UNA IMAGEN QUE SE RESISTE A DESAPARECER

Aumento de combustibles y remarcación obligatoria de precios
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Dos de las principales petroleras que operan en el país, Shell y Axion, incrementaron en un 4,5% el valor de sus combustibles y, aún antes de que comenzara a operar este aumento, cuando todavía era solamente un rumor, los supermercadistas argentinos corrieron a remarcar todos sus productos, con precios que, en la mayoría de los casos, superan bastante el porcentaje de incremento de los combustibles.


Este panorama no es nuevo en Argentina. Desde que tengo memoria, con cada aumento de las naftas, se producía una corrida inmediata de los precios que siempre iba en perjuicio del bolsillo del consumidor final. Esta historia se ha venido repitiendo por décadas, pero nadie ha podido, por decirlo de alguna manera, “ponerle el cascabel al gato”. En vano fueron y, por lo experimentado en tiempo real, siguen siendo todos los discursos esgrimidos desde el sector oficial para que este tipo de ajustes no devengue, a la larga o a la corta, en un significativo perjuicio en contra de los sectores más carenciados de la población, que son quienes no pueden descargar en otros estos incrementos, teniendo que afrontarlos a como dé lugar.


Siempre que ocurren este tipo de acontecimientos, la sociedad se pregunta a dónde van a parar los siempre prometidos consensos que tanto se esgrimen en épocas pre electorales, pero que a la hora de echar mano de ellos, cada uno se dedica a cuidar su “propia quintita”.


Así es que no existe ningún tipo de sacrificio que los sectores acomodados de la sociedad estén dispuestos a hacer, puesto que resulta más que evidente su conducta de autoprotección, cobijándose bajo el paraguas de la “maquina de remarcar”, aunque únicamente se trate de simples rumores que luego no se reflejan en hechos concretos de la vida cotidiana.


Si bien es cierto que, en una economía de mercado como la nuestra, las distintas variables económicas tienden a auto regularse, sin necesidad de intervención estatal alguna, la aparente liberalidad financiera y económica que el país pugna por mantener como eje directriz de todo el sistema argentino no puede darse el lujo de sufrir sobresaltos injustificados, dado el precario equilibrio sobre el que este sistema se encuentra parado actualmente.


Y este es un punto clave de toda una realidad que nos cuesta mucho dominar de manera pacífica, toda vez que la intervención de determinados organismos del Estado central se vuelven necesarios cuando esa auto regulación referenciada es distorsionada o manipulada por intereses que nada tienen que ver con las libertades que deben darse en la pretendida economía de mercado.


Lo que en los Estados más modernos del planeta significa un flagrante delito de manipulación financiera, en la Argentina de estos últimos tiempos apenas si puede llegar a visualizarse como tal y, mucho menos, esperar que los entes de contralor actúen de manera rápida y oportuna, lo que sería de inmensa utilidad para aplacar ánimos desconfiados e intenciones reñidas con las necesidades coyunturales de la población.


La falta de un accionar preciso y directo, que vaya de forma inmediata a corregir estas distorsiones producidas ex profeso, constituyen un muy mal ejemplo que baja desde las más altas capas societarias y se difunde, como reguero de pólvora, en todos los ámbitos del quehacer nacional, dando por tierra con cualquier esfuerzo gubernamental por mantener un equilibrio saludable para una economía nacional que no acierta con la dosificación correcta de los “medicamentos” que, de manera reiterada, han demostrado ser ineficientes para sacarla de ese estado de convalecencia que se encuentra desde hace muchísimos años.


No hay que olvidar, que nuestro país y, muy particularmente, su economía, ha venido sufriendo los embates de políticas erradas, por acción o, en el mejor de los casos, por omisión, que nos han colocado en estadios muy incómodos, en los cuales la más mínima variación tiene su correlato en una formidable sacudida que destruye sueños, proyectos e ilusiones.


Nada hace suponer que las actuales autoridades de “Cambiemos” tengan el grado de desprecio por la situación de los habitantes de este país que, por más maquillaje que se pusiera, no pudo dejar de evidenciar el proyecto “Nac & Pop”. Pero, de todos modos sería de gran beneficio para quienes apoyaron en las urnas a Mauricio Macri y su propuesta de cambio, y que aún hoy siguen dando muestras de una conducta republicana que cuenta con escasos precedentes en toda la historia nacional, que se produzcan, desde la esfera del oficialismo, declaraciones y acciones concretas que ratifiquen y den concretas y acabadas muestras de políticas encaminadas a terminar con los focos especulativos que hacen más daño que los reales índices inflacionarios y otros que nos aquejan como sociedad de manera endémica y sistemática.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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