LA LECCIÓN BRASILEÑA

Mientras en el vecino país la justicia da vía libre al encarcelamiento del político más poderoso, en Argentina son liberados los más oscuros personajes de la administración kirchnerista
LULA

Para poder tener una certeza de dónde es el lugar en el que nos encontramos debemos, al menos, contar con ciertos puntos de referencia que nos sirvan de ayuda. Así como cuando vamos en un avión, si observamos por la ventanilla el cielo límpido, nos da la impresión de que no nos movemos, ya que no hay un objeto externo que nos pueda hacer notar ese movimiento, con los demás aspectos de la vida cotidiana pasa exactamente igual.


Si queremos saber en que estado se encuentra la justicia argentina, sólo tenemos que fijarnos en qué sucede dentro de sociedades con características parecidas a la nuestra, para así, comparando, poder llegar a una conclusión.


En este último sentido, hoy por hoy, cobra indudable relevancia, más allá de la enorme importancia mundial que el tema tiene, el rechazo por parte de la Corte Suprema de Justicia de Brasil al Habeas Corpus presentado por el ex presidente José Inácio “Lula” Da Silva, en relación a la condena de 12 años de prisión que pesa sobre el hombre más fuerte del hermano país latinoamericano. Y sostengo la relevancia de la resolución tomada por el máximo órgano jurisdiccional brasileño, puesto que mientras en la Argentina se encarcelan a ex funcionarios de la anterior administración kirchnerista, con procedimientos viciados de nulidad que, a la larga, derivan en la obtención de la libertad de los más oscuros personajes de la “década ganada”, nuestro vecino y socio más importante, en medio de las grandes falencias que afectan a sus instituciones, algo muy parecido a lo que pasa por estas latitudes, hace todo de manera más prolija y le da a la ciudadanía atisbos de una legalidad que acá se extraña y mucho.


Para muchos ciudadanos argentinos no es casual, ni puramente inocente, la concatenación de deficiencias cometidas por agentes de nuestro Poder Judicial que, en procedimientos simples, casi de manual de primer año de cualquier carrera del área, producen un sinfín de errores que derivan, decididamente, en la anulación de todo lo actuado, con la consiguiente pérdida de tiempo y oportunidad.


Sería bastante simple pensar que jueces, fiscales, secretarios de juzgados y gran parte del personal con que cuenta la justicia argentina es víctima de un súbito estado de estupidez que no le permite actuar de acuerdo a normas procedimentales expresamente estipuladas y detalladamente explicadas en nuestro ordenamiento jurídico. Pero, estoy convencido, al igual que gran parte de la población del país, que éste no es el caso. Al contrario: la justicia argentina es vista por prestigiosos analistas en la materia, así como también por los ciudadanos comunes, esos que yo denomino como el “hombre de a pié”, inmersa en una intrincada red de confabulaciones para producir efectos que desvirtúen su accionar en contra (o a favor) de las causas en las que se ventilan los casos que comprometen a los más nefastos miembros de esa banda de delincuentes, mafia que supo enquistarse en lo más alto del Poder, que saqueó las arcas públicas durante el proyecto “Nac &Pop” y desperdició los mejores años de un crecimiento global, entregando a las actuales autoridades un país en ruinas.


La justicia es, desde tiempos inmemoriales, el último bastión en donde el hombre busca garantizar los principios fundamentales que hacen a la convivencia pacífica de los grupos humanos organizados en sociedades. Sin ella, o con su funcionamiento viciado por cualquiera de los males que puedan contaminarla, todos los panoramas se presentan sombríos y desesperanzadores.


El país necesita, de manera urgente, un Poder Judicial que brinde una transparencia y una idoneidad acorde a la fundamental tarea que de él se requiere. Los órganos jurisdiccionales argentinos, puntual y principalmente aquellos que tienen en sus escritorios los expedientes judiciales que explican la manera en que simples cajeros de bancos se hicieron multimillonarios de la noche a la mañana, o los que pueden aportar datos concluyentes sobre el accionar de agentes y ex funcionarios estatales que desviaron fondos de la obra pública hacia cuentas personales ubicadas en paraísos fiscales, o los que tratan sobre el más cruento de los atentados terroristas ocurridos en toda nuestra historia, no pueden darse el lujo de cometer errores como los que se vienen cometiendo, puesto que con ello ponen bajo una gravísima sospecha a una de las tres patas sobre la que se sustenta todo el sistema institucional de la República.


Si bien, muchas comparaciones resultan odiosas, comparar a la justicia argentina con lo que sucede en otras latitudes del planeta no configura un error de objetivación, puesto que nos puede llevar a encontrar esos puntos de referencia que tanto nos hacen falta para volver a consolidar una institución jurisdiccional independiente y comprometida con los más nobles valores de idoneidad, profesionalismo y compromiso con la sociedad que el momento y las circunstancias actuales están requiriendo urgentemente.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

Te puede interesar