha envenenado estos que podríamos llamar también, “principios políticos”, para convertirlos en banderas de luchas épicas entre bandoleros.

Lo grave es que se estaría propiciando y legitimando la apertura de puertas para justificar a posteriori una nueva ola de violencia, resentimiento y la consecuente y legitima represión. Sería una suerte de los setenta “aggiornados”.

El mercado electoral del kristinismo es sin duda, lo que llamaría el lumpen político que sería ese sector de la sociedad sumergido en una absoluta indigencia cultural.

El “kristinismo” se sustenta en lo que llamaría “cultura diarreica” que supera lo que se dio en llamar “cultura líquida”, es un grado más avanzado y más oloroso y contaminante. De hecho ya se ubica como antisistema.

Lo complicado del momento es que el gobierno ofrece como plataforma electoral el espanto que genera la oferta Kristinista, esto significa que en cierto modo el 22 de octubre competirán dos “anti”.

En lo que respecta al oficialismo, su “anti” aparece adornado con la cuestión de la gestión que alguna valoración, por cierto merece, mas si comparamos con la ineficacia y corrupción que imperó durante la época “K”. También es cierto que los sectores sociales indigentes y pobres parecería que no pueden zafar de la trampa populista.

En este contexto se convirtió en “cuestión”, lo que es por ahora desaparición del Señor Santiago Maldonado y el Estado, sin distinción partidaria, volvió a mostrar su absoluta ineficacia policial que tampoco a la fecha pudo individualizar a los responsables de los atentados o incidentes ocurridos días pasados en La Plata sin contar lo que terminó siendo el sainete “Alvarenga”.

Todos estos son en todo caso, hechos igualmente graves irresueltos lo que es preocupante.

Urgente 24

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