Estamos viendo al Lorenzetti más débil, el rey de un imperio acosado por las invasiones

OPINIÓN 10/04/2018 Por
El Presidente de la Corte Suprema debe responder por las acusaciones que lo vinculan con "operaciones". ¿Lorenzetti ya no es el de antes? ¿Pierde imagen, pierde fuerza, pierde muñeca política? La debilidad del rafaelino en este escenario político se evidencia.
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Lorenzetti junto al juez Bonadío (izquierda), que intenta por todos los medios encarcelar a la ex presidenta Cristina Kirchner, y el juez brasilero Sergio Moro, que puso en la cárcel a Lula Da Silva
El juez Bonadío, que desde hace años intenta encarcelar a la ex presidenta Cristina Kirchner, Lorenzetti y Sergio Moro, el magistrado que puso en la cárcel a Lula Da Silva en un proceso plagado de sospechas. 

El pedido de ampliación de juicio político que está realizando la diputada Elisa Carrió y su equipo en el Congreso es la punta del iceberg de un proceso en que se evidencia a un Ricardo Lorenzetti débil, herido y cansado. Parafraseando al poeta inglés Paul Mc Cartney, el presidente de la Corte Suprema “es la mitad del hombre que alguna vez fue”. La fortaleza de su figura es cosa del pasado, hoy está en el medio de una guerra política que él mismo empezó y que está lejos de ganar. Para alguien que acaricia desde hace años un sueño presidencial, la situación política no está ayudando en nada. Mientras que durante el kirchnerismo se movió con comodidad, y sólo tuvo problemas en los últimos y agitados meses de la “década ganada”, con el macrismo arrancó muy mal y a pesar de sus intentos no puede entablar una relación de fuerzas que lo beneficie. Apostar a Lorenzetti hoy no es apostar al caballo del comisario, sino más bien a un potro que conoció glorias pasadas y al que se le confía por inercia.

El gallinero se desbanda

A medida que Lorenzetti utiliza las herramientas del Poder Judicial a su favor, o que permite con su silencio que algún interés las use a su beneficio, la Justicia argentina se deteriora y eso queda en evidencia en un país cada vez mejor informado, donde las operaciones saltan rápidamente a la vista. Lorenzetti, educado en un mundo diferente, un mundo del pasado, ya no encuentra la forma de manipular sin quedar en evidencia, y desde hace años se exponen sus manejos, o al menos las sospechas de ellos, los datos que hacen preguntas que nunca tienen respuesta. A pesar de sus intentos no puede detenerlas. El libro “El señor de la Corte”, de la periodista Natalia Aguiar, fue la peor noticia que el rafaelino recibió. Muy flaco fue su intento de detener la distribución de una edición que sin embargo recorrió los whats app de todos los argentinos en su formato digital. En el mundo de los 70s y 80s donde se educó Lorenzetti, a un libro se lo detiene cuando sale de la imprenta, se quema o se desaparece su tirada y se terminó el problema. Pero en el mundo actual, su intento por detener la edición de “El señor de la Corte” no hizo más que legitimar un texto cargado de preguntas y datos que nadie respondió. Vanos fueron los intentos de los amigos de Lorenzetti por conseguir el DNI de los que compraban en las librerías rafaelinas, en un acto de persecución propio de la misma dictadura a la que él combatió con valentía en su juventud.

Hoy las acusaciones de Carrió, una diputada nacional electa en democracia, incluyen las sospechas de que Lorenzetti utilizó las funciones que el sistema le otorga para proteger a los ciudadanos. Para apretar periodistas y figuras públicas que pueden estar en contra del gobierno con el que ahora quiere congraciarse. Estas acusaciones merecen ser al menos investigadas, y aunque está de más decir por qué, voy a tratar de recordarlo a ustedes, los lectores, y a mí mismo: los que queremos vivir en un mundo que garantice nuestras libertades no podemos tolerar que se manipule la información para beneficio de un pequeño y selecto grupo de privilegiados. ¿Acaso debemos vivir con miedo de hacer preguntas? ¿Acaso debemos temer a quienes deben protegernos? Lorenzetti está en una posición en la que debe despejar toda duda, es una deuda que tiene con el pueblo que lo mantiene en la posición que el sistema democrático le otorgó. Si Lorenzetti no da cuenta de sus actos ni responde a las sospechas sobre su accionar y el de su equipo, entonces todo el sistema democrático peligra, y la inseguridad ya no serían ladronzuelos que arrebatan bolsos, sino que es el miedo de la gente común a los poderosos de turno.

Y en ese contexto: ¿cómo podemos confiar en una justicia evidentemente manipulada? ¿Cómo podemos sentirnos seguros ante un Poder Judicial que filtra audios de ex presidentes a periodistas, que manipula causas poniendo a políticos opositores en la cárcel y liberándolos cuando más le conviene a esos mismos jueces? ¿Cómo podemos confiar en quienes no responden a las sospechas de nuestros legisladores electos? Lorenzetti en otro tiempo fue un político mucho más hábil, que supo manejar la compleja relación entre los tres poderes del Estado, que supo negociar acuerdos con el Poder Ejecutivo y mantener tranquilo al Poder Legislativo, que supo generar confianza en los ciudadanos acerca de los jueces que imparten justicia. El Lorenzetti que los rafaelinos conocemos nunca hubiera utilizado una causa como la del abuso de menores en los clubes deportivos -tal vez la más sensible que nos ha tocado ver en las noticias en las últimas décadas- para su beneficio personal, sobre todo cuando Lorenzetti pasó su juventud precisamente en el CRAR, donde él también fue un jovencito de las inferiores. Entonces, ¿él no va a responder por estas acusaciones? ¿Prefiere silenciar todo y que no se hable del tema? No alcanza con negar lo que Carrió dice. Ante una sospecha tan desproporcionada Lorenzetti debería ponerse al frente de una investigación que despeje toda duda. El hecho de que no lo haga, el hecho de que su silencio convierta a estas acusaciones en una intriga palaciega, lo deja muy mal parado en el rol que él mismo se atribuyó, el de guardador de la justicia en Argentina.

El Mono ejecuta un plan que va más allá de él mismo

¿Alguien recuerda una época donde la Justicia esté tan deteriorada? Hace varias décadas que las decisiones de jueces y magistrados no tienen credibilidad en la opinión pública y en los políticos que deben controlar las decisiones del tercer poder. Y esto es un proceso que excede a la Argentina: las fotos de Lorenzetti junto al juez brasilero Sergio Moro prueba que el rafaelino es parte de un engranaje que intenta poner al tercer poder de la República al servicio de la politiquería más oscura. Sergio Moro es el magistrado que en estos días puso al ex presidente de Brasil Lula Da Silva tras las rejas, en un proceso que fue criticado en todo el mundo como la manipulación de una causa por intereses políticos. El 3 de abril de 2017 Lorenzetti mantuvo un encuentro reservado y a solas con el juez Moro, donde según un comunicado oficial “intercambiaron experiencias”. ¿Qué experiencias, acaso? ¿La de manipular los códigos penales, las antiguas y sabias premisas de la Justicia para operar en el ámbito político, para doblegar enemigos, enviar mensajes y torcer las decisiones democráticas a su beneficio? Lorenzetti no se despegó del juez Moro aún cuando el magistrado brasilero fue criticado por medios de prestigio internacional como el New York Times, sino que con su silencio avaló la tenebrosa foto que demuestra que el rafaelino es parte de un plan mucho más grande, ejecutando medidas que pone al Poder Judicial al servicio de los intereses más oscuros.

Rafaela, el feudo

Lorenzetti tiene dos objetivos: convertir a Rafaela en su feudo personal, y lograr una estructura que le permita posicionarse como opción en el futuro para ser presidente. Los rafaelinos, es cierto, admiramos a los compatriotas que obtuvieron poder a nivel nacional, aún cuando ese poder muchas veces sea utilizado por intereses mezquinos. Contando ésto no intento que alguien se ponga en contra del juez de la Corte, sino más bien que tomamos correcta dimensión del papel de Lorenzetti en la política argentina y local, que gracias a él hoy están íntimamente relacionadas. Hay varios jugadores claves para conseguir sus objetivos, pero el que les habla todos los días a los rafaelinos a través de diversos medios de comunicación es su amigo Guillermo, empresario que está detrás de medios de Rafaela. Guillermo tiene sus propios intereses, claro está, pero cuando se trata de Lorenzetti, sus influencias están al servicio de los caprichos del Presidente de la Corte, quien utiliza el "supuesto" poder de Guillermo a cuentagotas, con desconfianza, pero cada vez que lo requiere. Lorenzetti sabe que pegarse a Guillermo es asociarse con un personaje que tiene demasiados flancos débiles, que puede caer en cualquier momento. Pero esta red mediática está al servicio de construir una imagen ponderable del jefe de la Corte, donde las críticas se filtren y se exageren sus fortalezas hasta el extremo. Esto combinado con la colocación de amigos y parientes en puestos claves del Poder Judicial, la medicina privada y el poder político (aunque ésto último no le está funcionando muy bien), Lorenzetti busca transformarse en una especie de “monje negro” de la política de Rafaela que le permita caminar a sus anchas por el único territorio donde se siente seguro, al que vuelve cada fin de semana buscando la tranquilidad de estar rodeado entre los propios.

Su plan presidencial, por otro lado, es mucho más complejo. Utilizando todas las herramientas del Poder Judicial, ya sea con pedidos directos a jueces o simplemente con gestos que a veces son un silencio cómplice, presiona al Poder Ejecutivo y legisladores para que tuerzan sus decisiones en beneficio de sus intereses. Una de las cosas que más lo preocupan es la imparable presencia de Elisa Carrió, quien está decidida a verlo caer aún cuando eso perjudique su propio espacio político. Para Carrió el Juez de la Corte es un enemigo perfecto: Lilita necesita un rival que no comparta escenario legislativo, que no se convierta eventualmente en su socio, que no sea un enemigo hoy y un aliado mañana, como le pasó con Mauricio Macri, a quien se cansó de criticar en el pasado y hoy es la luz de sus ojos. Para Carrió, pegarle a Lorenzetti es casi todo ganancia y poca pérdida, quien se complica con sus dichos no es ella sino los que la rodean, que deben tolerarla en nombre de su popularidad y buen feeling con sus votantes, en nombre de su inteligencia que a veces resulta muy útil. Si un gobierno quiere domar a Lorenzetti, Carrió es la herramienta más efectiva. Y el juicio político que desde hace mucho tiempo impulsa Lilita es el arma perfecta contra un Lorenzetti que ya ni siquiera logra controlar la Corte Suprema como antes. Atrás quedó aquel tiempo donde el rafaelino podía negociar cada fallo con tranquilidad,. Desde el ingreso de Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz, ya la unanimidad del cuerpo máximo de justicia no se corresponde con los deseos del Presidente, Lorenzetti no conduce con mano de hierro sino con dedos de paja.

Hoy vemos una sombra de aquel Lorenzetti, un hombre que ya no puede controlar su propio aparato, acosado por las diferencias de intereses, por las aspiraciones personales, por las manipulaciones en beneficio de sí mismos. Me pregunto si este momento de debilidad pasará o simplemente veremos cómo palidece la figura que alguna vez fue el centro de la política argentina, y me pregunto si aquellos que confiaron sus fortunas y posiciones al pulso de Lorenzetti estarán planificando su propio futuro lejos de él.

Francisco MARZIONI

Periodista especializado en política, con 20 años de experiencia en temas de Rafaela. Actualmente escribe para medios locales, nacionales e internacionales.

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