NO DAR POR EL PITO MÁS DE LO QUE EL PITO VALE

Las "elecciones Paso" ya fueron. Ahora hay que pensar en las verdaderas elecciones legislativas de octubre
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La mala interpretación de un hecho, de un acto, sea de forma intencional o no, suele ser siempre motivo de discordia y de grandes debates.

Si no entendemos bien de qué se trata la cosa, o si se nos quiere hacer creer que algo debe tener un significado, cuando en realidad lo que significa es diametralmente opuesto, será muy difícil que podamos tener un acercamiento entre una y otra postura, ya que se está hablando en dimensiones diferentes.

Hoy, nadie sabe a ciencia cierta cuál ha sido el sentido de someter a la población de este país a un acto comicial, como las Paso, en donde se mezclaban listas que no tenían contrincantes con otras que competían entre sí para postularse para las elecciones de medio término, que se van a realizar en el mes de octubre y que van a servir par elegir diputados, senadores y concejales a nivel nacional, provincial y municipal respectivamente.

Sin embargo, políticos, medios de comunicación y la mayoría de la ciudadanía hablan de ganadores y perdedores, con cifras, número y porcentajes que se discuten como si en esto le fuera al país su futuro.

El tema fundamental consiste en que cada uno toma a las Paso según más le convenga.

Sin ir muy lejos, tanto el oficialismo como la oposición agregan mucho más que un grano de arena para que esta confusión sea más grande y carente de toda lógica posible.

Si se habla de porcentajes, los que miran las cifras desde el lado del oficialismo, muy bien pueden decir que dos de cada tres argentinos ha votado en contra de la postulación de Cristina Fernandez de Kirchner para disputar el cargo de Senadora Nacional. Si, por el contrario, quienes analizan la situación son los simpatizantes de Unidad Ciudadana, esbozarán que, paradojalmente a lo anterior, dos de cada tres argentinos votaron en contra del Esteban Bullrich, el candidato de Cambiemos, para disputar una banca en la Cámara Alta. Pero, tanto una como otra visión, son absolutamente erróneas, si se toma a las elecciones Paso como lo que realmente son.

Y digo que es errónea esta postura, puesto que ni Cristina Fernández de Kirchner, ni Estaban Burllrich, competían entre sí. Ni siquiera competían con nadie, puesto que cada uno de ellos, de manera separada, hubiera sacado un mínimo porcentaje de votos, o si uno hubiera sacado un cifra de adhesiones ciudadanas que aventajara al otro por una inmensa diferencia, o, como finalmente sucedió, la diferencia entre los votos que cosechó uno y otro son de una paridad tal que, aunque no había competencia mutua, los analistas hablan de un “empate técnico”, nada de estas tres posibilidades que mencioné haría cambiar lo que finalmente sucederá. Es decir, que tanto la Ex presidenta como el ex funcionario de Mauricio Macri van a estar habilitados para, ahora si, en octubre próximo, ser los principales contrincantes que encabezarán sus respectivas listas partidarias, en la categoría “Senadores Nacionales”.

Ex profesamente, he puesto como ejemplo a estas dos figuras, ya que son las más emblemáticas, junto a Elisa Carrió, de la rivalidad existente hoy entre el oficialismo y la principal fuerza opositora del país. Pero muy bien podría haber nombrado a las cabezas de listas para diputados nacionales o provinciales, o para concejales municipales de los diferentes partidos que se presentarán como las diversas alternativas para que la población elija a aquellos que los van a representar en el Congreso de la Nación, Legislaturas Provinciales o Consejos Deliberantes Municipales.

Como dije en un párrafo anterior, la única competencia que existió en estas Paso, fue la que se planteó entre postulantes de un mismo partido político, que no configuraban una lista única, para dilucidar, mediante esta modalidad de voto abierto a cualquier ciudadano, sin importar su afiliación partidaria, qué lista será la que compita por esos espacios políticos en octubre próximo.

Ahora bien, si de lo que se trató el domingo último, fue de esa gran encuesta nacional, obligatoria para todos los ciudadanos, pero sin más función que la de conocer con anticipación la inclinación mayoritaria de la población hacia un determinado partido o dirigente político, entonces sí sería posible hablar de ganadores y de perdedores, analizando los números arrojados por el escrutinio, pero, esto, siempre y cuando se acepte algo que está en boca de todos y que ninguna figura de real peso se anima a decir: las elecciones Paso solo marcan una tendencia, pero nunca una definición absoluta que contenga valor legal alguno para ocupar un cargo electivo.

Que esta tendencia, valga la redundancia, es tendenciosa, nadie puede negarlo. Esta aseveración está fundada en el hecho de que las personas no quieren apostar a los perdedores, por lo que la emisión de su voto, en las verdaderas elecciones, se ve condicionada por el resultado de esta gran encuesta pública, como lo estaba cuando las encuestas privadas gozaban de credibilidad, algo que ya no es así, no sólo en Argentina, sino en la mayoría de los países del mundo.

Todo este embrollo de opiniones, formas de ver cosas como tales, que a la larga no terminan siendo lo que se proponen ser; todos los debates que se dan en torno a números más o números menos, no ayudan en nada a la seguridad, transparencia y agilidad que el sistema democrático de elección de nuestros representantes tienen la obligación de preservar y ser el método indiscutido que más nos acerque al punto de perfección.

Es hora de que comencemos a llamar a cada cosa por lo que realmente es, y que le demos a estos actos el verdadero valor que tienen. Por ello, cada vez se hace más apremiante y urgente encarar una seria reforma política que tenga la virtud de hacernos trabajar en serio por los problemas más acuciantes que nos aquejan como sociedad, en vez de crear institutos jurídicos que abulten esos problemas o desvíen la atención de los mismos.

Si queremos que el mundo nos mire y nos trate de igual a igual, primero tenemos que resolver, puertas adentro, todo este tipo de cuestiones, que van en desmedro de cualquier tipo de meta que nos propongamos como sociedad civilizada, ya que nos alejan, con cada acto, de los fines más importantes que deberíamos proponernos como prioridad impostergable.

Para finalizar, qué importancia tiene si dos de tres ciudadanos estén en contra del candidato oficialista, o si esos mismos dos de tres prefieran a la candidata de la primera fuerza opositora, si, en realidad, cada uno de ellos no obtuvo poco más del 33 por ciento de las adhesiones del total de la ciudadanía con derecho a emitir sufragio. Lo importante sería resaltar que se cumplió con lo que la ley manda, reflejar los números tales y como son, ver quienes fueron habilitados para competir en las elecciones legislativas del mes de octubre y esperar ese momento, el verdadero y único acto eleccionario. Y nada más. Punto.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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