Y SI INSTITUIMOS EL "DÍA DE LA HONESTIDAD"?

Para rescatar un valor olvidado dentro de la sociedad argentina
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La honestidad es un valor ético y moral, que como tantos otros deberían regir la conducta de los hombres de la manera más natural que existe.

El hecho de que una persona sea honesta y que ese valor se transforme en la senda con que transcurre su vida no debería llamar la atención. Pero, cuando a una persona se la califica de “hombre honesto” eso quiere decir que la honestidad ha dejado de ser la regla y se ha convertido en la excepción. Y, por eso mismo, el honesto sobresale del resto de la sociedad.

En los tiempos políticos que han marcado el pasado reciente de nuestro país, la honestidad es, quizá, el valor ético y moral que más se extraña de aquellos que tienen que dar, con su ejemplo, cátedra a una sociedad que se ve cruzada por la corrupción y el desapego a las virtudes más esenciales del ser humano.

El 28 de Junio de este mes se cumplirá un nuevo aniversario del golpe militar que puso fin a la presidencia de Arturo Humberto Illia. El aniversario número 51 de ese fatídico día nos encuentra a los argentinos en una vorágine de noticias que, día a día, dan cuenta del descubrimiento de otro nuevo caso de corrupción. Es decir, de una nueva deshonestidad más por parte de quienes ejercieron el poder y que, usufructuando el mandato que la sociedad les otorgó, se dedicaron a crear una verdadera ingeniería de apoderamiento de las arcas públicas en beneficio de sus intereses económicos más bajos y deleznables.

El derrocamiento de Arturo Illia fue un golpe a la honestidad política, a la honestidad del respeto, a la honestidad de hacer para el prójimo, a la honestidad de creer en un país mejor. Un golpe de estado tan transcendental en la vida de nuestro país como lo fueron todos los que nuestra patria vivió, pero aquel golpe de 1966 nos dejó huérfanos de ideales de unión, de esperanza, de grandeza, que después, aunque quisimos resucitar, no pudimos. El golpe de estado contra el médico presidente, Don Arturo Humberto Illia, fue el comienzo para que la gente empezara a descreer de los políticos y la política como medio de soluciones a su vida.

La llegada de Illia a la presidencia de la República en 1963, en un período en que nadie quería serlo, fue al final un rocío de vida en un país donde se estaba entretejiendo el efecto bisagra entre lo que realmente queríamos ser y lo que fuimos realmente años después: actores del infierno que solo el Dante podría describir.

La figura de este médico se agiganta con el paso del tiempo, más cuando venimos de gobierno en gobierno que declaman bienestar y promesas a sus gobernados, pero cuando abrimos la caja de pandora encontramos la corrupción, la conspiración, el robo, la decadencia humana, todo en aras de objetivos personales. Nada que ver con el bien común que tan bien pregonaba y ejecutaba este médico presidente.

Es que Illia no solo ejerció y vivió la medicina, lo llamaban el “Apóstol de los Pobres” por su dedicación a los enfermos sin recursos. Viajando a caballo, en “sulky” o a pie, para llevar medicamentos que él mismo compraba. De la misma manera ejerció y transitó la política también, con la misma pasión humilde que lo caracterizó, demostrando que con honestidad se puede llegar a objetivos nobles.

Él fue legislador provincial de Córdoba, fue vicegobernador cordobés dirigiendo los destinos de la provincia mediterránea junto a Santiago H. del Castillo, continuador de las obras de progreso que había comenzado su antecesor, Amadeo Sabattini.

La presidencia de Illia fue corta, pero no por eso no fue dinámica, cumplió sus promesas electorales como anulación de los contratos petroleros, haciendo valer la soberanía argentina; le dio vitalidad al Plan Nacional de Hidroelectricidad, que se inició con el Chocón-Cerros Colorados.

Su presidencia se caracterizó por un fuerte crecimiento económico y social con índices anuales de crecimiento del P.B.I. fueron los más altos del siglo pasado para la Argentina, al mismo tiempo que el desempleo descendió a uno de los niveles más bajos de los que se tenga memoria y la participación de los trabajadores en el ingreso se incrementaba hasta alcanzar el mayor nivel de la segunda mitad del siglo XX.

Todos esos logros se consiguieron en un contexto donde la inflación disminuía significativamente, se incrementaban las exportaciones y se contenían las importaciones, en gran parte en virtud de una eficiente política de sustitución de las mismas.

Los salarios y la seguridad social, se vieron fortalecidos, se sancionó la Ley del Salario Vital, Mínimo y Móvil, cumplió con el pago del 82% móvil, si como se lee, y saneando el sistema de Seguridad Social. Estableció un sistema de pensiones vitalicias para los premiados en ciencias y letras. Reconoció a los exiliados como válidos a los efectos de obtener su jubilación, los tiempos en que no pudieron efectuar normalmente sus aportes, estableció la jubilación para los ciegos y puso en vigencia un plan de viviendas destinado a los jubilados y pensionados.

Durante su presidencia se respetó a rajatabla el Artículo 14 bis de la Constitución Nacional, respetó estrictamente el Derecho de Huelga, como también todos aquellos insertos en el Art. 14 bis de la Constitución Nacional, como el respeto a la estabilidad del empleado público.

A los alicaídos Ferrocarriles Argentinos los recuperó y reestructuró el sistema ferroviario, desquiciado mediante la aplicación del programa de desmantelamiento puesto en práctica en 1958 por el gobierno de Arturo Frondizi y conocido como Plan Larkin.

Sancionó la Ley Nacional de Abastecimientos, mediante la cual combatió con éxito las prácticas monopólicas y agiotistas en el mercado interno. Creó la Red Nacional de Mercados Concentradores.

Mantuvo la Independencia del Poder Judicial, jamás la afectó, respetando a todos aquellos correctamente designados.

Terminó con el fin de las proscripciones. A pesar de la oposición militar, permitió participar al Justicialismo en las elecciones nacionales de 1965, en las que se impuso ajustadamente a la Unión Cívica Radical del Pueblo, a través del Partido Unión Popular y otros de carácter provincial.

No existió un solo acto de corrupción en la Administración Pública de Illia, y no solo eso sancionó la modificación al Código Penal que incrimina a los funcionarios por actos de corrupción y enriquecimiento ilícito, “invirtiendo la carga de la prueba” y, además, sin excepciones, llevó ante la justicia a quienes los habían cometido en las gestiones precedentes.

Modernizó el funcionamiento contable y administrativo de la Administración Pública, poniéndola a la altura de los países más desarrollados, tales como, por ejemplo, el presupuesto por programas. Reorganizó profundamente el Instituto Superior de la Administración Pública.

Se opuso abiertamente al intervencionismo extranjero en los problemas de internos de los países, precisamente no mando tropas en la intervención en la República Dominicana en 1965 a pesar de las presiones externas y de las fuerzas armadas, como tampoco no envió soldados a participar de conflictos internacionales; mando a protestar ante los organismos internacionales por la crisis de Santo Domingo provocada por la invasión militar realizada por los Estados Unidos de América

Después lo que vino es historia conocida: Juan Carlos Onganía y su concepto de perpetuarse en el poder, la economía liberal de Adalbert Krieger Vasena, revocando las medidas de nacionalización y control de capitales, manteniendo la inflación siguiendo la ecuación de enfriar la economía, congelando los salarios y devaluando un 40% la moneda nacional, la noche de los Bastones Largos, el Cordobazo, la guerrilla, la censura artística, la intervención a fábricas, universidades y organizaciones políticas, etc…

En esta Argentina en dónde existen días para todas las cosas, dónde hasta la excusa más irrisoria es motivo para un feriado largo, en la que hasta llegamos a importar fechas para conmemorar hechos que no se encuentran arraigados en nuestra idiosincrasia nacional, quizá sería muy bueno crear el “Día de la Honestidad, para rescatar del olvido un valor y una virtud tan básica pero a la vez tan poco frecuente dentro de esta sociedad moderna.

La figura del Dr. Illia se agiganta con el paso de los años. Su nombre esta en plazas, calles y paseos de grandes y pequeñas ciudades de nuestro país. Pero parece que los argentinos transitamos esos lugares sin siquiera detenernos a pensar en porqué se llaman de esa manera. Entonces, ya que tanto nos gusta festejar, divertirnos y tener un motivo para no trabajar, pienso que no sería mala idea la de instituir una fecha para hacer honor a la mejor manera en que, hoy por hoy, una persona puede ser recordada.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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