LAS SOCIEDADES CONTROLADAS

Los secretos que se esconden detrás del exhibicionismo y voyerismo de las Nuevas Tecnologías
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Un conocido spot publicitario de la empresa Samsung va mostrando cómo todos los aparatos de la casa pueden ser manejados desde el celular, casi sin esfuerzo. Culmina el mismo con el siguiente eslogan: “Todo está conectado para hacer tu vida más simple”. Establece a la comodidad como el eje de la vida actual, ilusiona con que la misma permite instaurar un ciudadano que centra su vida en la experiencia lúdica de la realidad virtual. Ese personaje de la publicidad está muy alejado de lo que en verdad sucede, donde los aparatos tecnológicos realizan toda la tarea hogareña, el que así vive, es un sujeto altamente controlado.

La empresa Samsung ha reconocido hace poco tiempo que coloca chips secretos en cada uno de esos aparatos que produce. Los mismos le informan, sin que el usuario se entere, del uso que se les da a los mismos. La idea general es que nada de lo que el usuario hace con esos aparatos sea secreto para la empresa. Samsung no es la única multinacional que promueve este consumismo híper vigilado, su justificación para esa intromisión en la vida privada es que promueve el bienestar, el entretenimiento y la prosperidad de las personas. En el fondo de este “paraíso de la vida simplificada” anida un férreo control del consumidor.

El spot de Samsung demuestra el predominio de la conexión en tiempo real, que se realiza desde el celular por vía de las hiperconexiones que unen a todos los aparatos. Esta ilusión de la simplificación es una de las maneras seductoras en que se trata de disimular la condición de central de la sociedad global tecnificada, en la que no disminuye las diferencias entre explotados y explotadores, por el contrario, la diferencia a favor de los que más tienen es cada vez más abismal.

Acorde con los desarrollos tecnológicos y el auge del individualismo, han quedado atrás definiciones previas de lo social, por ejemplo: la sociedad de masas, la sociedad de las muchedumbres solitarias, las sociedades disciplinarias, las sociedades de control, etc. Estamos cursando a pasos gigantescos la sociedad del espectáculo que contiene aspectos de todas las anteriores, pero que estableció notables diferencias en los modos de vivir, que abarcan a múltiples comunidades de todos los continentes y las homogeniza al modelo social y cultural hegemónico. El uso masivo de los Smartphones colabora enormemente para desplegar esta ideología imperante.

Desde su llegada, los Smartphones, computadoras de altísima capacidad, se han tornado en el instrumento imprescindible para acelerar la vida cyborg”. Eficaces en múltiples tareas, es el fetiche que se apropia de todas las formas de sociabilidad y comunicación. Acorde con ello, existe para cada internauta, un espacio de acumulación de datos casi inagotables en la “placenta mediática”. Aparatos cada vez más diminutos al servicio del espectáculo - mundo, como predijo hace ya mucho Guy Debord: “Allí donde el mundo real se transforma en simples imágenes, las simples imágenes se convierten en seres reales, en motivaciones eficientes de un comportamiento hipnótico”.

Al compás del velocísimo nanosegundo se impone la perentoriedad de ver y de mostrarse en las redes sociales. Velocidad y luz definen al nuevo modo donde la sociedad del espectáculo se convierte en la sociedad transparente. El escapar de la oscuridad va imponiendo una luz absoluta, brillante y permanente. Es decir, aspira a la transparencia absoluta. Ya no se puede vivir en las sombras apañados o cobijados por el anonimato que, por ejemplo, en los siglos XIX y XX permitían las ciudades. En las grandes ciudades, por ejemplo, se calcula que son más de trescientas las visualizaciones por cámaras de seguridad que se registran de quien sale de su casa a comprar algo a unas pocas cuadras.

La cultura dominante incluye un combo donde la visibilidad personal aumenta sin parar y una profusa tendencia a la producción de imágenes construye ese universo que aúna espectáculo, exhibicionismo y voyerismo. No es lo único, también la vigilancia convierte a cada persona en sospechosa. Con los algoritmos y los robots de captura y análisis del tráfico comunicativo, las grandes compañías de internet más los servicios de información hacen su agosto en la denominada internet profunda. La habilidad del modelo es que pregona una libertad personal sin límite con la que logra adentrarse, como lo hacen los grandes fabricantes de smartphone del mundo, en lo más intrincados vericuetos de los gustos personales. Es decir, que en la cara oscura de la web, el denominado internet profundo, el seguimiento y el control social se perfeccionan y se hacen cada vez más estrictos.

Las nuevas tecnologías nos empujan, por esa combinación de exhibicionismo y voyerismo, a mostrar todo al compás del puro presente. Quizás el mayor ejemplo de esto sea el modelolifelogging”, que transformó el diario íntimo de antaño en el registro minucioso de la propia vida, la que, por vía de las máquinas de comunicar, se lanza instantáneamente a la placenta mediática. El mayor exponente de este proceso es Gordon Bell, un “museo humano”, según la definición de Evgeny Morozov, que acumula todos sus bits que ingresan a su vida transparente por lo que se convierte en librero, archivista y curador de su vida, según su propia de definición. Gordon Bell, un ingeniero de la cúpula de Microsoft, tiene la militante convicción que esa vida en la placenta mediática le generará una “especie de inmortalidad terrenal gracias a una vida cibernética”. Para poder implementarlo lleva colgada de su cuello una SenseCam”, pequeño dispositivo que toma cinco fotos por minuto, algo así como 300 fotos por hora. A esto agrega todas sus notas, llamadas telefónicas, lo que busca por internet y su trajinar diario. La ilusión es que de esta manera, puede desprenderse de la memoria humana y plantarse en el presente de otra manera, sin el peso de recuerdos. Morozov comenta de este modo la lifelogging” de Bell: “¿Un poquito narcisista? Puede ser, pero cuando el almacenamiento es barato y el miedo a la fragilidad humana es más intenso que nunca, no es tarea fácil distinguir entre el narcicismo y el pragmatismo (quizás se ilusiona) con domar la ineficacia y la infidelidad de la memoria humana”. En ese proceso cybor“ de fusión hombre-máquina, la adaptación acrítica al modelo cultural hegemónico va ganando cada vez más terreno.

Desde nuestra perspectiva, el “cyborg” incorpora incesantemente nuevos dispositivos comunicacionales a su cuerpo, busca la simbiosis entre su cuerpo y la placenta mediática y eso lleva a la humanidad a una sorprendente unidad, que Gordon Bell pregona: “Los censores portátiles pueden tomar lecturas de cosas que los humanos ni siquiera perciben, como los niveles de oxígeno en sangre o la cantidad de dióxido de carbono”. En su larga apología del control absoluto de la vida por las máquinas de comunicar, trata de convencer de la infinidad de enfermedades que se evitarían estando monitoreado todo el tiempo. En síntesis, ilusiona con que lo mejor es llevar una vida atada a la hipocondría. Prevenir el miedo a la muerte, escudriñando el cuerpo todo el tiempo, registrar hasta sus más mínimos avatares. Es decir, en alerta constante. Vivir centrado en ese miedo personal a las enfermedades. No hay que andar mucho para darse cuenta del correlato que tiene con el miedo al atentado terrorista, al ser secuestrado, al inmigrante, al robo. Es decir, el cuerpo y la sociabilidad son ganados por formas cada vez más exhaustivas de vigilancia. Es en este punto donde se acaba el juego de entretenerse como un ludópata a toda hora, los ataque perpetrados a la web en lo que va del presente 2017 demuestran que esos chips insertos en los dispositivos hogareños pueden ser usados para muchas más cosas que las que declaran los fabricantes de televisores, celulares, lavarropas, impresoras, etc., allí no hace falta pensar mucho para entender la potencias de los mismos.

De esta manera se conjugan relaciones entre lo individual y lo social que unen el exhibicionismo a ultranza, donde el anhelo de ser visto es insaciable y que condice simultáneamente con el voyerismo de querer ver todo en tiempo real. Esta primera parte es muy excitante y conduce a la hipersexualización de la comunicación, detrás de la misma es notorio que el miedo no ha disminuido, por el contrario lalifelogging” clama por mayores controles personales y sociales, parafraseando a Freud, el que cruza el bosque oscuro silbando, no por ello deja de tener miedo. En este caso el bosque social se llena de cámaras y registros que hace a todos sospechosos. La ilusión de simplificación de la publicidad de los smartphones es la tapadera del absoluto control social que necesitan, tanto las grands empresas que los fabrican, como los gobiernos, en el mundo “cyborg” capitalista que vivimos. En la serie House of Cards” sus protagonistas centrales cierran la cuarta temporada dando orden de exhibir a todo el mundo la decapitación de un civil por terroristas musulmanes. Frank mira la cámara y dice: “Nosotros no tememos el terror”. Claire remata la escena agregando: “Lo organizamos”.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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