El saber ocupa lugar

OPINIÓN 20/08/2017 Por
Sel acercarse un nuevo aniversario del nacimiento de Enrique Gaviola (31 de agosto de 1900), el más importante físico argentino y principal protagonista en la creación de muchas de las instituciones científicas del país.
Gaviola-Enrique

Isaias Abrutzky Isaias Abrutzky/Especial para R24N /www.facebook.com/isanacypop

El saber ocupa lugar

Con un intervalo de pocos días encontré una vez dos referencias a la incapacidad de volar del ser humano. Ambas hacían responsable del hecho a la ley de gravitación universal, esa fuerza (misteriosa para la física clásica pero no tanto en el ámbito de la Relatividad General) que atrae los cuerpos materiales unos contra otros.

Naturalmente se trata de apreciaciones erróneas, ya que los aves, mariposas y otras especies –tan sometidas a la  gravedad como nosotros- vuelan tranquilamente. Lo curioso es que las citas no eran de individuos corrientes: una provenía de un escritor con importante título universitario que supo tener relevancia en la Argentina. La otra, de un profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) que es uno de los referentes en la teoría del management. Dos académicos de vasta erudición.

La curiosidad me llevó a hacer una pequeña encuesta entre mis allegados. Los menos cultos entre éstos dieron la respuesta correcta casi sin vacilar: los humanos no volamos porque no tenemos alas. En cambio, los más instruidos coincidieron con los autores referidos. Conclusión provisoria: si se trata de física es mejor estar convencido de no saber nada que creer saber poco. Probablemente esto también sea cierto en muchos otros terrenos.

A un amigo mío, destacado ingeniero y hombre de pocas pulgas, un interlocutor que trataba de exponer sus razones le dijo “yo se poco de ingeniería, pero...”. La respuesta llegó como un latigazo: “De ingeniería se poco yo, que soy ingeniero. Usted no sabe nada”.

Una de Gaviola

Al acercarse un nuevo aniversario del nacimiento de Enrique Gaviola (31 de agosto de 1900), el más importante físico argentino y principal protagonista en la creación de muchas de las instituciones científicas del país, vale la pena recordar algunos de sus conceptos.

Con motivo de las repercusiones que siguieron al lanzamiento de bombas atómicas contra Japón, que lo llevaron a proponer la creación de un “Instituto Nacional de Investigaciones”, envió un carta al General Manuel Savio, quien colaboró con el Poder Ejecutivo en el proyecto de ley respectivo. Decía allí:

“Si el Instituto Nacional de Investigaciones depende del Ministerio de Guerra, está condenado al fracaso. Las razones principales son:

a) La base del entrenamiento militar es la disciplina, la base del entrenamiento científico es la rebeldía intelectual y la  insatisfacción con las teorías y métodos existentes, el rechazo de la autoridad jerárquica en lo científico y técnico.

 b) La organización militar acostumbra a rodear de secreto sus actividades; para un desarrollo sano en la ciencia y en la técnica es indispensable la libre discusión, la libre publicación de los resultados y los descubrimientos de valor técnico pueden ser patentados y enseguida publicados. El secreto de las actividades científicas y técnicas sirve, demasiado a menudo, para esconder la ineptitud y la charlatanería. (28 de septiembre de 1946).

 

 

 

 

 

 

 

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