Después de las PASO, el problema de Cambiemos sigue siendo la política

OPINIÓN 27/08/2017 Por
Cambiemos festejó a todo lo largo y ancho de la República, instalando así un ánimo triunfalista rumbo a los comicios del 22/10: el objetivo de Jaime Durán Barba fue alcanzado.
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 A dos semanas de las PASO, la lectura del resultado de la votación ha provocado una serie de especulaciones curiosas e interesadas, que van

 desde considerar que Cristina Fernández de Kirchner es un fenómeno político en decadencia hasta los que creen que vienen 20 años de Gobierno macrista,

están los que aseguran que la ex Mandataria quedó como única figura de peso del peronismo y volverá a la Casa Rosada en 2019

 a los que aseguran que “Cambiemos” va a sumar votos con una facilidad milagrosa; y

 no faltan los que celebran desde la fuga o renuncia de un 4to. candidato a concejal de un municipio bonaerenses al pase de una fuerza a otra del 15to. postulante a Diputado Nacional, un cargo al que nunca accedería, ni aunque hayan dos guerras nucleares en la Argentina.

Los mismos consultores que erraron en todos sus encuestas nos dicen ahora cómo votará la población en Octubre o cómo unos candidatos (justamente sus clientes) saldrán fortalecidos de la derrota. En tanto, en las redes sociales (N. de la R.: básicamente Twitter, Instagram no existe en estos temas, y Facebook más o menos), se mantiene la campaña de desprestigio del oponente o se usan casos policiales para construir místicas que mantengan al electorado propio enamorado sin dar cuenta del fracaso político que protagonizaron.

Un poco de historia no vendría mal para quienes creen que el peronismo está muerto o en disolución (¿?).

Luego de la derrota de 1983, el peronismo demoró 4 años en encontrar un nuevo liderazgo, lo cambió 2 años después y volvió al poder en menos de 6 años, para quedarse en la Casa Rosada por 10 años. Luego de la derrota de 1999, el peronismo eligió 2 años más tarde  un liderazgo que estuvo menos de 2 años en el poder, y luego optó por otro que creó una seguidilla de 15 años de peronismo en el poder, aunque 12 de ellos se realizaran con un nuevo nombre: kirchnerismo.

De esta forma, los militares que creyeron que o con el Golpe de 1955 y/o el Golpe de 1976 habían creados las condiciones para desmembrar y hacer desaparecer al peronismo, no hicieron más que fortalecerlos. Y, desde el regreso de la democracia y pese a sufrir 3 derrotas electorales, los peronistas han estado 25 años en el poder. Minimizar la capacidad de renovación y elección de un nuevo liderazgo es no conocer la historia reciente.

“Cambiemos” es un fenómeno político para comenzar a estudiarlo con seriedad. 2 de los 3 analistas cercanos al kirchnerismo que esbozaron intentos truncos de iniciar esta discusión fueron acallados con críticas.

Es lógico, el peronismo aún no ha hecho aún la autocrítica de la derrota de 2015 y no consideran que hayan perdido la Provincia de Buenos Aires, pese a estar peleando voto a voto ante una fuerza política reciente.

Sin embargo, CFK comenzó esta semana con un giro en su actitud y se reunió con los “Barones del Conurbano” peronistas que ignoró durante la campaña, es decir, por primera vez ella reconoció que sin el peronismo territorial, su “figura” no alcanza para ganarle a “Cambiemos”. Eso, sin duda, es una muestra de debilidad que el peronismo no va a ignorar.

Ante del desafío de la Confederación General del Trabajo (CGT), Mauricio Macri quiso hacer una demostración de fuerza y despidió a 2 funcionarios que representaban a sindicalistas con buen diálogo con el Gobierno (Luis Scervino, de la Superintendente de Salud, cercano a José Luis Lingeri; y el moyanista Ezequiel Sabor, ahora exsecretario de Trabajo). Los puentes fueron quemados, ahora veremos cómo se reanuda el diálogo.

Hoy, Mauricio Macri tiene las relaciones congeladas con Hugo Moyano y Luis Barrionuevo, la Casa Rosada hoy sólo tiene buenas relaciones con algunos de “Los Gordos”, sindicalistas que firmaron “acuerdos de productividad” que redujeron las demandas laborales a los empresarios de sus sectores para así conseguir una baja de costos que reactive esos rubros. Sin embargo, hasta ahora, salvo en el caso de la construcción (N. de la R.: en la que la obra pública es la clavepocos han sido los resultados favorables para los planes sindicales y, para colmo, los rumores de ruptura de la CGT son crecientes, lo que desatará una puja por el poder.

En este marco, fuentes de la Casa Rosada aseguran que viene un cambio en el régimen laboral, en el funcionamiento de las obras sociales, en el giro de fondos por tratamientos especiales y otros ajustes que tocan el “bolsillo” de los gremios. De esta forma, el Gobierno le ofrece, en bandeja, la excusa al sindicalismo para que postergue sus peleas y vuelva a unirse, tal como ya ocurrió contra Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa. ¿Cuál sería la causa para que no vuelva a ocurrir ahora? Nadie en el Gobierno responde.

La “demostración de fuerza” de Mauricio Macri fue innecesaria. La pelea entre las facciones “dura” y “negociadora” de Camioneros en la movilización reciente, la ausencia del palco en Plaza de Mayo de 7 de los secretarios generales de gremios prominentes de la CGT, que las columnas más importantes fueran de la Central de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) del neomarxista Juan Grabois y de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), de Hugo Yasky, habla de la debilidad intrínseca que tiene el gremialismo peronista en estos momentos.

Y aquí se abre un nuevo peligro para el Gobierno. Si es verdad que Mauricio Macri quiere avanzar contra el modelo sindical peronista, él debería pensar qué modelo sindical lo reemplazará. ¿Será el combativo y contestatario que está dentro de las 3 CTA o el prebendario e inestable de Juan Grabois? Mientras el sindicalismo peronista no tuvo espacio en las listas peronistas ni kirchneristas, los otros 2 han tenido un fortísimo crecimiento territorial y están aumentarán sus representaciones legislativas en municipios y provincias; no así a nivel nacional.

El Gobierno promete profundos cambios a nivel fiscal, laboral y de coparticipación federal, pero sus aliados radicales no parecen estar seguros de acompañarlos y Elisa Carrió recién se expresará cuando la Casa Rosada de a conocer los términos de los cambios propuestos. Por lo cual, es arriesgado lanzarse a grandes peleas legislativas creyendo que el panperonismo está debilitado en el Congreso Nacional, que no defenderá el modelo fiscal, de coparticipación y laboral que existe.

Y eso puede ser un gravísimo error de análisis político. Esta semana hubo 2 hechos que pasaron inadvertidos y que el Gobierno parece no haber registrado, pero que demuestran la limitación legislativa que aún tiene (y tendrá) el Poder Ejecutivo.

> El primero fue el fracaso de la Ley de Ciencia y Tecnología, redactada por la Casa Rodada, que obtuvo 39 votos en contra y sólo 9 a favor en el Senado.

> El segundo fue cuando el panperonismo se unió en la Comisión Bicameral de Seguimiento del Trámite Parlamentario y rechazó 2 DNU que firmó Mauricio Macri (uno para pasar las funciones de la Secretaría de Deportes a la Secretaría General de la Presidencia de la Nación y otro que permite los créditos Argentina a los beneficiarios de planes sociales).

Fue la primera vez que la Comisión Bicameral de Trámite Parlamentario rechazó un DNU de Mauricio Macri. Varios no fueron votados a favor (tales como las designación de 2 miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación o la eliminación de ventajas fiscales para los puertos patagónicos), pero no en contra. Por ese motivo tuvieron vigencia pese a no conseguir la ratificación. Pero, ahora, con dictámen en contra, se abre la puerta para que ambas cámaras legislativas lo rechacen en la primera sesión que se concrete.

Así, a horas de un virtual fracaso electoral, el panperonismo le informa al Gobierno que la pelea legislativa será larga y dura, y que no será sencillo aprobar la Agenda Presidencial de cambios que se promete desde hace varios meses.

En la Casa Rosada dicen que con “convencer” a 4 Gobernadores para que ordenen a sus legisladores acompañar al Gobierno, todo se podrá aprobar con facilidad. Más que análisis político parece un deseo, dado que todos los Gobernadores peronistas están convencidos que uno de ellos será el nuevo líder del peronismo o candidato presidencial en 2019.

Pero también hay limitaciones de la interna del oficialismo para que la“Agenda Presidencial” se vote “a libro cerrado”, tal como lo desea la Jefatura de Gabinete. Esta semana se hizo una reunión de la “Mesa Política” de “Cambiemos”, oportunidad en la que se comenzó a hablar de la estrategia que usará el oficialismo para aprobar los proyectos de Leyque presentará la Casa Rosada, sobre todo, la Reforma Fiscal y el Presupuesto 2018.

En ese escenario ocurrió un fuerte choque entre el Jefe de Gabinete, Marcos Peña; y el titular del bloque de “Cambiemos”, el radical cordobés Mario Negri, acerca de los pasos a seguir, dado que mientras la Casa Rosada quiere tratar y aprobar los temas antes de Octubre, los radicales (con la mirada cómplice del titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó) (N. de la R.: a quien mucho extrañarán los políticos parlamentarios, comenzando por Elisa Carrió) dijeron que mejor era esperar a que asumieran las nuevos legisladores para tratar ambos temas. En verdad, la Casa Rosada quiere la discusión y la fricción con la oposición para que los votantes vean las limitaciones del oficialismo y los voten en Octubre; y Negri apuesta por apostar por la negociación tradicional para estas cuestiones.

De esta forma, el Gobierno está a un paso de volver a repetir un error que ya cometió antes y que le redundó en derrotas parlamentarias importantes: Avanzar en el Congreso con un proyecto no conocido ni consensuado con sus aliados legislativos, motivo por lo que Emilio Monzó y el Ministerio del Interior tuvieron que esforzarse por negociar hacia dentro y hacia afuera de “Cambiemos” para evitar un fracaso político.

Si se repitieran en Octubre los resultados de las PASO, el macrismo pasaría a tener unos 50 diputados nacionales contra unos 40 que tendría el radicalismo; por lo cual, sobre 104 que tendría la bancada oficialista, la Casa Rosada no puede empezar peleando con la fuerza que puede darle más votos en la Cámara Baja, más cuando la Unión Cívica Radical se encamina a una dura pelea interna para elegir la conducción que repetirá o rechazará el “Pacto de Gualeguaychú” que hizo posible la conformación de “Cambiemos” en 2015. Los tiempos políticos no están para enardecer las ramas duras radicales que no quieren seguir con el acuerdo electoral camino a 2019 o que quieren unas PASO para elegir al heredero de Mauricio Macri.

Desde 2013, el electorado está impulsando un profundo cambio en la distribución del poder político en la Argentina, pero lejos está este proceso de haber terminado. Octubre dirá mucho, pero políticamente hablando, sólo será un paso más. Pensar en regresos o hegemonías es un grave error.

Después de las PASO, el problema de Cambiemos sigue siendo la política

Urgente24

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