LA ARGENTINA DE LOS PREJUICIOS Y LOS PRECONCEPTOS

"Es más fácil destruir un átomo que un prejuicio" (Albert Einstein)
canal-do-empreendedor-albert-einstein

Decía el genial Albert Einstein: “es más fácil destruir un átomo que un prejuicio”. Como era de esperar, proviniendo de una de las mentes más brillantes que registra la Historia Universal, no se equivocó en absoluto.


Seguramente, esa frase pudo haber estado dirigida a alguno de los muchos prejuicios que pudo comprobar, algunos en carne propia, durante su existencia en este mundo. Pero, aunque pronunciada hace más de 80 años y dentro de un contexto geográfico muy distante de la Argentina, hoy tiene en estas latitudes tanta vigencia como antaño.


Y es que en esta tierra, bendecida por la naturaleza, los prejuicios de los hombres que la habitamos han creado un clima de desazón e intolerancia que da por tierra con todos los prodigios que los argentinos tenemos al alcance de la mano.


Ya se trate temas de índole social, política, económica o de la más variada especie, siempre salta un prejuicio que empaña cualquier intento por mejorar y acercarnos, cuando no adaptarnos, a los tiempos que la posmodernidad de este siglo imponen.


Hoy por hoy, los debates del país son muchos y de muy variada naturaleza, pero todos están teñidos o salpicados por posturas perjuiciosas que en nada aportan a solucionar los grandes males que nos aquejan.


La sociedad argentina ve, desde las mismas bases representativas, que los problemas son tratados, anteponiendo al interés general de la población, posturas con una cuota muy alta de prejuicios heredados. Y sostengo que se trata de prejuicios y no de ideologías o planteamientos sustentados en bases sólidas, firmes y bien cimentadas, ya que un prejuicio es el proceso de formación de un concepto o juicios sobre alguna persona, objeto o idea de manera anticipada.


De esta manera supimos debatir, hace ya más de 30 años, la famosa Ley de Divorcio Vincular, que para las mentes más prejuiciosas de ese momento, iba a desembocar en la eliminación del matrimonio como forma, única e inalterable, de constitución familiar. No solamente fue éste un vaticinio discrecional, sino que también resultó totalmente incorrecto y errado, toda vez que desde la sanción de la referida ley, el matrimonio entre las personas no ha disminuido en lo que hace a la cantidad de parejas que unen sus vidas a través de esa vía, sino que ha aumentado, amen de surgir nuevas formas de constituciones familiares, debiendo adaptar las leyes a esa realidad, demostrando con esto que el ordenamiento jurídico siempre va detrás de los sucesos y nunca por delante o anticipándose a ellos, con lo que es imposible sostener que lo legal predispone a las personas de manera total y absoluta para actuar de una cierta manera ante la vida.


Lo antedicho se ajusta, de forma perfecta, al actual debate sobre la despenalización del aborto, y todas las objeciones que el divorcio vincular tuvo en su momento pueden ser esgrimidas ahora para demostrar los yeros que los prejuicios sociales ocasionan en una comunidad que desea posicionarse dentro de la senda que los tiempos actuales imponen.


Como dije más arriba, los prejuicios también operan dentro del campo de la economía, ya se tome esta disciplina desde el punto de vista social o político. En este sentido, la Argentina experimenta, diciembre de 2015, el fenómeno de ser administrada por una corriente ideológica muy diferente al del proyecto “Nac & Pop” de los 12 años de kirchnerismo en el poder, como, también, distinta, por los dirigentes que hoy ocupan los principales cargos ejecutivos, de un peronismo con demasiados pruritos hacia las capas más altas de la sociedad como con máscaras y caretas que debajo esconden una vocación de poder sin correlato ni contraprestación hacía la sociedad, sino por la ostentación del poder como arma y fundamento para su propia existencia.


Por más que la recalcitrante dirigencia política y sindical, de base peronista, se desgañite vociferando que el actual gobierno está compuesto por hombres de fortuna y dirige sus actos en favor de los sectores más acomodados de la sociedad, los hechos son incontrastables y hablan a las claras de una administración que, por ahora con poco éxito pero con mucho empeño, responsabilidad y compromiso social, está enfrascada en la lucha por recuperar, de la manera menos dolorosa posible, el desastre económico que dejaron la banda de mafiosos que saqueó las arcas públicas, derrochó dineros pertenecientes a todos los ciudadanos y desperdició uno de los períodos más fenomenales de crecimiento de los últimos cien años en el país.


En definitiva, los habitantes argentinos, la sociedad en general, necesita de dirigentes con menos prejuicios y más ideas, con políticos que no le tengan miedo al posmodernismo de este siglo y, por sobre todo, con hombres y mujeres capaces de dejar de lado preconceptos negativos, para dar paso a la imaginación creativa como una de las fuentes más importantes para la superación y el crecimiento de la comunidad en su conjunto.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

Te puede interesar